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    Vicecanciller Csukasi: medidas de la UE contra productos de Argentina y Brasil despiertan “señales de alarma” y temor por “proteccionismo”

    La negociación en el Mercosur por las cuotas de acceso al mercado europeo deberá destrabarse con una discusión política, dice la viceministra, y adelanta que el proyecto de ley de competitividad que enviará el MEF al Parlamento incluirá cambios necesarios para cumplir con el Acuerdo Transpacífico

    La vicecanciller Valeria Csukasi había advertido en enero que las negociaciones en el Mercosur para distribuir las cuotas de acceso a mercados que ofrece el acuerdo con la Unión Europea (UE) serían muy difíciles. Sus previsiones se cumplieron y, con el capítulo comercial en funcionamiento desde el 1° de mayo, las exportaciones con preferencias se rigen bajo la “ley de la selva”: el que primero llega se beneficia del cupo.

    La fecha límite para acordar es, ahora, setiembre, plazo que establece el acuerdo para que el Mercosur comunique cómo distribuirá las cuotas por producto. Para lograrlo, será necesario pasar de las discusiones técnicas a la negociación política de primera línea, evalúa la viceministra de Relaciones Exteriores. Csukasi dice que deberán “encontrar algo que sea políticamente vendible para cuando los presidentes vuelvan a sus países” a explicar lo acordado.

    Diplomática de carrera que participó en parte de las negociaciones UE-Mercosur, la vicecanciller pide no reducir las discusiones a las cuotas. Incluso, advierte “señales de alarma“ que llegan desde Europa bajo la forma de trabas al ingreso de productos de Brasil y Argentina.

    “Sería una mala idea y le haríamos un mal favor al país si hacemos de cuenta que está todo fantástico y que a partir de ahora el comercio va a fluir naturalmente y mucho mejor”, añade en entrevista con Búsqueda.

    Csukasi sostiene que la política del gobierno es no quedarse solo con el tratado alcanzado con los euorpeos, sino ampliar la red de acuerdos. En la agenda están el ingreso al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés), proceso iniciado por la administración anterior, y a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), los que permitirían consolidar el acceso con beneficios a los principales mercados asiáticos.

    El proceso con el CPTPP está más avanzado. De hecho, el gobierno trabaja en cambios regulatorios para contemplar algunas de sus exigencias, los que estarán incluidos en el proyecto de ley sobre competitividad que presentará el Ministerio de Economía en las próximas semanas.

    —Los socios del Mercosur no acordaron cómo distribuir las cuotas que otorga el tratado con la Unión Europea y hoy opera “la ley de la selva”. Argentina y Uruguay habían propuesto contemplar los antecedentes de exportaciones a Europa, Brasil quiere contemplar la exportación en general y Paraguay plantea un 25% de cada cuota por Estado miembro. ¿Las posiciones se han acercado aunque sea mínimamente como para pensar que es viable un acuerdo sobre el tema?

    —Las discusiones sobre la repartición de la cuota no se habían retomado hasta hoy a nivel del Grupo de Mercado Común (GMC). Punto número uno: lo sorprendente es que hasta ahora las discusiones se mantuvieron siempre a nivel técnico y, a pesar de que Uruguay insistentemente reclamó que se elevaran a nivel ministerial, no lo logró. La distribución es un número que tiene que dejar medianamente satisfechos e insatisfechos a los cuatro países como para decir “cerramos con esto” y eso es una discusión más política. Entonces, la idea es evaluar en este GMC cómo ven los socios lo que ha pasado en estos primeros días de implementación y si hay una voluntad de retomar las discusiones con un ánimo un poco más constructivo. Si no, directamente forzar a que la discusión se dé entre ministros y presidentes.

    —¿Es posible que no se llegue a acordar antes de julio o setiembre?

    —No es una opción no comunicar a la Unión Europea una distribución de cuotas para setiembre, porque el acuerdo lo exige. Empezarías incumpliendo con el acuerdo y eso te lo van a reclamar; del lado europeo te pueden decir que si no informás cómo vas a distribuir las cuotas entre los socios, no te pueden dejar entrar los productos. Y eso creo que no lo va a aceptar nadie.

