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Cuando se da cuenta de que se olvidó del celular en su casa, un rayo paralizante le atraviesa el pecho. Pasada esa primera reacción física, el cerebro rápidamente le empieza a mandar alertas de que cuando le escriban sus hijos o su madre o el jefe no va a poder contestar inmediatamente, y que va a andar peligrosamente sola por la calle sin que la puedan ubicar. Acto seguido, se enfrenta a la difícil decisión de volver a buscarlo o tirarse a la electrizante aventura de vivir unas horas sin WhatsApp. Porque hoy, lo que más importa del celular es el WhatsApp. De eso no quedan dudas.
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El domingo 30 de junio fue el Día Internacional de las Redes Sociales y WhatsApp sigue liderando las plataformas sociales de mensajería en el mundo. Según el Perfil del Internauta Uruguayo 2017, de Grupo Radar, WhatsApp superó a Facebook como plataforma habitual para chatear con 95% de los usuarios de chats, y casi eliminó a Skype para hablar. El 27% de los usuarios de esta plataforma está en cinco grupos o más, de los cuales casi la mitad están silenciados.
UBICABLES, CONTROLADOS, HIPERCONECTADOS. Definitivamente, esta aplicación de comunicación ha cambiado nuestra vida. Para bien en muchos sentidos, pero también para mal en otros. Nos hemos vuelto absolutamente dependientes del celular y eso nos estresa. Es muy cómodo, práctico y hasta tranquilizador que cualquier cosa que suceda en nuestro entorno lo sabremos al instante. Pero, en la misma medida, es agobiante que podamos ser ubicables (y controlados), consultados y receptores de chistes, comentarios y cadenas en todo momento. Y si no se responde dentro de cierto margen de tiempo —que puede variar de acuerdo con el nivel de ansiedad que se maneja del otro lado—, el usuario es acusado de lento o desconectado y empieza a ser ignorado.
Sin contar a personas mayores y niños, hoy parece impensable que alguien menor de 30 años no tenga WhatsApp. Dicen que es como buscar una aguja en un pajar. Pese a la aparente dificultad de la tarea, galería se animó a salir en busca de estos exóticos especímenes. Y aunque fue arduo, hubo algunos resultados. Con motivo del Día Internacional de las Redes Sociales, hicimos un sondeo a través de nuestra cuenta de Instagram sobre el uso de WhatsApp. La primera pregunta (vista por 2.827 personas) fue si alguna vez pensaste en dejar de usar la aplicación: 28% (218 personas) reconocieron haberlo pensado alguna vez, mientras que 72% (559 personas) dijeron que no. Ante la consulta de por qué dejarías de usarlo, algunas de las 64 respuestas que dieron los usuarios fueron: “Por ver un buen espectáculo”, “por la cantidad de grupos... y la intensidad con que la gente los usa”, “porque por momentos es abrumador”, “me agobia”, “saturación”, “porque me hace perder tiempo”, “porque es superdependiente”, “porque es una esclavitud” (ver recuadro). Otra de las preguntas era si conocías a alguien menor de 30 años que no usara WhatsApp. La respuesta: 15% (110 personas) dijeron sí y 85% dijeron no (607 personas).
LA AGUJA EN EL PAJAR. A fines de 2018, el publicista y asesor estratégico Ángel Cal, de 30 años, tomó la decisión de eliminar WhatsApp de su vida. Llevarlo a cabo le llevó algunos días, no tanto por las dudas que pudiera tener, sino porque estaba en proyectos que se manejaban a través de esa herramienta de comunicación. Una vez concluidos, con el cambio de año y en la tranquilidad de una noche de enero, Cal presionó el botón de desinstalar. Decidió dejar de usar WhatsApp “por cuestiones relativas a la felicidad”. Y lo explica así: “Entiendo que lejos de favorecer la comunicación la perjudica. WhatsApp tiene códigos propios que se van convirtiendo en los códigos de relacionamiento, porque tu herramienta de relacionamiento es WhatsApp. Eso perjudicaba mucho las relaciones que tenía. Creo que es totalmente antiespecie la cantidad de relaciones que uno desarrolla en un día por WhatsApp. Vos te vinculás a través de los grupos y de los contactos con, ¿cuántas? ¿80 personas? Entonces, estás hablando con 80 personas y en realidad no estás hablando con nadie. Y además, la herramienta supone determinados códigos que no son los que uno tendría en el mano a mano. Me di cuenta de que la cantidad de personas con las que yo interactuaba por día no tenían que ver con el deseo de esa persona ni con el mío de interactuar, que éramos parte de otra cosa que nos instaba a relacionarnos permanentemente, por ejemplo, los grupos”. En la consulta de galería en Instagram, los grupos fue un tema central. Mientras la amplia mayoría tiene grupos (76%; 431 personas), 91% (655 personas) los tiene silenciados.
