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    ¡Éramos tan baldes…!

    Una multitud de fieles abandonaba lenta y silenciosamente la Catedral Metropolitana, tras la Misa de Gallo oficiada por el cardenal Sturla en Navidad.

    Algunos periodistas aguardaban este momento, porque estaban al tanto de que monseñor Sturla haría algunas afirmaciones polémicas durante su homilía navideña. Se habían enterado de este hecho a través de Curialeaks, una organización mediática sin fines de lucro que filtra todas las novedades que se producen en el ámbito religioso local. Los periodistas planeaban entrevistar a algunos de los asistentes a la celebración, para conocer sus opiniones.

    La primera en acercarse al grupo de gente de prensa fue doña Felicitas Bruschetta de Valpolicella, quien portaba un balde laicista signé Armani, con borde de flores lilas al tono.

    Se lo sacó de la cabeza, y muy amablemente se prestó a hacer declaraciones.

    - No sé —manifestó—, el Cardenal dijo que teníamos que sacarnos el balde laicista, pero yo estoy tan encariñada con este, que no creo que lo abandone. Además, ustedes vieron que el papa Francisco nos estimula cada vez más a sentirnos libres, así que yo ya decidí que voy a seguir usando mi balde laicista, que por otra parte me lo regaló mi marido, paz descanse, que él no venía a misa ni era católico ni nada, pero se pasaba diciendo mirá, Feli, él me llamaba así, con el balde laicista vos creés en lo que querés, yo no creo en nada, y los dos vivimos felices y en paz. Y qué quieren que les diga, yo creo que el finado Braulio, que Dios lo tenga en la gloria, tenía razón. Al mes de morir yo le hice una misa en San Juan Bautista, y no me sentí mal por eso, él, donde esté, yo creo que en el cielo, aunque él vivía diciendo que se iba a ir derecho al infierno, como sea, se debe haber sentido bien —concluyó la señora, volviendo a calzarse el balde laicista, y partiendo rumbo a la esquina de la Peatonal Sarandí, donde la esperaba una sobrina, que llevaba un juvenil balde laicista de rattán trenzado, color beige.

    El segundo entrevistado fue don Delmiro Conpó Casuerte, oriental, viudo, desocupado, quien llevaba un modesto balde laicista de plástico negro, como esos que se utilizan en la industria de la construcción.

    —En realidad no lo entendí mucho al cura en el discurso que hizo, menos cuando dijo que había que sacarse el balde laicista y salir del rincón, yo siempre viví bien con el balde laicista, trabajaba de albañil, tenía compañeros en las obras que eran algunos católicos y otros no creían en un pito, pero nos entendíamos y nos llevábamos bien. Yo fui a catequesis de gurí en el Cerro y hasta tomé la Comunión, después empecé a trabajar en la construcción, ahora ando en la mala, desocupado, pero igual sigo usando el balde laicista, no me incomoda. Vine porque creí que iba a haber algún reparto de víveres para los pobres, y como justo me tocó adentro de la iglesia en un rincón, cuando el cura dijo que había que salir del rincón, yo salí rajando, porque creí que ahí arrancaba el reparto de alimentos, pero minga. No entendí bien lo que dijo el cura, pero igual voy a seguir usando el balde laicista. Creo que me ayuda a llevarme bien con todo el mundo, piensen lo que piensen, concluyó, partiendo hacia el refugio de la Ciudad Vieja donde suele pernoctar.

    El entrevistado siguiente fue don Humberto Elcate Quista, quien portaba un visible balde laicista colorado, con una guarda amarilla en el borde.

    —Estoy recaliente con el Cardenal, y eso que lo aprecio mucho, porque estoy vinculado a la Iglesia de toda la vida, pero hoy se le saltó la cadena a monseñor Sturla. Yo fui bautizado, tomé la Comunión y hasta di clases de catecismo de muchacho allá en la parroquia del Cordón, porque mi vieja era tremenda católica y militante, pero mi viejo era batllista, ateo y librepensador a muerte, y fue él quien me regaló mi balde laicista, que uso con orgullo desde joven. Él me decía siempre: vos usalo y llevate bien con todos, católicos, judíos, musulmanes, lo que sea. El balde laicista te va a proteger, te va a hacer sentir más libre. Y yo lo quise y lo respeté mucho a mi viejo, que ya no está en el mundo, y hoy cuando el Cardenal se despachó contra los cien años de descristianización y qué sé yo qué más divagues, pasándole la factura a don Pepe Batlle, me pareció tremendamente injusto. Si quiere hacerle marketing al catolicismo, que use otro discurso, y no se tire contra los que nos enseñaron a usar el balde laicista, respetando a todo el mundo, para que así nos respeten a todos nosotros con nuestros respectivos baldes —agregó, volviéndose a calzar con elegancia su balde laicista colorado medio ladeado, como el gacho de Gardel.

    Los periodistas tomaron nota de muchas otras declaraciones por el estilo, y pudieron comprobar que, salvo alguna rara excepción, prácticamente todos los asistentes seguían con su balde laicista puesto, sin que se notaran señales de que pensaban quitárselo.

    Se ve que les sienta bien.

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