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Tiene razón el Sr. Danilo Arbilla cuando dice que el Sr. Alfredo Pérez Rubalcaba (vicepresidente primero y portavoz del gobierno socialista del Sr. Rodríguez Zapatero y no primer ministro) debería pedir disculpas. (Búsqueda 10/5/2012, “Extrañas paradojas”, pág. 10)
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También deberían pedir disculpas los sindicatos que durante años han apoyado todas y cada unas de las decisiones del gobierno socialista y cuando quisieron liderar la oposición a la reforma laboral del Sr. Rodríguez Zapatero, se dieron cuenta que se habían quedado sin el apoyo de los trabajadores.
Y el mismo Sr. Rodríguez Zapatero, por su cortedad de miras, al tomar medidas que tenían por objetivo el titular de los periódicos de la mañana siguiente y no eran parte de una verdadera política de Estado.
Pero también debería pedir disculpas el presidente del actual gobierno, Sr. Mariano Rajoy, por haber mentido sin escrúpulos en su campaña electoral y en su discurso de investidura, cuando dijo que no iba a aumentar los impuestos, sino que había que bajarlos, y los aumentó. Y cuando dijo que no iba a recortar el gasto en sanidad ni en educación y los terminó recortando. Y también cuando dijo que no iba a utilizar dinero público para financiar a los bancos y acaba de comprometer casi 10.000 millones de euros para rescatar a Bankia, después de años de desastrosa gestión.
Y tampoco vendría mal que pidiera disculpas por no dar explicaciones a la sociedad española acerca de todas estas, eufemísticamente llamadas, reformas.
A una sociedad que percibe que no hay un liderazgo claro de la política española y que cada vez más se va sumiendo en la desesperanza y en la angustia.
Deberían pedir disculpas todos los gestores de los bancos que una vez que fueron rescatados con dinero público salieron de ellos con indemnizaciones millonarias.
Y los políticos que han construido aeropuertos al que no llegan ni salen aviones, o ciudades de la cultura sin contenido y estaciones de trenes sin trenes.
Pero también debería pedir disculpas Bruselas y la Sra. Merkel por contumaces en mantener una política de austeridad que está demostrado empíricamente, en el caso de Grecia, que sin apoyo al crecimiento no llega a ningún lado.
Porque detrás de esos ajustes hay personas. Personas que se quedan sin sanidad, personas que no pueden pagar las matrículas universitarias de sus hijos, disminuyendo la permeabilidad entre clases sociales, personas que se quedan sin trabajo al haber cambiado las relaciones de poder entre empresarios y trabajadores, personas que se quedan sin la protección del Estado a sus familiares dependientes.
Si tener conciencia social y tratar de defender los derechos de los ciudadanos frente a un recorte tan brutal del Estado del bienestar es ser populista, a lo mejor deberíamos ser todos populistas.
Europa, desde que se creó en 1951 la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, ha dado pasos de gigante en su integración económica como forma de situarse en el camino de la paz y la democracia.
Un elemento fundamental en ese camino ha sido la instauración del Estado de bienestar, como forma de reducir las desigualdades sociales y de profundizar en democracia.
Hoy, ese Estado de bienestar se ve amenazado por una serie de medidas que tratan de incentivar el individualismo y el laissez-faire, olvidándose de los más desfavorecidos.
Es verdad que es necesario más austeridad y reformas estructurales para mejorar la competitividad, pero también es cierto que sólo con austeridad no hay crecimiento; lo que habrá es más recesión, más paro y más ajustes en una rueda sin fin.
Cuesta creer que después de haber sufrido durante décadas en Uruguay la misma política de recortes y austeridad por parte del Fondo Monetario Internacional, todavía haya quien pueda defenderlas.
Y por último, creo que Búsqueda también debería pedir disculpas por utilizar en su editorial el acrónimo PIIGS, utilizado en la City y Wall Street, en contraposición a los BRICS, por humillante, desconsiderado y ofensivo.
Seguro que si se esfuerzan un poco encuentran una combinación más linda de las mismas letras.