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El 40% de los escolares tiene sobrepeso: el experto Javier Butragueño dio una conferencia al respecto

El español asegura a Galería que los niños “están más débiles, más lentos y más pesados a la hora de moverse”

Los niños que no comen bien, que no están acostumbrados al ejercicio físico, que pasan mucho tiempo delante de las pantallas, lo que repercute en sus horas de sueño, que provienen de un entorno en el que el sobrepeso no es visto como un problema o que ni siquiera es visto, tienen una alta probabilidad de desarrollar obesidad. La obesidad, a su vez, es la puerta de entrada para varias enfermedades. En Uruguay, cuatro de cada 10 niños en edad escolar pesa más de lo que debería: el 22% tiene sobrepeso y el 17,4% obesidad. En Uruguay hay un problema. Y el problema se notará más en los tiempos que vienen.

“Si no controlamos esto, el futuro está condenado”, dice a Galería Enrique Belo, subsecretario nacional de Deporte. Los datos del párrafo anterior fueron revelados en un informe del Observatorio Nacional del Deporte realizado en febrero de este año. Semejante base solo hace pensar en un negro porvenir. Ese mismo trabajo dice que en los adolescentes de 13 a 15 años, el sobrepeso llega al 20,2% y la obesidad al 7%: en los jóvenes de entre 16 y 24 años, esto es 27,3% y 11,1%; de ahí para arriba es 37,2% y 27,6%. Dicho de una forma más directa: la gordura crece con la edad.

La Secretaría Nacional del Deporte (Senade­) se alerta con los números actuales en la población escolar si ya casi las dos terceras partes de la población adulta tienen, por lo menos, sobrepeso. Esto último se entiende con un índice de masa corporal (IMC) entre 25,0 y 29,9 (que se calcula dividiendo el peso de la persona por su estatura al cuadrado); la obesidad es de 30 en adelante. 

“Los uruguayos vamos a estar condenados a ser cada día más viejos, más gordos y más sedentarios si no empezamos a comer mejor y a movernos. Y no nos estamos dando cuenta de eso”, afirma Belo. “Tenemos un buen sistema de salud que hace que la gente sobreviva, pero­ no necesariamente tenga calidad de vida. Y puedo asegurar que el que es sedentario lo paga tarde o temprano”.

Estado de situación. En algunas cosas, Uruguay tiene números del primer mundo. Lamentablemente, no en cosas buenas. Según la Iniciativa Europea de Vigilancia de la Obesidad Infantil (COSI), los países del sur de ese continente tienen los números más preocupantes en este tema: Italia, Grecia, Chipre y España. En este último país en particular, el sobrepeso llega al 23,3% de los niños en edad escolar y la obesidad al 17,3%. “Se da más en varones que en niñas”, dice a Galería el experto español Javier Butragueño. 

España y Uruguay no están unidos solo por el idioma: cuatro de cada 10 de sus niños pesan más (o mucho más) de lo que deberían.

También se está reflejando una tendencia al sedentarismo que repercute en la capacidad muscular. Eso es lo que se llama dinapeia pediátrica. “Se da la tríada de inactividad pediátrica. Los niños están más débiles, más lentos y más pesados a la hora de moverse. Eso hace que tengan problemas metabólicos”, agrega quien es doctor en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por la Universidad Politécnica de Madrid, directivo de la Sociedad Española de Obesidad y fundador de la Obesity Management­ School. 

Butragueño estará en Montevideo el lunes 29 de abril, invitado por la Senade a disertar, justamente, sobre la obesidad infantil y la dinapeia pediátrica, sobre la situación actual y los futuros: el que se vislumbra actualmente si no se actúa y el que debería pasar si se elaboran planes estratégicos. Además de su experiencia y solvencia en el tema, fue escogido porque el punto de partida de su país y el de Uruguay son muy similares.

Hay un cúmulo de cosas que provocan esta situación, dice. El acceso a pantallas como los celulares, tablets y laptops, sumado a la inseguridad de las calles, hacen que no se puedan acumular los 60 minutos diarios de actividad física que se recomiendan para niños escolares y adolescentes. “Este es un problema que estamos encontrando cada vez más. Está faltando un componente de alfabetización en el ejercicio, no hay patrones motores básicos. Por eso ya se están viendo niños de 6 y 7 años con prediabetes, que es un problema metabólico. Esto puede fomentar a su vez problemas más graves, como el cáncer, por la contribución del tejido adiposo. La parte muscular y musculoesquelética es la que protege al cuerpo, y por culpa del sedentarismo la persona no estará protegida”, señala Butragueño.

