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Si pudiera el director de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, Mario Zelarayán, inventaría una vacuna que inocule prácticas saludables en la población, y así lograr que Uruguay deje de ser el país de la región con las tasas más altas de mortalidad por enfermedades del sistema circulatorio.
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Según un estudio elaborado por la Comisión Honoraria, en Uruguay mueren 85,3 cada 100.000 habitantes como consecuencia de enfermedades cerebrovasculares, seguido por Brasil con una tasa de 55,6 y Panamá con 51,4. Además, ocupa el tercer lugar en la región al medir la mortalidad por afecciones isquémicas del corazón.
Pese a que Uruguay tiene 900.000 “pacientes de alto riesgo”, las autoridades políticas y la población no tienen una “percepción del riesgo” que implican esas patologías ni del costo que tiene para el Estado la atención sanitaria a quienes las sufren, dijo Zelarayán.
Por eso, y porque la vacuna todavía no existe, el especialista opina que el gobierno debe iniciar una campaña “cultural” con el objetivo de que los uruguayos cambien las conductas que provocan esas enfermedades. Es decir, que disminuyan su consumo de sal, azúcar y grasas, dejen el tabaco, aumenten el ejercicio físico y controlen su presión arterial y la diabetes.
“Primero en la tabla”.
Uruguay ocupa el primer lugar en América y el Caribe en tasa de mortalidad producto de enfermedades cerebrovasculares, de acuerdo con el análisis de la Comisión Honoraria para la Salud a partir de datos difundidos en 2010 —último registro regional— por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y del Ministerio de Salud Pública.
Casi todas las tasas de mortalidad por enfermedades del aparato circulatorio “vienen en descenso” pero “todavía están demasiado altas teniendo en cuenta el perfil latinoamericano”, explicó Zelarayán.
Así, 96,5 mujeres y 73,3 hombres de cada 100.000 mueren en Uruguay por enfermedades cerebrovasculares. En ambos casos la tasa es la más alta de todos los países estudiados (la OPS no maneja información de Bolivia y Honduras).
En cuanto a las enfermedades isquémicas del corazón, Uruguay está “primero en la tabla” de América del Sur (77 muertes cada 100.000 habitantes), aunque es superado por el promedio que registran los países del Caribe Latino (114,3) y Caribe No Latino (79,9).
Consultado acerca de los motivos por los que ocupa esos lugares, Zelarayán dijo que las muertes por deficiencias en el sistema cardiovascular tienen mayor incidencia en personas de avanzada edad y Uruguay tiene una expectativa de vida superior al promedio regional. Además en el país casi no hay malaria, chagas, cólera ni dengue, enfermedades que sí tienen incidencia en las tasas de mortalidad en el resto de América Latina.
Accidentes.
Para el médico la incidencia de las enfermedades cardiovasculares está opacada ante la opinión pública y las autoridades políticas porque el 70% de las personas que mueren a causa de ellas es mayor de 65 años. “Los uruguayos tienen la mentalidad de que al final de algo hay que morir”, dijo el especialista, y agregó: “Sin embargo, entre el 60% y 70% de esas enfermedades es prevenible si se trabaja intensamente en ello”.
“Las autoridades dicen que hay que trabajar en el tema de los accidentes de tránsito porque son la principal causa de muerte de los menores de 25 años, pero en realidad ese grupo tiene una incidencia muy baja en el total de muertes en Uruguay. No se puede decir que una vida de alguien que tiene menos de 65 años vale más”, criticó.
Zelarayán dijo que en las autoridades del gobierno, en la comunidad científica y en la población “falta percepción del riesgo” sobre estas enfermedades. “Cuando le preguntás a una mujer de qué se va a morir, el 60% dice que de cáncer, cuando eso no es así”.
El especialista sostuvo que eso se debe, al menos en parte, a que las autoridades destinan muchos fondos a programas vinculados al cáncer, enfermedades transmisibles u otras cuestiones que “tienen impacto como la violencia doméstica”. Pero “no hacen campaña por la principal causa de muerte en Uruguay”.
Cambio cultural.
En Uruguay hay 900.000 “pacientes de alto riesgo” porque tienen tres o más factores de riesgo, como la hipertensión o la obesidad. A su vez se producen 19.000 ingresos hospitalarios por problemas cardíacos. El Fondo Nacional de Recursos gasta U$S 50 millones al año en angioplastias y cirugías por enfermedades coronarias, relató Zelarayán.
“Los costos en el futuro tendrán un aumento exponencial, no sé hasta qué punto la sociedad va a poder financiar este problema”, añadió.
Si logra incidir en la política pública en salud, el especialista pondría más dinero en estrategias que apunten a un “cambio cultural”. Uruguay no puede mantener un “sistema asistencialista”, sino que debe apuntar a la “promoción y la prevención”.
Algunas muertes por afecciones al sistema cardiovascular son producto de herencias genéticas, pero otras responden a las conductas diarias de las personas. El sedentarismo, el consumo de tabaco y la mala alimentación aumentan el riesgo de sufrir esas enfermedades. “No es fácil, pero en programas concretos se ha logrado una reducción de hasta 70% en la incidencia de patologías” del sistema circulatorio, explicó.
Zelarayán puso como ejemplo a imitar la vacunación de adolescentes contra el virus del Papiloma humano, con la que se intenta disminuir la incidencia del cáncer de útero.
“Se vacuna a niñas de 12 años para que no mueran dentro de 30 o 40 años. Con los problemas cardíacos hay que hacer lo mismo: ‘vacunar’ a los niños para que tengan una alimentación saludable, coman sin sal ni azúcar, hagan ejercicio y dejen de fumar”.
“No vamos a curar de un día para el otro a quienes tienen problemas de obesidad ni vamos a eliminar la hipertensión —concluyó—, pero es un cambio cultural que tenemos que trabajar de a poco”.