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    Un deporte que crece

    El polo en Uruguay desde la perspectiva de cuatro polistas en diferentes momentos de su carrera

    Hace algunos años, poco se escuchaba hablar del polo en Uruguay. Afortunadamente, las cosas han ido cambiando y el deporte se está expandiendo. Alrededor de 400 polistas juegan en las canchas de Carrasco Polo Club; Jacksonville; Morteros Polo Club; La Española, en Mercedes; Young Polo Club; Punta del Este Polo Club, y Estancia Vik. La figura de David Stirling, con sus 10 goles de hándicap y su gran desempeño en el equipo de La Dolfina, y el buen nivel alcanzado en el último Abierto de Polo del Uruguay realizado en enero en Punta del Este, son muestras de las nuevas repercusiones que tiene el deporte.

    En las canchas del Punta del Este Polo Club, galería charló con 4 polistas en diferentes momentos de su vida y su carrera deportiva; algunos jóvenes considerados promesas y otros más experimentados que continúan jugando o que optaron por ser jueces.

    Santiago Stirling, 23 años.

    El hermano de David Stirling empezó a jugar al polo en España, donde vivía con su familia, y sus primeras taqueadas fueron a los 10 años. En esa época, los momentos en los que podía jugar era al salir del colegio o los fines de semana, y cada vez que visitaba el país junto a su familia, Santiago se iba al campo en Young y allí aprovechaba el tiempo en el polo.A los 16 años tuvo la primera oportunidad de jugar y de hacer que ese fuera su trabajo. Hoy, luego de varios años transitados de mucho entrenamiento y esfuerzo, Santiago tiene 4 goles de hándicap, a excepción de Inglaterra, donde tiene 5. También juega en Dubai, España y Argentina. El jugador no duda un segundo en identificar a su hermano Pelón como su gran influencia: mientras su padre lo apoyaba dándole la libertad para encontrar su camino, su hermano lo impulsaba a dedicarse al polo. “Pelón me la dejó bastante fácil, me prestaba caballos, me llevaba de viaje, me mostraba todo lo que hacía él y a mí eso me fue enganchando cada vez más”, contó.La humildad de Santiago y la influencia de su familia en su carrera se ve reflejada en cada uno de sus recuerdos. Uno de los más valiosos fue cuando, con apenas 15 años, jugó con su hermano en el que identifica como uno de los torneos más importantes de su vida: el Memorial David Federico Stirling, en Young. La importancia de ese día para él fue que compartieron la cancha por primera vez y jugaron juntos, algo que no sucede muy a menudo.Para Santiago, el polo no es un hobby: es un trabajo part time que cuando lo practica se lo toma muy en serio: ”Ir a la caballeriza es como ir a la oficina”, asegura.Hoy estudia administración agraria en Inglaterra y juega al polo en las vacaciones. Algunas veces ha tenido que rechazar invitaciones a torneos porque coinciden con sus estudios, que prioriza por estar a solo 5 meses de terminarlos. Después seguirá viajando por el mundo con el polo, aunque asegura que su hogar es en Uruguay. “Mi casa está en Young, siempre que pueda voy a estar ahí”. Además es claro en lo que significa en su vida este deporte. “Sé que siempre voy a estar ligado al polo, es lo que mamé en el entorno en el que me crié”.A su juicio, esta disciplina deportiva está cada vez mejor en Uruguay, y asegura que “la imagen de Pelón y lo que está demostrando entusiasma a mucha gente, sobre todo a muchos chicos que quieren arrancar a jugar”.

    Mauricio Sánchez André, 26 años.

    Este verano empezó con todo para Mauricio, que con la camiseta de Yellow Rose se coronó como campeón del Abierto de Polo del Uruguay y segundo en el Torneo Internacional Termas de Puyehue. Sus inicios en el deporte datan de hace muchos años, cuando apenas tenía 12 y jugaba algunos “campeonatitos”. Su tío siempre jugaba y eso lo acercó al polo; desde chico taqueaba en el campo familiar junto a sus primos.Ya con 15 años empezó a tomar el deporte muy en serio y recuerda sus primeras taqueadas en La Paloma, uno de sus primeros equipos, con el que además jugó el Nacional y lo ganó tres veces. Ese es su primer recuerdo de grandes competencias, pero el camino siguió luego con su participación en los sudamericanos de 2010 y 2015. “Jugar por Uruguay es lo que más presión te da”, asegura.Mauricio tiene 4 goles de hándicap y hoy en día, además de jugar en Yellow Rose, se encarga de manejarle el equipo al argentino Jorge “Corcho” Rodríguez. Eso hace que para él, el tema del polo sea un trabajo full time que combina cuando puede con el manejo de un restaurante en Punta del Este que tiene con sus amigos.Los sacrificios por el polo no es algo que solo le suceda ahora con una doble ocupación, sino que desde adolescente sabe lo que es resignar reuniones con amigos y salidas: incluso le ha generado peleas con su novia. Es que el polo le ha permitido también instalarse por varios meses en otros países, como Estados Unidos, Perú, Chile y Suiza, entre otros.“En Uruguay creo que con el tema de Pelón ha crecido mucho”, asegura sobre el presente del polo en el país. A su juicio, la apuesta de uruguayos y extranjeros a apoyar a equipos augura un muy buen futuro para el deporte en el ámbito local. “A nivel personal, le voy a seguir metiendo y ver hasta dónde puedo llegar”, dijo, y sentenció: “Toda mi vida me voy a dedicar a esto”.

