Se ha escrito,
dicho y mostrado mucho sobre Pamela Anderson. Ahora es ella la que cuenta su
propia historia en el documental de Netflix Pamela, A Love Story, y en
su libro de memorias, Love, Pamela. Primero fue el libro, el primer
borrador que había escrito Anderson de hecho, que llegó a las manos del que
terminaría dirigiendo la película (de Ryan White) al confirmar que lo que tenía
delante era una historia que valía la pena contar.
El documental se nutre fundamentalmente de una entrevista en profundidad
con la actriz, y también de material de archivo y de una cantidad de diarios
íntimos que, a lo largo de su vida,
llevó con rigurosidad y constancia Anderson. Aunque se la puede ver en cámara
negándose a leerlos ella misma, dio acceso total a cada una de sus páginas al
equipo de producción. Su lectura —finalmente realizada en off por otra
voz— es un acercamiento íntimo a la actriz en distintas etapas de maduración.
De su
carrera, del robo de la cinta con su entonces marido Tommy Lee, de la crianza
de sus hijos y de sus mil apuestas por el amor habla la actriz en Pamela…
Lo que se ve de ella parece ser una versión honesta de esta mujer que, con 55
años, supo lo que era ser la mujer más deseada del planeta, y supo también lo
que era que la consideraran solo eso. El documental muestra justamente el lado
más espontáneo, simple y cálido de la actriz, que después de estar 30 años
atrapada en un tornado mediático, encontró refugio en la tranquilidad de la
granja de sus abuelos, situada en la isla de Vancouver.
Ninguna damisela en apuros. Anderson se
convirtió en uno de los rostros más conocidos de la televisión a principios de
los 90 cuando comenzó a interpretar a la socorrista C.J. Parker en la serie Baywatch. El camino antes y después del éxito no ha
sido fácil para la canadiense-estadounidense. Según dijo a People
recientemente, siente que a lo largo de su vida descubrió quién no era, y que
ahora estaba recordando quién es.
Era, contó, una niña a la que le gustaban los insectos, las serpientes,
subir a los árboles y la naturaleza. También fue una niña que sufrió a manos de
una de las personas que debía cuidarla. “En mi caso fue una niñera que me
sexualizó muy temprano, obligándome a jugar juegos extraños en su cuerpo”,
recordó. Amenazada para que no dijera nada, Anderson intentaba proteger a su
hermano. “No quería que le pasara a él, entonces hacía cosas para que no lo
tocara”. La actriz contó a CBS que este episodio hizo que confiara cada
vez menos en las personas.
Como si esto fuera poco, cuando tenía 12 o 13 años el hermano mayor del
novio de una amiga la violó. De esos episodios primarios de violencia habla
también en el documental.
Desde su casa
familiar en Canadá, vestida de colores neutros y con una melena muy similar a
la que solía llevar en los 90, Anderson empieza por narrar el episodio fortuito
que significó el inicio de su carrera. Fue en un partido de fútbol al que había
ido como espectadora, acompañando a unas amigas. Llevaba una camiseta con la
estampa de una cerveza y, cuando la cámara de televisión la captó, se detuvo en
aquella chica de sonrisa fresca. Poco después la futura modelo y actriz terminó
siendo la imagen de la marca para una publicidad.
Pamela Anderson se volvió modelo por accidente cuando la cámara la captó en un partido de fútbol por casualidad.
El siguiente
gran hito, el que cambiaría su vida, fue la llamada de Playboy. “Estaba
tan confundida. Se lo dije a mi madre y ella dijo: ‘Hazlo. Yo lo haría”. Era
tímida, cuenta, pero aun así se decidió, y en las sesiones de fotos acabó
sintiéndose más cómoda de lo que esperaba. Con 22 años era tapa de Playboy
y nacía su condición de símbolo sexual. No sabía entonces que debería responder
hasta el cansancio, en un sinfín de entrevistas —algunas bastante agresivas,
como una de Jay Leno—, preguntas que aludían únicamente a su cuerpo, como si
tenía implantes en los pechos o no.
De modelo a salvavidas. Cuentan los
productores de Baywatch en el documental que la contactaron una decena
de veces para conocerla y hacerle un casting, y que cada vez la rubia
terminaba cancelando. Pero tan convencidos estaban de que era la adecuada para
el rol de C.J. Parker que insistieron, y finalmente acertaron. Su imagen
corriendo por las playas de California en cámara lenta con el traje de baño
rojo quedó grabada en la retina de los espectadores masculinos, y su fama se
volvió mundial. Cuando habla en el documental de la serie, lo hace con mucha
autocrítica; incluso da a entender que su actuación dejaba bastante que desear.
Según declaró a Interview Magazine en 2016, nunca pudo ver ningún
capítulo entero de Baywatch: “Vi parte de uno una vez y casi me desmayo.