Para Ángel Cal, las consecuencias inmediatas de no tener WhatsApp fueron positivas. “No dejé de hablar con gente, sino que hablo solo con la gente que quiere hablar conmigo y yo quiero hablar con ella. Nos escribimos directamente a través de mensajes de texto. Además, pasé a hablar mucho más por teléfono y, obviamente, la conversación por teléfono es mucho más eficiente”. Ese es, para él, el mayor beneficio. “WhatsApp te indica si la otra persona lo vio o no, te respondió o no, se conectó o no. Y no contestar en alguno de esos contextos (como el laboral) supone un mensaje que no es el que uno quiere dar. Simplemente, yo no quiero dar un mensaje, por eso no contesté. Sin embargo, no contestar es un mensaje. No es el mensaje que yo quiero dar, es el mensaje que la otra persona interpreta a partir de cómo se han configurado las relaciones dentro de WhatsApp. Entonces, es: ‘No quiero decir nada y digo cosas; quiero decir cosas y no se lo digo a nadie porque las tiro al aire’. Me parece bastante torpe el nivel de comunicación”. Según Cal, tener menos cantidad de contactos diarios hace que los que tenga sean más acertados y desarrollados, porque tienen que ver con la voluntad de los que se comunican más que con la herramienta por la cual se comunican”.
AISLAMIENTO SIN CULPA. De todas maneras, Cal no deja de reconocer las desventajas, como que se aísla y eso le puede molestar. La quinta pregunta en el sondeo de Instagram apuntaba a descubrir los motivos por los que no dejarían de usar WhatsApp, y daba cuatro opciones: por no quedar por fuera del grupo de amigos (211 respuestas), por motivos laborales (117 respuestas), por motivos familiares (99 respuestas), por motivos de estudio (39 respuestas).
El publicista se enfrentó a todos esos miedos y los puso en la balanza. “Sería muy injusto evaluar solo si me molesta o no molesta y no en la globalidad de todo lo que trajo este cambio”. Asume que preferiría participar en algunas cosas en que ya no participa, como el ida y vuelta en el grupo de la familia el día de las elecciones, o los videos de su sobrina, o cuando sus amigos arman un fútbol y aunque le avisan por mensaje de texto, a veces no se entera de las cosas que pasan. “Pero la decisión no es aislarte o no aislarte, participar o no participar, sino que es más compleja, y dentro de esa complejidad a mí me sale en cuenta”. Cal espera no tener que volver a instalar la plataforma en el futuro. En alguna ocasión se lo han pedido, especialmente por cuestiones laborales, pero se resiste. “No tengo la obligación de tener una herramienta de comunicación cuando tengo varias, como el mail, el celular con llamadas y mensajes de texto, no estoy incomunicado”.
Aunque muchos sostengan que la era digital llegó para quedarse y no va a ceder, tal vez, en algún momento, llegaremos a un extremo que nos haga pegar la vuelta, como ha sucedido en otros ámbitos. Siguiendo esta lógica, Cal se siente un adelantado. “Creo que la tendencia debería ser más para mi lado. Me pasa que veo a las otras personas con el WhatsApp y yo me siento que estoy en 2024 en la carrera por el desarrollo. Estás charlando con un amigo y está el teléfono arriba de la mesa y ves cómo le caen cositos verdes, y vos decís, ‘cuando te saques eso vas a ver que el 80% de esas personas no tienen interés en hablar contigo, así como vos no tenés interés en hablar con ellas. Creo que el estadio de la hipercomunicación no es sano, no es natural y no está bueno”, concluye.
¿Por qué dejarías de usar WhatsApp?
“Por cosas que a veces no se diríanen persona pero cuando hay un mediocomo wpp lo dicen”
“Acoso”
“Me tiene cansada estar conectadatodo el día”
“Atomiza”
“Estoy cansada de los grupos”
“Para no depender tanto de un aparatito”
“Exceso de reenvío de chistes o fake news”
“Me satura”
“Me produce ansiedad en determinadosmomentos”
“Dejaría de usar Android, volvería a loscelulares de antes, solo para llamar”
“Si me entero que de alguna formame roban información”
“¡¡¡Me embolan tantos grupos!!!”
“Es vicioso”
“Porque es una esclavitud”
“Me genera ansiedad ver la cantidadde notificaciones sin responder”
“Me demanda muchísimo tiempo”
“Por el agobio que produce el uso indebido y excesivo por parte de terceros”