A continuación, un resumen de la entrevista que Duppel mantuvo con Búsqueda días antes de que el acuerdo entre en funcionamiento.
—Alemania fue uno de los países que más insistió en la firma del acuerdo y, recientemente, en su implementación provisional. ¿Por qué?
—Estuvimos en el inicio de las negociaciones, hace 25 años, con la idea de tener ese acuerdo. Alemania no solo es la tercera economía más grande del mundo; es, según algunos criterios, la más globalizada. El 40% de nuestra prosperidad viene de las exportaciones. Entonces, el libre comercio siempre ha estado en nuestra agenda, siempre pensamos que si tenemos libre comercio con reglas justas, con normas, eso va a generar prosperidad para todas las partes involucradas. Con 27 miembros del lado europeo y distintos intereses en el Mercosur, la negociación no fue fácil. Al final, creo que ha jugado a nuestro favor el escenario internacional y han sido muchos países que ven ese acuerdo como una señal: es el “cooperation day”. Es el día que mostramos que la cooperación entre Estados va a generar paz y prosperidad y no lo contrario, no la ley de la selva.
Quería subrayar algo que no se ha comentado tanto: el papel de Ursula von der Leyen. No es fácil superar las resistencias de países grandes dentro de la Unión Europea y también del Parlamento Europeo. Es un riesgo político, pero ella entendió que no se podía esperar más.
—Usted dijo que el escenario internacional ayudó a que el acuerdo se concretara. ¿Tiene sentido un acuerdo de este tipo en el contexto en el cual algunos países, como Estados Unidos, han decidido alejarse de ese tipo de reglas?
—No hay alternativa a los fundamentos del orden internacional. Algunos dicen que estamos en un cambio de era, ciertamente hay mucha incertidumbre y muchos peligros. Desde el punto de vista de Alemania, después de la guerra había cuatro pilares de la política exterior: construir la Unión Europea, construir una cooperación en temas de seguridad junto con Estados Unidos —la OTAN—, tener un diálogo aún en los tiempos más difíciles con Rusia —antes Unión Soviética— y construir y fortalecer el multilateralismo. De esos cuatro pilares, sigue en pie la Unión Europea, con retos y retrocesos, como el Brexit, pero sigue. Los otros tres están en peligro. La OTAN es cuestionada por Estados Unidos; pensamos que su continuidad es de mutuo interés, pero hay que ver cómo. Rusia decidió empezar una guerra contra su vecino y dejar de lado todos los acuerdos básicos de seguridad con Europa, de no mover fronteras y de que aunque haya conflictos se debe buscar una solución pacífica. Estamos en un momento peor a lo que fue la Guerra Fría. Y el multilateralismo tiene presiones de muchos actores. Nosotros pensamos que no hay alternativa a la cooperación, que el camino de desmantelar nuestro sistema internacional es autodestructivo. Aunque tenemos muchos retos económicos y que una de nuestras prioridades es tener recursos para más defensa, aún así somos el primer contribuyente para la Organización para el Desarrollo de Naciones Unidas. Seguimos con los temas de cambio climático, cooperación en salud. No vemos cómo el mundo puede progresar sin la cooperación de todos.
—¿La Unión Europea puede sostener ese sistema cuando Estados Unidos, China y Rusia juegan otro partido?
—Toda América Latina, y Uruguay es ejemplar, quieren mantener el sistema multilateral, un mínimo de derechos internacionales que se garantizan para todos. Creo que también en otros continentes hay muchos países en esa línea. No es fácil, pero es el único camino, no hay otra opción.
—Está la “ley de la selva” que usted mencionaba.
—La ley de la selva no va a garantizar nuestra paz y prosperidad, ni la preservación del planeta.
Trump-UE
Ursula von der Leyen y Donald Trump tras alcanzar un acuerdo arancelario que fija un gravamen del 15% a productos europeos.
—La Unión Europea, al inicio de la segunda administración Trump, tuvo una estrategia de negociación. ¿Falló esa estrategia?
—Hay que distinguir entre buscar algún compromiso puntual en un momento dado y la estrategia a largo plazo. Para Europa está claro que tenemos que ser más independientes de Estados Unidos, no solo para el tema de la seguridad, también en tecnología. Para dar un ejemplo que puede resonar en América Latina, porque todos usamos WhatsApp: ahora hay restricciones a los funcionarios en Europa de utilizar WhatsApp, no por espionaje, sino por el hecho de que los datos acaban en un servidor en Estados Unidos. También los clouds de Google, Microsoft o Amazon, para ciertos temas sensibles, hay que evitar utilizarlos porque eso crea dependencias. Es un camino largo, no lo vamos a hacer en un paso, pero sí ser más independientes es necesario.
Estados Unidos sigue siendo un socio, un amigo. Alemania siempre va a estar agradecida por el apoyo de Estados Unidos durante las últimas décadas, la reunificación no habría sido posible sin su apoyo. Al mismo tiempo, un poco están rompiendo con sus propios valores y ese orden internacional que ellos han contribuido de manera decisiva a su construcción. Tenemos que estar preparados para tratar temas sensibles entre nosotros, eso no significa no buscar la cooperación en cualquier momento y donde se puede.