    Rafael Silva, 50 años.

    “Soy polista de toda mi vida, hoy tengo 5 goles de hándicap pero llegué a tener 8”. Así se presentó Rafael, actual árbitro de polo y aún jugador. Su vida en el deporte lo llevó a recorrer muchos países, siendo Argentina su último destino y en donde cosechó el mayor reconocimiento.Nieto, hijo y hermano de polistas, Rafael recuerda sus primeras taqueadas con apenas cinco años. Sus inicios fueron en la estancia Los Morteros, que hoy en día tiene un equipo propio de igual nombre. Muchos años de su carrera los pasó en Brasil, jugando para un equipo llamado “Tigre”, de Río de Janeiro, en donde recuerda haber dado los primeros pasos de manera profesional.Hace cuatro años inició prácticamente de casualidad su camino en el arbitraje. Argentina se enfrentó a Inglaterra por la Copa de las Naciones y se le pidió que oficiara de juez; culminó el encuentro con muy buenas críticas por su desempeño y así fue como siguió en ese camino, perfeccionándose con un curso de referí. Su experiencia lo llevó a actuar como juez en los mundiales de Argentina y Chile, y próximamente arbitrará en Brasil, Francia, Paraguay y Colombia. Para Rafael, los entrenamientos continúan por lo menos unas tres veces por semana y, aunque su rol de juez le quita tiempo, no ha dejado de jugar en varios torneos.“Yo creo que el polo acá en Uruguay viene bastante estable desde hace algunos años, pero con el empuje de jugar el Abierto en Punta del Este puede que agarre un poco más de fuerza”, asegura. “En lo personal seguiré jugando mientras el cuerpo me lo permita. Mi idea es formarme cada vez mejor como referí y llegar a arbitrar en partidos de alto hándicap”, concluyó.  

     Guillermo Besozzi, 54 años.

    Con su padre y algunos tíos jugadores de polo, Guillermo recuerda haber empezado a jugar con 15 años junto a hermanos y primos. Su primeras prácticas fueron en Río Negro Polo Club y se acuerda con cariño de las épocas en que taqueaba en su petiso llamado “Vintén”.Su pasión por los caballos es de siempre, y eso lo llevó a pasar por varios clubes, como el Remeros de Mercedes, La Española o el Carrasco Polo. Llegó a tener 6 goles de hándicap pero actualmente tiene 5 y reconoce que su actividad laboral es un gran factor que influye en contra. Antes, con 6 goles, Besozzi viajaba mucho a Argentina, Chile, Brasil, España, siempre a jugar al polo, y ese continuo entrenamiento lo ayudaba a mantenerse en la cima. Nunca jugó como profesional, en parte porque su padre “era como la gallina, quería tener todos los pollos cerca”; pero sí se dio el gusto de ir a jugar tres veces a Sotogrande, España.Para Guillermo, toda su carrera en el polo ha sido posible por la ayuda y apoyo incondicional de los petiseros Mario González y Arlington Roveta, que lo acompañaron siempre. “Muchas veces los jugadores nos olvidamos de que somos un equipo; el que vale muchísimo es el que apronta los caballos, que está todo el día con ellos y sabe qué les pasa, si comen, si toman agua, si están bien herrados”.Mientras se desempeñó como intendente de Soriano, la proximidad con el campo y los caballos le permitía jugar al menos una vez entre semana, además de las citas obligadas de sábados y domingos, pero ahora como senador es prácticamente imposible, aunque muchos amigos en Montevideo le ofrecen caballos. “En toda actividad hay que hacer algo para despejar un poco la cabeza, y en mi caso siempre elegí actividades que tengan que ver con el caballo”, asegura. “Con el polo aprendí que la vida es compartir, el deporte te enseña que no estás solo, que estás con otro y que tenés que salir adelante como equipo”, reflexionó.“Me he hecho la pregunta de cuándo dejaré el polo muchas veces, con mi señora, mis hijas, mis nietas”, pero la respuesta se sigue posponiendo. Sabe que cuando lo haga seguirá con otras actividades vinculadas a los caballos, como marchas, jineteadas y tantas otras opciones.En cuanto al polo en nuestro país, Besozzi destaca sin titubear a la figura de Pelón Stirling como un embajador clase A. “Nunca Uruguay tuvo un jugador como Pelón, ubicado dentro de los 10 mejores jugadores del mundo. Es como un Suárez en el polo”, afirmó, y concluyó que “El polo uruguayo hoy está llamado a mejorar”.