    Por otro lado, en estos días las exportaciones se están comportando de un modo que muestra que la propuesta que habíamos hecho Argentina y Uruguay no está tan lejos de la realidad. El comercio de alguna manera ordena la participación en la cuota de cada uno de los socios. Resta por ver qué pasa con la carne, ese va a ser el gran disparador de los debates. Hasta tanto no veamos el comportamiento de la carne bovina, es posible que no haya tanta urgencia por discutir a nivel político.

    —¿Cuándo se activa eso de la carne bovina?

    —A diferencia de las cuotas que ya están funcionando, la carne pasa por un sistema mixto de administración que obliga a tener una licencia de exportación del lado europeo y certificado o licencia de cupo del lado del Mercosur. Mientras la Unión Europea no termine el proceso de licitación de estas cuotas, que lo abre recién el 23 de mayo y lo va a dejar pronto para operar a partir del 1° de junio, no puede haber operación comercial real. Entonces, si bien hay mucho interés y hay muchos exportadores que quieren aprovechar esta cuota, hasta el 1° de junio no se va a poder utilizar. Ahí podrá suceder que la parte de la cuota de mayo y junio, porque no es la de todo el año, en 15 minutos quede cubierta por la carne que está en camino o por carne que ya esté en Europa y no salió de Aduana; o quizás no se llene la cuota. Va a ser bien interesante ver qué pasa en ese momento.

    —¿Qué plazo le parece razonable para evaluar los impactos del acuerdo, sobre todo en términos de exportaciones?

    —Son dos momentos distintos. Una cosa es evaluar las cuotas, que es por donde pasa el comercio tradicional, histórico. Para eso hay que tener en cuenta que este es el primer año y que muchas cuotas aumentan por etapas, pero además son solo ocho meses del 2026. Entonces, creo que los datos que surjan a fin de año van a ser muy poco significativos para entender lo que sucedió. Para el resto de los productos ya hay señales interesantes. El hecho de que la primera exportación se haya concretado en un sector como la pesca, que desde el 2014 había quedado fuera de la Unión Europea por la caída del SGP (sistema generalizado de preferencias), te da ya una forma de evaluar que las oportunidades nuevas pueden estar. Capaz que de acá a fin de año para los productos no sujetos a cuotas vamos a tener señales más claras, mientras que para las cuotas va a haber que esperar a la distribución en la interna del Mercosur y, segundo, a lo que nos plantee el sector privado de las dificultades para entrar a Europa.

    Ahí pongo dos ejemplos que para mí son para tener en cuenta. Uno, lo que está pasando con la carne de Brasil, que por el uso de ciertos antibióticos antimicrobianos en la producción los dejarían fuera del mercado europeo a partir de setiembre de este año. Es un cambio de juego absoluto. Estábamos repartiendo una cuota entre cuatro cuando hay uno que no sabemos si va a poder vender este año, o al menos hasta que ponga la casa en orden. Otro caso es una situación que se está dando con la soja y Argentina y con el uso de algunos productos para la producción de biocombustible, lo que dejaría a Argentina fuera del mercado de biocombustibles de la Unión Europea. ¿A dónde voy con esto? La cuota, el arancel, los certificados es todo lo que en teoría es importante, pero si después del lado europeo empezamos a ver una tendencia a aumentar los controles en frontera, a detectar cosas que no se encontraban nunca y de golpe ahora aparece en todos los cargamentos, si empezamos a percibir que del otro lado empieza a haber una sobreactuación en materia sanitaria, también podemos estar viendo que no va a ser tan sencillo que dejen entrar todos los productos. Creo que hay que estar más atento a eso que a mirar si logramos llenar la cuota o cuánto porcentaje de cuota logramos generar este año. Entonces, hay que pensar cosas más allá de lo que el acuerdo tiene escrito.

    —¿Pero le parece que estas señales que ha dado la UE con respecto a la carne de Brasil y al biocombustible argentino son una sobrerreacción?

    —Es muy difícil saber porque nosotros no somos parte del sistema productivo de Brasil como para entender cuál es el uso de los antibióticos. Sabemos que Uruguay no los utiliza, ni Paraguay y Argentina, pero había indicios de que ellos sí. Hay que ver el proceso que se abre: una cosa es que le digan a Brasil “ponete en orden, dejá de utilizar estos antibióticos y, a partir de que lo hagas, yo te voy habilitando establecimientos de nuevo”, y otra cosa es que pasen los años y Brasil siga estando afuera del mercado europeo. Todavía estamos en una etapa muy inicial como para saber bien.

