—¿Qué valor geopolítico tiene que entre en vigor este acuerdo, en tiempos de mayor proteccionismo y antimultilateralismo?
—Es un acuerdo que, en el viejo orden, por varias razones, todo el mundo decía que era imposible. Y lo hizo posible el nuevo ordenamiento y el no ver a corto plazo salidas multilaterales. Es decir, el acuerdo es mayor acceso a mercado para Europa, para el Mercosur, etcétera, pero también es que Europa y el Mercosur no visualizan que el camino multilateral vaya a tener ninguna novedad a corto plazo. Entonces, las alianzas geoestratégicas y geopolíticas juegan un nuevo rol.
Y, básicamente, el gran impulso vino de la industria alemana particularmente, que ve cómo se está quedando sin mercados por el proteccionismo agrícola.
—La negociación de las cuotas en rubros de exportación muy sensibles para el Mercosur sigue trancada al día de hoy. ¿Qué escenarios visualiza si no hay acuerdo antes del próximo viernes 1?
—En términos generales, como país pequeño, siempre es mejor para Uruguay tener la distribución asignada. Porque por tamaño vamos a competir con gigantes para nosotros. Ese es el mejor escenario para Uruguay, tener acordado y lo que hay que intentar hacer hasta el 1 de mayo.
Ahora, si no sucede, hay que convivir con eso. Uruguay puede competir en los productos que tienen los canales (comerciales) establecidos. En la carne aviar, si Uruguay quisiera, eventualmente, consigue las habilitaciones y quisiera exportar, esa cuota la va a llenar Brasil.
Hoy se está negociando todo en paquete (las cuotas de distintos productos), lo que para Uruguay es importante, porque precisamente las cuotas que valen para Uruguay son poquitas y se pueden pagar con otras. Eso es parte de la complejidad de la negociación.
—¿Cuál es la aspiración de Uruguay?
—Uruguay y Argentina básicamente están planteando que se tome en consideración el comercio actual que tenemos con la Unión Europea de cada producto; Paraguay propone 25% para cada país del Mercosur en todas las cuotas, y Brasil plantea que se tome el comercio con todo el mundo, lo que implica que se queda prácticamente con todas las cuotas.
Hoy estamos, todos los países, con la posición de máxima teórica. Necesitamos un poco de realidad... Esperemos que sea solo este año, pero quizás un poco más, para que los países puedan tener margen de negociación. Es decir, ver cuánto efectivamente usan de la cuota para darle márgenes a su sector privado. Eso es lo que yo visualizo.
—¿Podría pasar un año o más sin que estén definidas las cuotas?
—En la medida que no hay consenso, no hay distribución.
Sería un escenario que, para Uruguay, lo refuerzan sus planteamientos de bilateralidad (en el comercio actual con la UE para negociar las cuotas). Porque la ley de la selva implica que yo negocio una cuota Mercosur y después la utiliza el que la pueda usar; es un planteo que claramente favorece a las economías grandes. Ante eso, es lógico que en futuras negociaciones Uruguay y Paraguay digan yo quiero la cuota para Paraguay y Uruguay establecida en el acuerdo, no negociarla después. Es un escenario plausible en el Mercosur, pero... hay que ver.
—Lo más realista es pensar que no va a haber acuerdo antes del viernes.
—Sí. El siguiente escenario optimista para Uruguay es que este año nos ponemos de acuerdo cómo se reparten las cuotas a partir del año que viene, el segundo año del acuerdo. Ahora, eso tampoco necesariamente va a ser así.
El acuerdo establece que hay que notificarle a la UE la división de cuotas tres meses antes del año calendario. Por la aprobación parlamentaria especial que tuvo este acuerdo, ahora tendríamos hasta setiembre —en los siguientes años corren los años calendario— para avisarle cómo se van a distribuir las cuotas en 2027. En tiempos Mercosur, setiembre es mañana, esa es la realidad. Yo no descuento que vaya a haber un acuerdo ni en esta semana ni en setiembre.
—Si no se llega a un acuerdo antes de setiembre, ¿en 2027 también regiría la ley de la selva?
—Sí, exactamente. Hasta que no llegás a un acuerdo, sigue. Y la ley de la selva implica algo bien disruptivo, que la renta de la cuota se queda en Europa. Porque se va a exportar con certificado de cupo, pero nuestro certificado solo vale si del otro lado hay un certificado. Puede que el exportador vaya con certificado, pero no quiere decir que vaya a poder utilizar la cuota; se necesitan machear los certificados.
