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El interiorista uruguayo que crea ambientes memorables en Nueva York

Desde que redecoró el lobby del Hotel Chateau Marmont de Los Ángeles, Fernando Santangelo trabaja para refentes de la hotelería y celebridades neoyorquinas

Fernando Santangelo crea ambientaciones descriptivas y memorables, inspiradas en su pasión por la arqueología. “Me fascina el producto artesanal, la pieza única que habla de su época y trasciende culturalmente”, comenta en una charla con Galería, llena de anécdotas, un domingo a mediodía, previo a subirse nuevamente a un avión que lo devolverá a su agenda entre Nueva York y Los Ángeles.

Sus primeras épocas allí las alternaba interactuando con artistas, realizando trabajos manuales para distintas instalaciones, y haciendo viajes que le daban la información global necesaria para una mirada más amplia. Así conoció a Eric Goode, que en su portfolio figuraba haber sido dueño de Área, uno de los clubes nocturnos disruptivos de la época, en la calle Hudson (donde antiguamente habían sido los establos de la firma American Express), frecuentados por personalidades como Andy Warhol, John F. Kennedy Jr., Grace Jones o Jean Michel Basquiat, entre muchos otros. 

Para cuando conoció a Goode, ya había cerrado ese local, pero tenía otros centros de entretenimiento nocturno, todos con necesidades de escenografías temáticas en las cuales participaba Santangelo. Fue en ese contexto, ya en los años 90, que conoció a André Balazs, empresario hotelero reconocido por renovar edificios y potenciar barrios enteros, quien le propuso redecorar el lobby del recientemente adquirido Hotel Chateau Marmont en Los Ángeles. Ese sin dudas fue un punto de inflexión no solo por el perfil singular del cliente (para quien también hizo ambientaciones de sus casas particulares), sino porque comenzó a partir de allí a trabajar a escala residencial con intervenciones permanentes. 

La relación con Balazs trascendió varios proyectos y se afianzó en el correr de los años, derivando también en otras solicitudes de celebridades de Hollywood, como Bette Midler, para quien equipó un departamento, y otros clientes del ambiente social de Manhattan. Un reflejo de una relación a largo plazo que genera vínculos cercanos y entiende las exigencias con base tanto en discreción como en un conocimiento profundo del perfil de quienes lo convocan.

En cualquier caso, la prioridad de Santangelo es generar entornos que hablen de sus usuarios pero sin que sea “a los gritos”, ni acusando identidad del diseñador. En cierta forma, podría caberles el adjetivo de “understated”, un término sin traducción exacta al español que refiere a una suerte de sofisticación y elegancia sobria, sutil, medida, sin alardes, austera pero a la vez ecléctica. Esa dualidad, dice, tiene sus pro y sus contras pero se hace cargo de una voluntad de bajo perfil y seguimiento, que le permite su oficina, de estructura acotada pero con servicio ultrapersonalizado, alineada con equipos de contratistas y proveedores que ya conocen sus estándares de calidad apreciados por sus clientes.

El decorador suele recorrer talleres de artesanos para encontrar el diferencial que se requiere para estar a la altura de las expectativas del sector de público que atiende. El decorador suele recorrer talleres de artesanos para encontrar el diferencial que se requiere para estar a la altura de las expectativas del sector de público que atiende.

Santangelo se da el gusto de trabajar para quienes entienden el valor de determinados estilos, puntos de vista o conceptos, de un recorrido argumentado, con un hilo conductor que refleje la personalidad, antecedentes y hábitos de quienes viven ese espacio. “Mi vocación es vender un punto de vista a través del interiorismo”, asegura.

Recientemente, fue invitado a colaborar en el nuevo hotspot hotelero en el Lower East Side, cerca de Chinatown: el Nine Orchard, un imponente edificio, construido como banco a principios del siglo pasado, ahora reformulado para usos mixtos. El sector gastronómico allí es liderado por un coterráneo, el chef Ignacio Mattos (con trayectoria establecida con restaurantes como Estela o Altro Paradiso, ya hoy con una firma de hospitalidad a su nombre y casi garantía de éxito operativo), con quien al presentarse surgió la sorpresa de coincidir dos uruguayos en el proyecto.

Según Santangelo, la ciudad se ha recuperado ampliamente de crisis pasadas, pandemia incluida, y ha resurgido con un crecimiento vertiginoso hacia el área de lujo, tan distinto, según recuerda, a su llegada a la ciudad hace más de 30 años. En el consumo de subastas, piezas de diseño y servicios de alta gama ha habido un aumento exponencial de precios que sigue consolidándose y diversificando propuestas. 

Fernando Santangelo Fernando Santangelo
Sofisticación y elegancia sobria, sutil, medida, sin alardes, austera pero a la vez ecle´ctica son los calificativos que aplican a sus espacios.Sofisticación y elegancia sobria, sutil, medida, sin alardes, austera pero a la vez ecle´ctica son los calificativos que aplican a sus espacios.

Además, le encanta recorrer (habitualmente en bicicleta) las obras o talleres de artesanos que trabajan técnicas únicas, desde alguien que pliega papel para luminarias a quienes hacen terminaciones de mobiliario muy sofisticadas y raras que luego vuelcan en sus proyectos. Ese es el diferencial de gestión y mirada que requiere estar al día y a la altura de las expectativas del sector de público que atiende.

Desde su oficina, cerca de Union Square, salen las presentaciones a sus clientes, haciéndole honor a su formación artística, siempre en primera instancia a partir de bocetos suyos a mano, que luego evolucionan a renders o impresiones en 3D. 

La prioridad de Santangelo es generar entornos que hablen de sus usuarios pero sin que sea “a los gritos”, ni acusando identidad del diseñador.  La prioridad de Santangelo es generar entornos que hablen de sus usuarios pero sin que sea “a los gritos”, ni acusando identidad del diseñador. 

Su inspiración de toda la vida (que incluye episodios como comprar una colección de revistas del modernismo alemán en una casa de Nueva York que habían pertenecido a un arquitecto uruguayo) son las revistas y libros en papel, en general de la arquitectura e interiorismo de las primeras décadas del siglo XX, previo a la Bauhaus, cuando era costumbre integrar las artes y oficios en los edificios.

¿Qué sigue para Santangelo en los próximos años?

Me encantaría crear una colección de luminarias. Habitualmente diseño piezas para cada proyecto, pero esto se trataría de una línea con una veta comercial más ágil con otra llegada al público general o a otros profesionales del rubro. No descarto tampoco alternar progresivamente estadías más largas en Uruguay. Tengo un piso clásico en el Centro que supo ser una ferretería, y que estoy arreglando con muchas ganas de disfrutarlo como pied à terre en Montevideo.  Me encanta la escala de esta ciudad, la luz que se filtra en las calles (a diferencia de Nueva York) y sobre todo, la diversidad y calidad arquitectónica que, sin dudas, está subvalorada en la comunicación y atracción del turismo que aprecia esas cualidades. Falta una visión de Montevideo que pueda aprovechar el posicionamiento entre exótico con identidad local (que dentro de un tiempo se perdería) y la herencia europea, un mix no tan habitual en recorridos turísticos. Me encantaría aportar para visibilizarlo y servir como vehículo para plasmar inversiones desde Estados Unidos acá en Uruguay.