    En el caso de los biocombustibles de Argentina, para nosotros, claramente Europa no tiene razón alguna, no hay base científica para lo que están reclamando. De hecho, acompañamos a Argentina en su reclamo a la Unión Europea por las medidas que están tomando. Que coincida con la puesta en marcha del acuerdo lo podés tomar como puramente coincidencia o lo podés tomar como una señal. A mí me parece que estas cosas juntas, ahora, en este momento, son señales de alarma y por lo menos nos deberían prender las luces largas para tratar de entender qué es lo que está pasando del otro lado.

    —¿Adiós al optimismo tras la firma y ratificación del acuerdo?

    —Es el realismo. Hay que saber entender estos acuerdos y el realismo de lo que es el comercio con la Unión Europea. La Unión Europea es un socio proteccionista, en donde las voces contrarias al acuerdo hasta el último minuto han estado muy presentes y haciendo mucha presión. La Comisión Europea toma una decisión muy valiente de ir en contra del lobby agrícola e implementar el acuerdo de manera provisional, pero sigue habiendo acciones a todos los niveles para que este acuerdo dé marcha atrás. Sería una mala idea y le haríamos un mal favor al país si hacemos de cuenta que está todo fantástico y que a partir de ahora el comercio va a fluir naturalmente y mucho mejor. Tenemos que seguir atentos. Uruguay tiene la ventaja de que es muy prolijo en términos sanitarios, administrativos, en control de exportaciones y salvamos con buena nota las auditorías europeas. Eso no quita que empecemos a ver ciertas tendencias que no vayan en la línea de lo que queremos.

    Con importadores de autos europeos “hay un compromiso” de que los costos bajen para el consumidor final uruguayo

    —¿Cómo vienen las cuotas de productos que llegan desde Europa?

    —Tampoco están distribuidas. La diferencia es que el Mercosur no tiene que repartir las cuotas obligatoriamente, pueden funcionar sin repartición. De hecho, están funcionando algunas ya. En las de autos ya ha habido pedidos para importar autos europeos con preferencias.

    —¿Desde Uruguay?

    —Sí.

    —¿Cómo funciona?

    —Esa es más fácil porque cada país asumió un volumen de unidades y está pautado año a año cómo crecen. Es bien distinto para cada país por su volumen. En Uruguay hay un compromiso de que genere reducciones en los costos, para que la gente vea autos más baratos. Hay un compromiso ahí que hay que ver si se cumple o no.

    —¿Hay mecanismo para forzar su cumplimiento?

    —No, no. Es un compromiso aceptado entre los diferentes actores a nivel nacional. Después, en las otras cuotas todavía no está funcionando mucho el acuerdo. Hay que ver los temas sanitarios: qué países tienen habilitación para exportar hacia el Mercosur, que haya oportunidad comercial, que haya interés en importar.

    Csukasi

    —Usted decía que las cuotas se resuelven con una discusión política.

    —Es que va a ser una discusión política. ¿Vos te imaginás al nivel técnico diciendo el porcentaje de carne que le toca a cada país? Podías agotar la instancia técnica poniendo ideas, pero al final del día se tendrán que sentar los que toman las decisiones en la última instancia, sean los cancilleres o los presidentes; dirán que necesitan tal cosa y en determinadas condiciones. No hay una regla que aplique a todos los productos, no todos los productos son igual de importantes para todos los países, así que hay que encontrar algo que sea políticamente vendible para cuando los presidentes vuelvan a su país.

    —¿Este acuerdo es un game changer, como dicen algunos, o no?

    —Es. Desde el momento en que el Mercosur lo cierra después de 27 años. Eso lo transforma en un salto cualitativo.

    —¿Pero en términos económicos y productivos no lo es necesariamente?

    —Lo puede ser en términos de la renta que va a recuperar Uruguay. No pagar aranceles o quedarte con la administración de una cuota, al final del día, significa renta que queda para los exportadores. Pero también hay que entender que Uruguay está apostando a la diversificación. El riesgo es quedarnos con la buena noticia de este acuerdo, cuando hay que seguir apostando a aumentar las oportunidades para que sea el sector privado el que después elija a quién le vende.