Nunca me sentí realmente confiada en lo que estaba haciendo en el pasado”,
dijo, aunque aseguró que no se arrepentía y que había sido una experiencia
positiva.
Cuando dudaba si posar para Playboy o no su madre, Carol, le dijo: “Yo lo haría”
En 1995, la vida de la actriz se volvió noticia cuando se casó
intempestivamente con el baterista Tommy Lee, apenas cuatro días después de su
primera cita. De la relación entre ambos, intermitente, con peticiones de
divorcio y reconciliaciones a lo largo de los años, nacieron dos hijos,
Brandon, en 1996, y Dylan, un año después. Dos personalidades bastante osadas y
emocionales unidas terminaron entrando en combustión, y no solo en el sentido
pasional del término. En 1998, la actriz denunció a Lee por agresión y fue
sentenciado a seis meses de cárcel. La explicación que da el músico en material
de archivo que recoge la serie es que, simplemente, no se acostumbró a
compartir la atención de su esposa con sus hijos.
Ella, que
después de Tommy Lee estuvo casada varias veces más (su último divorcio tiene
lugar en plena producción del documental), confiesa que fue el padre de sus
hijos el gran amor de su vida. Eso, cuenta, hace que no logre enamorarse de
otras personas, pero al mismo tiempo sabe que no podría volver con él.
El relato de Anderson nunca suena como el de alguien que se arrepiente de
lo vivido: “Me he metido en situaciones locas, y he sobrevivido”, dice.
Con sus dos hijos, Brandon y Dylan Lee.
La cinta robada. El año en el que nació su primer
hijo, Pamela Anderson y Tommy Lee hicieron frente a un robo que dio un vuelco a
su vida. A principios de 1996 se percataron de que había desaparecido de su casa
la caja fuerte completa. Allí, entre otras cosas, había varias cintas en las
que la pareja había registrado sus encuentros sexuales. Poco después, una
edición de esas cintas empezó a venderse en DVD y, más adelante, a través de
sitios de Internet.
Lee y Anderson hicieron la denuncia. Habían violado su privacidad y, como
si eso fuera poco, estaban lucrando con la imagen de ambos. El célebre abogado
de Erin Brockovich, Ed Masry, los contactó y empezó a representarlos, pero
pasado un tiempo de interrogatorios agotadores, y estando Anderson embarazada
de su segundo hijo, decidieron abandonar la causa. Lo que significó ceder los
derechos del video. “Que era propiedad robada”, dijo Anderson a la CBS
sobre qué le gustaría que la gente entendiera sobre la cinta. “Que eran dos
personas locas y desnudas, enamoradas. Estábamos desnudos todo el tiempo
grabándonos y haciendo tonterías. Pero esas cintas no estaban destinadas a que
nadie más las viera”.
La actriz calificó de muy dolorosa la explotación de su intimidad por
parte de otros. En el documental, la actriz relata que, desde ese momento, su
carrera se fue a pique. Su imagen se caricaturizó y los papeles que empezaron a
ofrecerle no hacían más que buscar reforzar aquella idea que muchos se habían
formado de ella.
El documental Pamela, A Love Story, está disponible en Netflix | En su libro Love, Pamela, publicado a fines de enero, la actriz también cuenta su versión de la historia.
Su hijo mayor, Brandon Thomas Lee, da su testimonio en el documental y es además coproductor de la película.
Ya estaba
filmándose Pamela, A Love Story cuando el equipo de realización se
entero de que estaba en facturación Pam & Tommy (la miniserie de
Hulu que en Uruguay puede verse por Star+), centrada en el episodio del video
sexual. “Nos inscribimos en esta película antes de que ese proyecto se gestara.
Supongo que optaron por el artículo de Rolling Stone hace años, pero no
sabíamos en qué etapa de desarrollo estaba, o si estaba en desarrollo”, cuenta
Jessica Hargrave, una de las productoras del documental, en las notas de
producción.
Algo que sorprendió a los realizadores fue el fuerte vínculo de la actriz
con sus hijos. “Está claro que Brandon y Dylan simplemente la aman; espero que
mis hijos sientan lo mismo por mí cuando tengan veinte años. Ella realmente priorizó
a esos niños y, como madre, eso es algo que realmente aprecié ver”, dice
Hargrave.
Uno de ellos, Brandon Thomas Lee, tiene un rol preponderante tanto
delante de cámara como detrás, como coproductor del documental. “Mi esperanza
es que esta película cierre un capítulo muy doloroso en la vida de mi madre.
Espero que le traiga paz. Todo este proceso le ha dado una nueva energía a mi
madre y no puedo esperar a ver qué hace a continuación. Creo que el cielo es el
límite para esta mujer”.
A
partir de EFE