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    “Estatuaria ramblera”

    Sr. Director:

    No me gustan los artículos de Andrea Blanqué. Pero eso es un problema mío y no una calificación sobre su calidad, estilo y temática, elementos acerca de los cuales, lo reconozco, no tengo capacidad para opinar. Simplemente, no me gustan.

    Pero en el publicado en la página 16 de la pasada edición de Búsqueda, titulado “Estatuaria ramblera”, se deslizan algunos conceptos que muestran desinformación (o por lo menos falta de interés en procurarla), exageraciones que llevan a error y por último una frase que me causó profundo desasosiego.

    Textualmente escribe: “Finalmente, cerca de Punta Carretas, han acabado un monstruo de piedra, asimétrico e inexplicable, que durante un tiempo estuvo tapado por grúas y carteles. ¿Lo habrán inaugurado ya? ¿Habrá habido un cóctel junto al mar? ¡No me invitaron!”.

    Si tanto bicicletea por la rambla seguro fue testigo de su construcción por parte del escultor Giorgio Carlevaro, sobrino nieto de Abel Carlevaro, el más grande y reconocido guitarrista del Uruguay (y acá me dejo llevar por la camiseta; era primo de mi padre). El escultor hizo su obra durante 6 meses, a la vista de todos, no tapado por carteles, e incluso invitó a la gente a participar en la obra, dando su “martillazo”. No lo fui a hacer por timidez. Ahora me arrepiento.

    Ese “monstruo de piedra” representa un mástil de guitarra rematado por el clavijero. ¿Qué mejor homenaje a Abelito, como se le decía en familia?

    Así que ni fue construido escondido tras paredes ni es inexplicable.

    Lo inexplicable es que la columnista no lo sepa. Si le intrigaba qué era, le hubiera preguntado al escultor que estaba todo el día ahí. O hubiera leído el cartel que anunciaba la obra…

    Siempre es tiempo de aprender, por lo cual le dejo varias direcciones donde consultar:

    http://www.montevideo.gub.uy/noticias/abel-carlevaro-tendra-su-monumento-en-la-rambla

    http://www.elpais.com.uy/informacion/afinan-rambla-guitarra-abel-carlevaro.html

    http://www.espectador.com/sociedad/289206/recientemente-se-inauguro-un-monumento-en-homenaje-al-compositor-y-guitarrista-uruguayo-abel-carlevaro

    http://r200-40-204-180.static.adinet.com.uy/index.php/es-ES/sitioenblog/item/182167-quedo-inaugurado-monumento-a-abel-carlevaro

    Y hay varias decenas más en todo tipo de medios, nacionales y extranjeros.

    Y ya que hablamos de extranjeros, en la nota se habla de un italiano amigo de la autora que comentó: “en esta ciudad, en cada esquina hay una cabeza”. Ella aprovecha para arremeter contra la “manía nacional de colocar cabezas guillotinadas de bronce…”. Y hasta tiene otro amigo que dedicó su tiempo luego de largo exilio en Europa a recorrer los edificios públicos de la Ciudad Vieja y contar unas 60 cabezas de Artigas.

    Sería bueno precisar que se trata, en su enorme mayoría, de bustos, no de cabezas. Incluyen cuello y parte del torso, hasta más o menos la cintura escapular. Y que fue desde Europa que llegó a estas tierras la costumbre de realizar bustos. Costumbre que tuvo origen parece que en Egipto, se desarrolló en Grecia, pero alcanzó el auge en Roma, durante el Imperio. La misma Roma capital del país de donde provenía su amigo sorprendido por los contenidos de las esquinas montevideanas. En dichas esquinas hay, seguramente, cosas más sorprendentes para encontrarse en esta Montevideo en que sobrevivimos hoy.

    Además, los monumentos en homenaje a Gandhi y al tenor José Soler no son cabezas guillotinadas, son bustos extendidos incluso más allá de lo habitual. Claro que para adornar su artículo y abonar la tesis de la guillotina, la autora no se detiene en minucias anatómicas.

    Finalmente, y paradójicamente al comienzo de su nota, nos deja una frase maravillosa: hablando de la rambla en la noche escribe: “Se ven los enormes cruceros partir: imagino allí fiestas mientras corre el champagne, el juego y el adulterio”.

    Frase que me produjo un profundo desasosiego, ya que hace poco más de un año mi esposa, mi suegra y mis tres hijos (dos de ellos aún menores en ese momento) hicieron un crucero como el que describe. No he encontrado todavía la forma de preguntarles por las fiestas, por el alcohol (sobre todo a los menores) y… ¡ni hablemos de la acusación de adulterio!

    Sr. Director, ¿no le parece que tenía sobrados motivos para escribir la presente?

    Sin otro particular, le saluda atte.

    Dr. Pablo Escudero

    CI 1.358.448-7