    —En una actividad usted dijo que Uruguay debió preparase mejor en los últimos años para implementar el acuerdo. En la oposición cuestionaron que responsabilizara a la administración anterior. ¿De quién es la responsabilidad?

    —El problema es partidizar todo. En estos días, por ejemplo, con la cuota de la miel se dijo que Uruguay no estaba preparado, que Argentina se preparó primero, que nosotros no nos podíamos autocertificar, que los formularios no estaban digitalizados; todo lo cual es mentira, pero ese no es el tema. Todo eso tenía que ver con la preparación. El acuerdo en términos de acceso a mercado y de requisitos para poder vender a la Unión Europea es exactamente el mismo que en 2019. El extracto que publicó Búsqueda es parte de una charla en la que hablábamos en particular de indicaciones geográficas y del trabajo que falta hacer en Uruguay para empezar a proteger en el sector de los quesos ciertos nombres de origen: si el queso colonia es nuestro o no, cómo sustituir el término parmesano y demás. Todo eso desde el 2019 lo sabíamos, lo sabía el sector productivo, el sector exportador lo sabía y el gobierno lo sabía. Entonces, esto no es una crítica a los gobiernos, es una crítica al país.

    Creo que esto sucedió, en buena medida, porque el acuerdo se anunció tantas veces, y después nos dábamos de frente con que pasaba algo más en Europa y se caía todo; entonces, la gente dejó de creer que se iba a implementar. Todo el trabajo tuvimos que hacerlo en un mes y medio, lo que tampoco es lo normal, porque si esto hubiera ido por el Parlamento Europeo hubiésemos tenido un año para prepararnos. Y en ese mes y medio tuvimos gente trabajando para llegar a tiempo, estaba mapeado lo que había que hacer, pero hubo que hacerlo a las apuradas.

    Doy un ejemplo que es absolutamente el contrario: CPTPP. Cuando el gobierno anterior decide pedir la adhesión de Uruguay al CPTPP, al mismo tiempo manda al Parlamento la incorporación al acuerdo de patentes. ¿Cuál era el argumento para la discusión de algo que hacía tiempazo que se había propuesto y que despertaba resistencias internas? Que era un requisito escencial para ingresar al CPTPP. ¿Qué es lo que está pasando con la ley de competitividad que va a presentar el Ministerio de Economía a fin de mes? En un montón de elementos va a incluir decisiones de facilitación del comercio, de trámites, de digitalización que son necesarias para poder adherir al CPTPP. Eso es una práctica que necesitamos y donde el Estado y el Parlamento tienen que estar en conjunto. Porque vos identificás que el objetivo es adherir al acuerdo y no esperás a que esté pronto, sino que vas avanzando. Con la Unión Europea eso no lo hicimos.

    —¿Qué expectativas tiene en términos de plazo de adhesión al CPTPP?

    —Es difícil hablar de plazos. Lo importante es que, ahora que terminaron con el proceso de Costa Rica, se conformó la semana pasada el grupo de adhesión de Uruguay.

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    —¿Qué implica eso?

    —Desde enero se reciben preguntas que intentan identificar si la legislación y la reglamentación uruguaya en algo contradicen las normas del CPTPP. Se trata de identificar si hay un gap regulatorio. Hay que entender que esto es un proceso distinto: no estás construyendo una negociación en conjunto, sino que te estás sumando algo que ya está y que no podés modificar. Y el mensaje más claro que recibimos la semana pasada fue ese: no hay excepciones, las incorporaciones y adhesiones no son para bajar el nivel de los estándares. Una vez que ellos sientan que eso está suficientemente avanzado, podríamos pasar a las ofertas, que implica ver si te sumás a las concesiones que están sobre la mesa, qué tenés que pagar en términos de aperturas de mercado de bienes, servicios, compras públicas, etcétera.

    —¿Dónde pueden estar los nudos?

    —No estamos identificando mayores problemas. Va a haber que cambiar, obviamente, reglamentación, y eso en parte viene con la ley que prepara el MEF. Pero eso tiene que ver más con la forma de hacer trámites, los plazos que les das a las empresas para reclamar, si consultás previamente a establecer un nuevo reglamento de cualquier tipo. Falta seguir entrando en detalle sobre temas más finos, pero por ahora no tenemos identificados grandes problemas.

    —En el acuerdo UE-Mercosur Uruguay puso como líneas rojas los monopolios estatales.

