Carmen Sanguinetti: "La política es una actividad pensada por hombres para hombres"

Nombre: Carmen Sanguinetti • Edad: 46 • Ocupación: Senadora de la República por el Partido Colorado • Señas particulares: Es instructora de yoga, hiperorganizada y se define como una feminista que salió del closet de grande

Tiene tres hijos, Benjamín (15), Trinidad (13) e Isabel (8), ¿cómo se llevan entre ellos? Rebién. Trini y Benja tienen un vínculo espectacular. Creo que es, en parte, a raíz de lo que implicó la llegada de Isabel, que tiene síndrome de Down. Eso les generó mucha complicidad, son como un equipo. De todo lo que se requiere para tener hijos, paciencia, temple, todas las habilidades blandas, con Isabel se requieren más todavía. Los hermanos mueren con ella, la aman, pero hay veces que los saca de quicio, nos saca de quicio a todos.

Su trabajo le demanda muchas horas y dedicación. ¿Cómo logra equilibrarlo con la maternidad? Es superdifícil. Tengo un marido, un compañero de vida, que es un bastión absoluto. Cuando asumí este rol tuvimos que ajustarnos mucho los dos y toda la familia. Siempre tuve trabajos de mucha responsabilidad pero también mucha flexibilidad, y acá (en el Senado) no tengo esa flexibilidad. Tenemos también una red de apoyo familiar, tanto de mi parte como de la de mi marido, sus padres, mi madre, amigos.

A pesar de participar en siete comisiones del Senado y tener que trabajar en varios temas a la vez, su escritorio se ve muy ordenado. Tengo mi vida superorganizada. Todo lo que tiene que ver con la logística de la casa lo tengo muy definido para que no me lleve tiempo extra. Que mi tiempo esté destinado a estar con mis hijos. Aprendí a hacer cosas como sacarlos a comer una vez por mes, mano a mano, a cada uno. Cosas que antes capaz que se daban más naturalmente, ahora me exigen ponerles más pienso y voluntad.

¿Esas comidas con sus hijos las tiene como parte de su agenda? Sí, porque la tarea más esencial que tengo es la crianza de mis hijos. Todavía nos falta entender, como sociedad, que el maternar o paternar da un montón de habilidades que son muy positivas y necesarias para cualquier tarea. No se puede disociar, es muy difícil ser un excelente legislador y un nefasto padre de familia o una nefasta madre. No puedo venir acá a hablar sobre determinadas cuestiones vinculadas a la maternidad y después en mi casa hacer otra cosa. Creo mucho en la coherencia.

En una entrevista que dio a Galería en 2020 dijo que “en Uruguay tenemos un problema muy significativo de brecha de género y en la política está más acentuado”. ¿Lo sufrió en algún sentido? Sí. Siempre digo que soy una feminista que salió del closet de muy grande. Cuando era joven, no tenía plena conciencia de las barreras que existían y que existen para las mujeres porque a nivel educativo siempre me había ido muy bien, a nivel profesional también. Había estado en entornos machistas pero nunca lo había sentido como una barrera. Hasta que en 2017 nos ganamos una licitación con un grupo de mujeres para investigar cuánto mejor estaban las mujeres en las empresas B (que miden su impacto social y ambiental) versus las empresas que no eran B. La verdad es que si bien tienen un montón de políticas que hacen más amigable combinar maternidad y trabajo, en la toma de decisiones siguen estando los hombres. Desde ahí estoy mucho más involucrada, estudio mucho más el tema y tengo más claros los conceptos teóricos que están detrás de esto.

¿Y en política? Este es un mundo supermachista, el más machista de los más machistas que me ha tocado vivir. Siempre digo que la política es una actividad pensada por hombres para hombres. Con el tema de los horarios es evidente. El Senado de la República tiene sesiones muchas veces interminables y que, desde mi perspectiva, no se adecúan a los tiempos de hoy. Es una actividad que es muy difícil de compatibilizar con la vida personal. En eso hay una parte que no se puede resolver pero hay otra que sí. Si estuviéramos dispuestos a repensar algunas cuestiones vinculadas a los horarios, los tiempos, los ritmos, a cómo se trabaja en las comisiones, probablemente tendríamos más mujeres.

Es instructora de yoga e intenta meditar cuando puede ¿En qué siente que la ayuda? Estamos en un mundo que valora muchísimo el hacer. A veces esta sociedad en la que estamos inmersos se olvida de cultivar el ser. En definitiva, el yoga, el mindfulness, la meditación, apuntan a frenar la cabeza, intentar poner la mente en blanco y tomar perspectiva de la propia vida. La yoga busca mucho la unión entre el cuerpo y la mente, estar en eje. Me parece que la ciudadanía espera que los que la representamos estemos medianamente centrados y tengamos la capacidad de mantener la altura. Son todas herramientas que ayudan a eso.

Como madre de una niña con síndrome de Down y como alguien que se ha formado en temas de discapacidad y políticas públicas, ¿qué diagnóstico hace  del nivel de inclusión en Uruguay? Uruguay viene con un rezago histórico muy grande en relación con la inclusión de personas con discapacidad. Y no solo comparado con países del primer mundo, sino también con la región. Si miramos  Argentina, está varios pasos adelante por distintas razones. Una de las principales tiene que ver con la fuerza de la sociedad civil, cuán organizada está y cuán armónicamente puede traccionar los cambios. Uruguay tiene una sociedad civil más joven en comparación con otras latitudes, más frágil, menos profesionalizada y muchísimo más fragmentada. En discapacidad, en algunas condiciones hay más de 15 organizaciones que trabajan. Eso hace que la fuerza para la tracción de los cambios no sea tan intensa.