Con una tendencia creciente en los últimos años, el enoturismo representa un 1% del turismo mundial, según mediciones prepandémicas del 2019 recogidas en el informe de Turismo y Enoturismo del Instituto Nacional de Vitivinicultura (Inavi) de octubre de este año. Dicho así no suena a mucho, pero estamos hablando de una proyección para 2023 de 15 millones de turistas y de una industria de 8.769 millones de dólares. Actualmente, los países líderes en este rubro son Italia, Portugal y España. En la región destacan Chile y Argentina, Uruguay se va acercando de a poco. Se estima que para 2026 el mercado del enoturismo en el mundo crezca un 48% y pase a producir ingresos por 12.990 millones de dólares.
El arte de recibir visitas. “El enoturismo es una actividad relativamente nueva”, señala Lanza, que recuerda que cuando empezó Catadores en los años 90 las bodegas prácticamente no estaban organizadas para recibir gente. “En el 95, cuando se funda Cava Privada, el primer club de vinos del Uruguay, ellos comenzaron a hacer las primeras visitas a bodegas. Bouza, por ejemplo, empieza alrededor del año 2000 con una firme vocación de recibir gente, ayudado por su posición cercana a Montevideo y el hecho de haber montado un restaurante, algo que les permitió no solo recibir visitantes uruguayos sino también muchos brasileños, algo que sucede hasta hoy”.
La jefa de Enoturismo de Inavi, Paula Vila, que se dedica a promover y desarrollar el turismo en las bodegas locales, identifica un crecimiento lento pero sostenido en los años posteriores al 2000 y un empuje importante en época de pandemia, en la cual las bodegas tuvieron que aggiornar sus propuestas para atraer al turismo interno y familiar, ya que el rubro era muy dependiente del turista extranjero, especialmente del brasileño.
“Cuando yo era chica no se recibía gente en la bodega”, recuerda la enóloga de Antigua Bodega Stagnari, Mariana Meneguzzi, sexta generación de la familia en la tradición vitivinícola. “Los únicos que venían algunas veces eran los importadores. La reforma en el salón que nos permitió recibir cómodos a la gente la hicimos en 2008, 2009. Se estaba arrancando recién con todo eso, eran pocas las bodegas que tenían el turismo desarrollado”.
Meneguzzi explica que desde entonces están abiertos al público, pero que previo a la pandemia no tenían la fluidez suficiente para tener un Departamento de Turismo abierto todos los días. “Después de la pandemia nos planteamos que debíamos desarrollar aún más la parte turística. Ahora estamos abriendo las puertas”, cuenta orgullosa de la nueva propuesta gastronómica de almuerzos con show de fuegos que están desarrollando con la chef Mariana Tucuna.
La enóloga señala que les queda mucho por explorar en el rubro y no descarta que la bodega haga una apuesta mayor a esta unidad de negocios en el futuro. Sueña con la posibilidad de abrir una posada y desarrollar una propuesta familiar que tenga en cuenta a niños, pero no se quiere adelantar. “El sueño es tener todo el día gente como sucede en otras partes del mundo”, admite.
Sin embargo, el público uruguayo no ha adquirido aún el hábito de visitar bodegas y no marca la diferencia en el negocio como sí sucede con el público brasileño que llega en grupos o en pareja. “El brasileño viene por los vinos de los escalones más altos de la bodega y por cantidad. Tenemos clientes de Brasil que nos repiten la cita todos los años. Son paladares preparados que saben de vino y nos comentan que con la compra del vino desquitan el pasaje, porque en su país les sale tres o cuatro veces más caro por los impuestos”, asegura Meneguzzi.
Crecimiento exponencial. El informe de Inavi refleja resultados acordes con la experiencia de los bodegueros. Actualmente el 39% de los visitantes son brasileños, seguidos por un 37% de uruguayos, 10% de argentinos y 4% de estadounidenses. De las 140 bodegas registradas en Inavi, 52 figuran como turísticas. “Se han generalizado mucho las bodegas turísticas pero no todas lo hacen, no todas tienen las condiciones o viñedos a su alrededor”, explica Lanza. El documento indica que en 2022 las visitas turísticas a bodegas, con un promedio de gasto de 76 dólares, generaron 11 millones de dólares de ingresos a bodegas, 314 empleos directos y 122 empleos zafrales.
Por otro lado, los datos relevados por Opción Consultores para el informe de Inavi indican que el sector ha crecido de forma exponencial en la última década, y que la mejora se evidencia tanto en el aumento de la cantidad de bodegas turísticas que conforman el circuito, como en la ampliación de los días y horarios de servicio. Además, señala como fortalezas de las bodegas locales la atención personalizada y especializada, la cercanía con los visitantes, la capacitación del personal y la disponibilidad de transporte hacia y desde las bodegas.
Lanza sostiene que el valor adicional de las visitas es la fidelización del consumidor. “Una buena atención y, como sucede muchas veces en las bodegas familiares en Uruguay, que sea el propio dueño o alguien de la familia quien recibe es descollante, en otras partes no es fácil de conseguir. Cuento una anécdota de Daniel Pisano, cuarta generación de la Bodega Pisano en Progreso. Un día recibió en la bodega a un grupo de turistas de Inglaterra y cuando entendieron que él era integrante de la familia se entusiasmaron muchísimo y comentaron que habían visitado muchas bodegas chilenas y argentinas y que nunca los habían atendido los propios dueños”, recuerda.