    —En este caso sabemos lo que dice el CPTPP en temas de monopolios y sabemos que Uruguay cumple. Ni siquiera en ese capítulo estamos identificando problemas.

    —Tras el viaje a China, el gobierno informó que solicitará el ingreso al RCEP.

    —Ese proceso está un paso más atrás, porque recién solicitamos la incorporación en febrero. Recibimos un largo cuestionario, de cientos de páginas, con preguntas específicas, desde números macroeconómicos a reglamentaciones, que hay que responder para mostrar que Uruguay está en condiciones de sumarse a un acuerdo que ya está cerrado. Estamos en el proceso de responder a ese cuestionario.

    —¿Cómo dialogan estos dos movimientos: RCEP y CPTPP?

    —Sumados los dos acuerdos completan la inserción en Asia y Asia-Pacífico en igualdad de condiciones que los países con los que competimos. Agregar el RCEP te permite incorporar a países que son aspirantes a ingresar al CPTPP, pero no iniciaron su proceso y que son fundamentales: Indonesia, Filipinas. Corea del Sur, China y varios países menores de la Asean (por sus siglas en inglés de Asociación de Naciones de Asia Sudoriental). Ampliás toda esa región y generás, al final de cuentas, que los exportadores accedan a esos mercados sobre los que han reclamado desde hace décadas.

    —¿Con menores aranceles?

    —Con menores aranceles y mejores condiciones, porque te da las garantías de que el comercio va a estar regulado por ciertas reglas. En cuestión de años, si le sumás a Unión Europea, EFTA (por sus siglas en inglés de Asociación Europea de Libre Comercio) y los que están por venir —Canadá, Emiratos Árabes Unidos, CPTPP, RCEP—, más todo lo que pueda ir surgiendo tanto a nivel Mercosur o bilateral, te permite que Uruguay pase a tener el 80% de sus destinos de exportación cubiertos en preferencias arancelarias. Hoy solo tenemos preferencias comerciales para exportarle al Mercosur, Chile, México y poco más.

    Csukasi
    La subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi.

    La subsecretaria del Ministerio de Relaciones Exteriores, Valeria Csukasi.

    —¿No hay conflictos con el Mercosur por el intento de adhesión al RCEP?

    —Es la misma lógica que el CPTPP. Hoy estamos todos yendo por el lado que nos conviene: Argentina por su bilateralidad, Brasil con sus diálogos y Paraguay también, y nosotros con los nuestros.

    —¿Brasil no está mandando señales críticas?

    —Por ahora no. En las reuniones muy técnicas hay preguntas y demás, pero a nivel político, que es el que importa, no ha habido señal de molestia.

    —El canciller en el Parlamento dijo que estaban preparando algo grande con Estados Unidos. ¿Qué es?

    —Con Estados Unidos desde el año pasado estamos tratando de definir la agenda. Uruguay definió estrategias con las distintas regiones y con sus principales socios comerciales. Considerando la importancia de Estados Unidos como destino de las exportaciones de servicios, la idea es tratar de hacer eventos que promuevan el interés de invertir o comerciar con Uruguay. También está la posibilidad de convocar a una reunión del TIFA (por sus siglas en inglés de Acuerdo Marco de Comercio e Inversiones), que tiene que hacerse pronto.

    —¿Este año?

    —No necesariamente. La idea es tratar de hacerla, pero hay que definir la agenda y qué temas querés discutir. Se mantienen temas de cooperación con otros ministerios, que tienen más que ver con Defensa e Interior. Es la agenda bilateral como la tenemos con otros países. Obviamente está planteada la posibilidad de un encuentro de presidentes, pero dependerá de dónde, cuándo y que las agendas cierren.

    —El presidente Yamandú Orsi dio una señal a Estados Unidos al visitar un portaviones y esta semana llegó ayuda humanitaria de Uruguay a Cuba. ¿No son señales contradictorias?

    —Para mí no lo son. Es una evidencia de que Uruguay avanza con todos sus socios en la medida en que lo tiene que hacer. Cuba está atravesando una situación de exterma necesidad y por lo tanto se buscó ayudar de una forma efectiva y que no quede en el gesto simbólico. En cuanto al portaviones, el presidente lo aclaró más que evidentemente en estos días y la posición quedó bien manifestada.