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    miércoles 05 de junio de 2024

    ¿El Frente Amplio quiere ganar las elecciones?

    Sr. Director:

    Hasta hace pocos meses, según las encuestas, el Frente Amplio (FA) se encaminaba a ganar las elecciones: si todo iba bien, en octubre era posible salir primeros (lo cual sigue vigente), pero, además, a) posiblemente, obtener mayoría parlamentaria y b) en el mismo octubre o en el balotaje (escenario más posible) ganar la presidencia. O sea, íbamos fenómeno.

    Pero en política todo es muy dependiente de hechos que mueven a una parte del electorado en un sentido u otro. Es decir, hay una base del FA que pase lo que pase lo votará, y con la coalición sucede lo mismo. Esos votantes que se ubican en el centro del espectro y que van cambiando de opción en función de lo que “sucede” son el tema. Y son esos electores los que en definitiva resuelven las elecciones.

    Íbamos bien. Teníamos muchas cosas a favor. Y, sobre todo, la coalición estaba cargando con cosas muy embromadas para defender: el “caso Astesiano”, el tema de Marset, el fracaso en la enseñanza, los problemas graves en ASSE (Administración de los Servicios de Salud del Estado), los acomodos en Salto Grande, el lamentable aumento de la pobreza infantil, el retroceso reciente en cuanto a derechos humanos en el país, el espionaje a senadores del FA, la entrega del puerto, el aumento de la inseguridad en general y de los asesinatos en particular y otros etcéteras que todos conocemos y que, entre otras cosas, generó la caída de varios ministros de Estado.

    Se trataba, casi, de seguir las enseñanzas de Napoleón, a quien se le atribuye la frase que dice “nunca interrumpas a tu enemigo mientras se está equivocando”. En otras palabras, para ganar, no se trataba de tomar grandes iniciativas (que, de ser correctas, obvio, siempe son bienvenidas) sino casi de “hacer la plancha”: de esa forma, mientras que la coalición se iba hundiendo (perdiendo votos), el FA los iba ganando. Era tan simple como eso.

    Pero se empezaron a cometer errores. El primero fue la juntada de firmas contra la reforma de la seguridad social aprobada por la coalición y cambiar la Constitución. Se me dirá que formalmente que quien impulsó la juntada de firmas fue el PIT-CNT. Es cierto. Pero, si no hubiese sido por el apoyo explícito y militante de sectores como fundamentalmente el PCU (Partido Comunista) y otros como el PS (Partido Socialista) y el PVP (Partido por la Victoria del Pueblo), esa propuesta de reforma constitucional no juntaba las firmas necesarias. ¿Dónde, en este aspecto, estriba el error? En mi opinión el error no es solo cambiar lo aprobado en el Parlamento, sino que hay otros. Los resumo:

    a) Ponerlo en la Constitución. No puede ser que la Constitución diga cosas que, necesariamente, con el tiempo cambian. Eso se debe regular por leyes.

    b) No explicar cómo, de ser aprobada la enmienda constucional, se la va a financiar. Los argumentos esgrimidos hasta ahora son de una debilidad extrema. Prueba de ello es que no hay un/una economista con trayectoria reconocida que la defienda.

    c) Y ahora viene el otro error: desvía el eje de la discusión. Hasta hace unas semanas se discutía de los errores del gobierno. Ahora que las firmas mínimas se juntaron pasa a ser un tema, no menor, esa reforma. Y se lo hace con un FA dividido. Por ser esquemático: Cosse y Orsi, los dos candidatos con mayor intención de voto, podían apelar a aplicar, con diferentes matices, el programa del FA. Ahora están obligados a tomar posición sobre ese tema. ¿Cosse va a apoyar la reforma porque los grupos que la apoyan quieren aprobar la reforma?, ¿y Orsi va a hablar en contra porque él y quienes lo votan no apoyan la reforma?

    d) Y por si lo anterior fuese poco, haber juntado las firmas habilita a Lacalle Pou a bajar a la cancha (con todo el prestigio que, guste o no, tiene). El presidente no puede intervenir en la contienda electoral, pero sí puede hacerlo en una discusión que tiene que ver con una ley que él promovió. En definitiva, un error estratégico mayúsculo del PCU y otros grupos que meten al FA y sus candidatos en una disyuntiva muy embromada. Y digo estratégico porque, claro, se supone que todos los frenteamplistas lo que pretenden (pretendemos) es derrotar a la coalición. Pero parecería que no es así: hay grupos, con el PCU a la cabeza, que prefieren ganar protagonismo y pescar en la interna antes que ganar las elecciones.

    Segundo error, de hace unos pocos días: no habilitar a que los legisladores del FA den su firma para proponer una reforma constitucional que obligue a todo el Estado, incluyendo las intendencias, a que se entre a los cargos por concurso o sorteo. Se lo vota en el Senado. No alcanzaron los votos. Pero se podía ir por la vía de las firmas en la Asamblea General. Eso no salió en la Mesa Política del FA por los tres votos del PCU, uno del Fidel (que me expliquen las diferencias entre un grupo y otro), el Nuevo Espacio y parte de las bases. Todos los demás grupos políticos, incluyendo al PS, votaron por la habilitación de la firma de los legisladores.

    Y, a pesar de ser minoría, lograron imponer su posición por las reglamentaciones internas del FA (que están caducas, pero eso sería tema de otra discusión). O sea, impusieron el veto. Ni siquiera propusieron la “libertad de acción” (es decir, que cada legislador firme o no de acuerdo a su leal saber y entender). Veto puro y duro. Levantaron dos argumentos fundamentales:

    a) El tema “no está suficientemente discutido”. Da pena este argumento. Aparentemente, estaba bien discutido para apoyarlo en el Senado, pero no lo está para obligar por la Constitución, por no decir que el FA siempre estuvo de acuerdo con el ingreso por concurso o sorteo. Parece que piensan que los votantes somos tontos.

    b) La propuesta viene de un grupo del Partido Colorado (Ciudadanos). Entonces, de acuerdo a la lógica del PCU, no hay por qué darle oxígeno a un grupo colorado, integrante de la coalición. Es ridículo. Si Ciudadanos, o Cabildo Abierto o el PI o cualquier otro grupo de la coalición propone una reforma constitucional (vía firma de legisladores) de dar el 6% más 1& a la enseñanza y la investigación, ¿no lo apoyamos porque la idea viene de un sector de la coalición? O proponen apoyar al teatro o al cine nacional…, ¿no lo apoyamos?

    Parecería que no importa si lo propuesto es justo o no, sino que lo que importa es quién lo propone. Esa pobreza argumental, que además nos trata como tontos a los votantes, realmente molesta. Y, además de molestar, pone en riesgo lo que se supone que nos une: ganar las elecciones y, de ser posible, con mayoría parlamentaria.

    Finalizo. Tengo mi opinión sobre por qué el PCU es el común denominador de estos dos errores gigantescos. Algún día escribiré sobre eso. Pero hay algo que tengo claro: si venimos bajando en las encuestas de intención de voto y, sobre todo, si perdemos las elecciones y la gana nuevamente la coalición, habrá responsables. El PCU, en primer lugar. ¡Qué lejos está el PCU actual de aquel que fue desde mediados de los años 50 hasta inicios de los años 90 del siglo pasado, con Rodney Arismendi, Enrique Rodríguez, Julia Arévalo, Jaime Pérez, Rita Ibarburu y tantos otros políticos y políticas con mayúscula a la cabeza!

    Héctor Musto

    CI 1.164.548-9

    Cartas al director
    2024-05-01T21:39:00