Paula Vila hace hincapié en otra ventaja del enoturismo vinculada a la diversificación de las tareas en las bodegas, que permite que las nuevas generaciones tengan un mayor abanico de posibilidades para integrarse al negocio familiar. Las bodegas ya no necesitan solo enólogos, ahora necesitan especialistas en marketing, diseño, gastronomía, servicios, entre otros rubros. “Los bodegueros nos transmiten que las nuevas generaciones muestran un interés mayor en el rubro, ya que hay un abanico más amplio de posibilidades”, explica.
Con respecto a la fuerza que ha ejercido el tannat en todo esto, las opiniones difieren. “No creo que una cepa en especial haya influido en el crecimiento del enoturismo, creo que son excepcionales los turistas que dicen “voy a visitar una bodega para probar sus tannat”. Dicho esto, la variedad emblema uruguaya tiene muy buena imagen en Brasil, donde se está plantando mucho y produciendo buenos tannat, por lo que los brasileños que vienen quieren probarlo”, señala Lanza. Vila, en cambio, considera que el tannat como cepa emblema sí ha tenido implicancia en el desarrollo del enoturismo y asegura que “la variedad ha tenido un desarrollo con una potencia frutal bien interesante que resulta muy atractiva”. Pero también reconoce el crecimiento de otras cepas como cabernet, marselan, cabernet sauvignon, merlot, pinot noir y blancas como el albariño.
Los circuitos del vino. En la zona sur del país se identifican tres polos en los que se concentran bodegas turísticas: uno es el que conforman bodegas de Canelones y Montevideo, otro el de los establecimientos de Maldonado, y el último refiere a la zona de Colonia y Carmelo. En el norte las bodegas se encuentran más desperdigadas, pero se puede identificar la zona del litoral, en particular en Salto y Paysandú, y más al norte, en Rivera, existe un polo en el que se pueden visitar bodegas uruguayas y brasileñas del lado de Sant'Ana do Livramento.
“Nuestra experiencia indica que es difícil visitar dos bodegas en el mismo día”, dice Lanza. “En Carmelo es diferente porque ahí te podés alojar y un día ir a una y otro día a otra, es más fácil”, añade haciendo referencia a las varias bodegas ubicadas a pocos kilómetros de distancia sobre la Ruta 21, denominada Ruta del Vino.
Existen varios emprendimientos de agentes turísticos que ayudan a digerir la vasta oferta y facilitar la vida al visitante local o internacional, ya sea que esté buscando conocer una bodega familiar de producción artesanal o una más grande y tecnificada. Uno de ellos es Los Caminos del Vino, un programa que promueve las distintas regiones vitivinícolas del país. Otro, creado por Sylvie Patissier y Soledad Bassini, es El Mapa del Vino, una herramienta muy útil que se puede encontrar impresa, en versión pdf que se puede descargar de la web mapadelvinouruguay.com y una versión interactiva online, en la que se ubican las bodegas más conocidas y tradicionales, así como también los nuevos proyectos y pequeños productores. Además, se dan detalles sobre bares de vino y alojamientos rodeados de viñedos.
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2024: HOMENAJE A LA VITIVINICULTURA
El Día del Patrimonio 2024 rendirá tributo a la vitivinicultura, honrando las contribuciones de dos pioneros destacados en Uruguay: Francisco Vidiella y Pascual Harriague. Además, se conmemoran los 150 años del surgimiento de la primera bodega comercial del país en Salto. A lo largo de todo el año, se llevarán a cabo diversos encuentros y festividades en este contexto.
Como puntapié inicial, del 19 al 21 de marzo, el hotel Enjoy de Punta del Este será el escenario de la primera Cumbre Global de Enoturismo Responsable. Este eventode marzo, el hotel Enjoy de Punta del Este será el escenario de la primera Cumbre Global de Enoturismo Responsable. Este evento reunirá a cientos de expertos de la industria, marcando un hito en la promoción y desarrollo sostenible de este sector turístico.
CALENDARIO ENOTURÍSTICO URUGUAYO
En primavera y verano crece la llegada de visitantes a las bodegas, pero en términos comparativos con otras actividades turísticas, el enoturismo carece de estacionalidad. Compartimos algunos de los eventos principales del calendario anual local.
Febrero-marzo: vendimia (temporada alta). La cosecha es uno de los atractivos que convoca a toda la familia.
Abril: Mes del Tannat, fecha elegida por ser el mes del nacimiento de Pascual Harriague, referente de la vitivinicultura que introdujo la emblemática cepa al país.
Mayo-junio: Festival del tannat y el cordero, Fiesta de San Juan.
Agosto: Festival de la poda.
Setiembre: actividades por primavera.
Octubre: Mes del Patrimonio.
Noviembre: Mes del Enoturismo y lanzamiento de nuevos vinos.
Diciembre: festejos vinculados a Fin de Año, despedidas.