—Dentro de la negociación en paquete de las cuotas, ¿en qué rubros Uruguay está dispuesto a resignar posiciones? ¿Arroz, miel?
—Te entrego la cuota de tal producto por tal otra. Es ese orden (de rubros), porque hicimos un ejercicio en conjunto con el Ministerio de Ganadería de cuánto valen las cuotas. La que vale más para Uruguay, por supuesto, es la de carne; en segundo lugar, la de arroz y luego, la de miel, dadas las exportaciones actuales. O sea, la transformación de unidades respecto del volumen exportado en dólares.
La de la carne vale aproximadamente US$ 90 millones.
La Unión Europea ya es para Uruguay un origen importantísimo de la inversión extranjera directa, pero confiamos en potenciarlo más bajo este contexto geopolítico y pensando también en Uruguay como puerta de entrada a la región La Unión Europea ya es para Uruguay un origen importantísimo de la inversión extranjera directa, pero confiamos en potenciarlo más bajo este contexto geopolítico y pensando también en Uruguay como puerta de entrada a la región
—Además de la cuestión de las cuotas, en el sector empresarial nacional hay dudas sobre certificados de origen, formularios y otros detalles administrativos del acuerdo. ¿En qué condiciones cree que empezará a operar? ¿Puede haber problemas?
—Estamos corriendo contra reloj, e incluso en estos días hay cursos de formación sobre cómo solicitar cupos y cómo hacer los certificados en todos los países del Mercosur y en Europa, pero es parte del desafío de que algo que se firmó el 17 de enero y nadie a nivel técnico creía que el 1 de mayo de ese mismo año iba a estar implementándose.
Vamos a aprender sobre la marcha. En el caso del Mercosur, por ejemplo, estamos dando cursos sobre las cuotas de importación en quesos, leche en polvo y fórmula infantil, pero todavía se está terminando de desarrollar la interconexión entre las aduanas para comunicarse cuánto cupo se va utilizando. Claro, no se va a utilizar en los primeros 15 días de mayo todo el cupo, pero esa interconexión va a estar pronta más o menos por el 15 de mayo.
—Por el lado de las importaciones, ¿qué es lo que se puede esperar en términos de cambios en la estructura del mercado de compradores? El estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre el impacto manejó un crecimiento en 15 años del 38%.
—Es un crecimiento importante y, por las consultas preliminares que estamos recibiendo —no sé si representativas—, muestra un gran interés por el acuerdo; esperamos que tenga un buen uso. A las importaciones les vemos un efecto procompetencia, o sea que estamos OK con que ocurra; no va a ser de un día para el otro porque las preferencias se dan en forma gradual.
—¿Los consumidores vamos a ver en las góndolas más productos europeos?
—Sí, vamos a tener más acceso a productos gourmet y productos de nicho probablemente europeos. Después, en la competencia con la producción china no me animaría a decir sí, incluso con preferencias y sin Tasa Consular desde mayo de 2029, van a aumentar ampliamente (las importaciones desde la UE). Hoy el 50% del origen de nuestras importaciones es China.
—¿Está en la agenda del MEF eliminar la Tasa Consular de manera general?
—Es, sin duda, una tasa que el ministerio tiene en agenda porque incumple los compromisos internacionales y no facilita el comercio. Tiene una gran recaudación; por ahora, lo que está previsto es la eliminación con Europa únicamente.
—El BID estimó que la mayoría de los sectores de Uruguay van a tener crecimiento con el acuerdo con la UE, pero la silvicultura, los productos de metal o maquinaria y algunos cereales serían “perdedores”. ¿El gobierno está contemplando algún tipo de medida de apoyo para estos sectores?
—Los sectores perdedores que le da el BID generalmente lo que pierden es la protección que tiene en el mercado brasileño, no es por pérdida por mayor competencia en el mercado uruguayo. Entonces, para esos sectores lo que estamos pensando es precisamente la (futura) ley de competitividad e innovación, para que estén en mejores condiciones de competir. No estamos previendo en este momento subsidios o apoyos, pero sí ayudar a mejorar la competitividad, que pueden ser generales o sectoriales.
—¿Se espera un aumento de la inversión europea en Uruguay a partir del acuerdo, como sucedió en países que pusieron en vigor tratados con la UE, como Chile, Egipto y Sudáfrica?
—La UE ya es para Uruguay un origen importantísimo de la inversión extranjera directa, pero confiamos en potenciarlo más bajo este contexto geopolítico y pensando también en Uruguay como puerta de entrada a la región, incluso como pequeño mercado para experimentar el ingreso eventual a otros países del Mercosur.