El experto apunta a otra realidad internacional: obesidad y pobreza van de la mano. En Uruguay, donde las personas que admitieron hacer algún ejercicio o (al menos) actividad física bajó del 73% en 2017 al 67% en 2021, pese a que se percibe un mayor interés en el cuidado del cuerpo y la alimentación, los que entienden lo que pasa debajo de esa superficie precisan que eso es una realidad “montevideana y de avenida Italia al sur”. Las brechas sociales influyen en las formas de relacionamiento del entorno, intrafamiliares e incluso con la publicidad, que en el campo alimentario es particularmente agresiva. Siempre será más fácil darles pizza, panchos o galletitas que una comida balanceada. Butragueño dice que en España el 69,1% de los niños con sobrepeso son percibidos por sus padres como de peso normal.

Más números, ahora que se está sumido en la era de las pantallas. “El 94,8% de los niños tiene un (teléfono) móvil y comienzan a acceder a ellos a los 11 años como promedio. Según distintos informes, el 58% duerme con ellos y así pierde horas de sueño”, lo que también juega a favor del sobrepeso, dice el español.

“Los niños se duermen con el celular y al día siguiente están de mal humor, agresivos, desatentos­. Se está sugiriendo a los padres que se queden con el aparato de los chicos cuando estos se acuesten”, señala Belo sobre este mismo punto.

La inseguridad también juega. Nadie puede hacer ejercicio al aire libre si tiene miedo de que lo roben. Así pasa con los adultos, mucho más con los niños. En Uruguay, en cambio, el informe del observatorio señala que apenas el 1% de las personas inactivas consultadas (de todas las edades) lo son por falta de lugar (clubes, gimnasios o plazas); el 40% argumentaron falta de tiempo, el 35% problemas de salud y 14% lisa y llanamente falta de interés.

“No tenemos el porcentaje de chicos en movimiento que deberíamos tener por la cantidad de clubes que hay ni por el estado de las plazas de deportes. Han mejorado una serie de variables que haría que la gente se movilizara más. Pero por mil razones, eso no pasa. Y en el interior la situación es mucho peor, cuando debería ser al revés”, afirma Belo.

Planes a futuro. Las consecuencias son de todo tipo. Butragueño dice que este aproximadamente 40% de niños con sobrepeso derivará en 55% de adolescentes y 80% de adultos con el mismo problema. “Eso reduce la esperanza de vida, genera muchos estigmas, afecta el autoestima, promueve problemas de salud mental, altera el metabolismo y empeora el desempeño escolar”, enumera.

Y si las cuestiones físicas —enfermedades cardiovasculares, pulmonares, diabetes, riesgo de fractura— y psicosociales —baja autoestima, discriminación, ansiedad— no fueran suficientes, también están las económicas, por la recarga del sistema de salud y la pérdida de productividad calculada. “En España los costos económicos de la obesidad reducen el PIB (Producto Interno Bruto) en un 2,9%. Por cada euro invertido por la prevención de la obesidad en España se calcula que se recuperarían seis a largo plazo. Eso, lamentablemente, no se percibe”, añade el experto.

Según Belo, la visita de Butragueño y su disertación (el lunes 29 a las 19 horas, en el hotel NH Columbia) es traer una visión externa sobre el problema, desde un país donde el escenario es muy similar. Butragueño, a su vez, ya recibió la información estadística de Uruguay. Mientras lo procesa, adelanta que será necesario “un plan de prevención nacional que sea independiente de los partidos políticos” que estén en el poder.

En el informe del observatorio se sistematizó la situación de 618 personas con sobrepeso u obesidad en 53 instituciones vinculadas a la Senade que realizan ejercicio. Su promedio de edad fue de 52 años y la abrumadora mayoría (74%) fueron mujeres. Las principales actividades para reducir esa patología fueron gimnasia localizada, caminatas y rutinas específicas.  

También hay una interacción con otras instituciones estatales, como los ministerios de Salud Pública y de Educación y Cultura, que incluye guías nutricionales. Todavía no se llegó a la masa deseada. Por caso, solo el 7,2% de los participantes en esas actividades de la Senade­ eran menores de 18 años.

“Hay que generar un ecosistema que promueva estilos de vida saludables, con alimentación saludable, actividad física y deporte. Hay que trabajar sobre los entornos, los sistemas públicos, la familia y el sistema educativo. Hay que hacer un cambio cultural”, resume el experto español. Llegado el caso, agrega, se deberá “garantizar el acceso económico” a las actividades físicas y “un precio asequible” a la comida sana. Si la obesidad es la puerta de entrada para muchas enfermedades y un costo económico para los países, conviene, si no cerrarla, por lo imposible de esta tarea, al menos entornarla.