Realmente fue una sorpresa para casi todo el mundo. Al conocerse la noticia de que el nuevo papa Francisco I era el cardenal primado de la Argentina, el mundo entero se asombró, se alegró, se sorprendió, bueno, el mundo entero…menos los argentinos.
Realmente fue una sorpresa para casi todo el mundo. Al conocerse la noticia de que el nuevo papa Francisco I era el cardenal primado de la Argentina, el mundo entero se asombró, se alegró, se sorprendió, bueno, el mundo entero…menos los argentinos.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNi bien se supo la noticia, el Director me mandó un sms que decía “andá a averiguar cómo lo tomaron los argentinos, a la vuelta te reembolso el pasaje”.
Marché para allá en un vuelo de Aerolíneas Argentinas donde ya me dí cuenta de cómo venía la mano. Ni bien levantamos vuelo, eran como las 5 de la tarde, el piloto dijo por los parlantes: “Tenemos el honor y el orgullo de transportarlos en la nueva línea aérea del Vaticano. Desde la semana que viene, una de nuestras aeronaves estará en Roma a las órdenes del nuevo Papa, que como todos ustedes saben… ¡es ar-gen-tino!”, tras lo cual, calmados los aplausos de los viajeros, sirvieron un café acompañado de jesuitas crocantes de jamón y milhojas, en clara alusión a la congregación a la que pertenece el nuevo pontífice.
De Aeroparque me fui primero a la Recoleta, y entré en La Biela a tomar un café, y escuchar lo que se decía en las mesas circundantes.
—“Estaba visssto, querido, que el Papa iba a ser argentino, ¿visste? —le decía un veterano muy elegante, vestido como un inglés, a un amigo que parecía sacado del mismo figurín.
—“¡Por supuessto, viejo, esstaba clavado! Mirá, no sé si no te lo había dicho la semana pasada, cuando estábamos en el Jockey con Macoco y Bitito, esspeculando con esste tema, y yo decía ¡es Bergoglio, viejo, es Bergoglio! ¡No sé por qué se gasstan pensando en el italiano, en el brasuca, en el canadiense, queridos! ¿Vos no estabas ese día?” —le dijo el amigo, encontrando que, sorprendentemente, su interlocutor no había estado cuando este fenómeno había anunciado al futuro Papa, y en fija que Macoco y Bitito tampoco se acordarían.
Más tarde me fui a la Boca, y me metí en un boliche de mala muerte, donde un grupo de parroquianos festejaba a los gritos el nombramiento del nuevo Papa, bebiendo abundante vino, en algunos casos rebajado con gaseosa, en uno de esos atentados argentinos sólo comparable al bloqueo de los puentes.
Ni que hablar que todos decían que lo conocían, lo cual es altamente probable, porque el nuevo Papa es un hombre muy conocido y muy querido en Argentina, y muy visible además, ya que se le ha visto en muchas oportunidades actuando en público y haciendo fuertes declaraciones, que entre otras cosas le han generado un visible distanciamiento con el actual gobierno. No se ha visto a doña Cristina por la Catedral desde hace tiempo, y sí en cambio aterriza en los días de celebraciones en iglesias alejadas, donde sabe seguro que no se va a cruzar con el ex cardenal Bergoglio.
Pero lo divertido era encontrar en estos personajes que brindaban y festejaban, y que eran tan diferentes a los amigos del Jockey de Macoco y de Bitito, el mismo verso.
—“¡No les decía yo anteayer que el Papa iba a ser argentino?” –decía el que parecía ser más veterano.
—“¡Qué vas a decir, superpiola! ¡A quién querés truchar con ese paco, chabón!”—le respondió otro de los integrantes del grupo.
—“¡Ma sí! ¡Yo lo dije! Eso sí, no me acuerdo si fue acá…o…¡ah, no, es cierto! Lo dije en casa de mi cuñada, ¡pero yo ya lo había dicho, era una fija este nombramiento, pibitos!” —refrendó el otro precursor de la noticia, tan alejado y diferente del que tomaba un café y se comía un “tosstado” en La Biela.
En el grupo se escuchaban los divagues más argentinos que ustedes se pueden imaginar.
Había uno que decía “¡ahora se va a amigar con la Cristina, y en fija que le cambia el nombre a la capilla ahí donde lo eligieron! ¿qué les parece? ¡La Capilla Cristina! ¡Y con eso de seguro que la doña lo perdona y se vuelven a querer!”, mientras otro especulaba con el nombre elegido por el nuevo Papa para su labor pastoral. “¡Qué querés que te diga! Yo lo hubiera pensado un poco más…¿qué les parece Juan Domingo I en vez de Francisco I? ¡Para mí que se apuró y no lo pensó bien!” —les decía al grupo. Otro le replicaba: “¡Tenés razón, tenés! ¡También podía haber pensado en ponerse Néstor I, o hasta Marcelo I, que suenan mejor que Francisco!”.
El que decía que lo conocía mejor largó otra argentinidad imbatible: “¡Yo cuando lo vea le voy a decir Pancho I y no Francisco! ¡Querido, si lo conosssco desde la juventú al cura esste! ¡Esss como mi hermano!”.
El que explicó que Francisco era por San Francisco de Asís, no se salvó de que otro de los parroquianos le dijera que también podía haber sido por Francisco de Narváez, aunque los demás lo taparon de improperios.
Finalmente me fui a cenar a una parrillada del centro, para cubrir todo el espectro socio-económico argentino disponible en una visita tan breve.
En la mesa contigua una familia de seis personas de tres generaciones hablaba en voz bastante alta del acontecimiento ineludible.
Ya no me sorprendió escuchar al abuelo y al padre decirles a hijos y nietos presentes que ellos sabían de antemano que el Papa iba a ser argentino.
—“Cuando vi que Cristina agarraba el liderazgo que dejó Chávez, cuando me enteré que la reina de Holanda abdica en estos días para que Máxima Zorreguieta ascienda al trono, me dije a mí mismo: la completamos con un Papa argentino, y eso fue anteayer, ¿no te lo había dicho a vos, Juan Julio? ¡Me parece que te lo dije hace un par de días! ¿No te acordás?” –dijo el abuelo sabio.
Por supuesto que Juan Julio no se acordaba de nada, pero él por su parte agregó algo también muy esperablemente argentino: “No me acuerdo que me lo hayas dicho, pero yo a los compañeros de mi laburo ya les había dicho ayer, cuando empezaron el cónclave, ¡miren chabones que el Papa va a ser un argentino! ¡Se los dije ayer! ¡Es que estaba clavado!”.
Por fin, en la televisión adosada a una pared se vio aparecer a doña Cristina en cadena nacional, diciendo lo que colmó mi noche: “¡Argentinos! ¡Tenemos un Papa querido amigo y admirado pastor de almas, que es tan argentino como todos ustedes! ¡Y yo, claro, ya lo sabía! ¡Anoche en un sueño se me apareció él, quién sino él, y me dijo ¿sabés lo que le recomendé a Dios? ¡que lo haga elegir Papa a Bergoglio!”.
¿No le inspirará un milagro don Francisco I, y la manda por lo menos a dragarnos el Canal Martín García?