—Esto implica que la estrategia debe ir más allá de la relación con la actual gestión de Estados Unidos.
—Exacto. Ha crecido un sistema de seguridad dominado por Estados Unidos dentro de la OTAN y hay que encontrar un nuevo equilibrio, no tiene nada que ver con una administración. En Europa deberíamos tener la capacidad de defendernos.
—De acuerdo con los documentos del gobierno alemán, Rusia es el enemigo y la amenaza principal hoy en términos militares.
—Sí. No se trata solo del conflicto entre Rusia y Ucrania. El año pasado tuvimos más de mil incidentes con drones y ciberataques que probablemente provenían de Rusia. Entonces, están buscando el conflicto. Y no solo con nosotros, les sucede a otros países europeos, entonces, tenemos que aceptar que Rusia busca la confrontación. En el futuro eso puede cambiar, pero hoy es la realidad y tenemos que adaptarnos.
—En ese contexto comenzará a implementarse, el 1 de mayo, el acuerdo Unión Europea-Mercosur. Se aplicará de manera provisional y con un reclamo abierto en el Tribunal de Justicia Europeo. ¿No empieza con un escenario de debilidad?
—Nunca es ideal, pero no creo que eso vaya a afectar mucho. La decisión política está tomada y no conozco ningún caso en que la aplicación de acuerdos comparables se haya visto impedida por motivos jurídicos.
—No cree que provoca incertidumbre a los actores económicos?
—Creo que no. Además, con el tiempo se van a ver efectos positivos y eso va a ayudar. Normalmente se sobreestima el riesgo de los cambios y se subestima el riesgo de no cambiar. El mundo cambia. Si hablamos de la economía y del sector agrícola, las preferencias de los consumidores cambian, los competidores cambian, el cambio climático modifica lo que uno puede producir; hay muchos cambios. Decir que si no cambiamos las reglas de las exportaciones e importaciones, entonces no cambia la situación, es una idea errónea. Tenemos que adaptarnos al mundo cambiante. Y bajar barreras ha demostrado ser un método muy eficiente para tener más oportunidades para las empresas y la economía en general.
—¿Pisar el acelerador en la implementación pese a la oposición de países como Francia responde a que no se iba a convencer a sus autoridades?
—No voy a hablar de ningún país en particular, hay sectores en todos los países que son críticos con la política agrícola de la Comisión. Si uno lo ve racionalmente, según análisis expertos, el sector de la agricultura europea en general va a ganar con el acuerdo.
Protesta-Estrasburgo-Mercosur
Los agricultores estacionaron sus tractores durante una protesta tras la firma del acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y los países del Mercosur, y en vísperas de la votación sobre la remisión del caso a los tribunales, cerca del Parlamento Europeo en Estrasburgo el 20 de enero de 2026.
AFP
—¿Sí?
—Van a tener más posibilidades de exportar productos procesados, sobre todo productos con valor agregado. No significa que un productor, en un sector, no pueda tener más competencia. La política tiene el deber de contemplar las cuestiones sociales que puedan surgir como consecuencia, pero la política al mismo tiempo tiene que tomar decisiones por el bien común.
—Algunos críticos del acuerdo dicen que consolida cadenas de valor en las que el Mercosur produce productos primarios y Europa industrializa.
—El acuerdo brinda oportunidades. Sería interesante tener marcas latinoamericanas que se conozcan en Europa, hay que construirlas para no simplemente exportar productos primarios. Eso tarda, pero es factible hacerlo y, en todo caso, hay muchas otras ventajas del acuerdo para un país como Uruguay. No solo se trata de exportar productos agrícolas. Se trata de ser un hub logístico para la región, de ofrecer servicios para empresas europeas, de tener inversiones. Para eso hay que prepararse.
—¿Qué beneficios trae para Alemania?
—Alemania produce maquinaria, automóviles, productos químicos, todos estos productos que el mundo conoce ingresarán con menos aranceles o sin ellos al Mercosur. Incluso productos agrícolas procesados podrán venir aquí. Hay un interés mutuo de que haya más inversiones de empresas alemanas aquí. Noto más interés de parte de las empresas alemanas en el Mercosur. Quizás antes uno veía a Brasil, Uruguay o Argentina por separado, ahora se ve al Mercosur, creo que el acuerdo da un cambio de perspectiva. Ahora los empresarios se preguntan qué hacer ante la noticia del acuerdo: ¿importar?, ¿invertir?, ¿mirarlo más detalladamente? Genera atención, después esa atención hay que trasladarla en encuentros y esos encuentros en acuerdos y esos acuerdos en su implementación.
—¿En ese contexto Uruguay se debe plantear ser un hub?
—El presidente de Brasil estuvo ahora en Alemania para la apertura de la feria de inversiones más grande y los dos gobiernos decían que el objetivo es duplicar el volumen del comercio en los próximos años. Es un reto ambicioso pero no imposible. Uruguay puede ser ambicioso también. Además, Uruguay ya es un hub logístico y si existe el doble de comercio con Brasil, también el Puerto de Montevideo va a ser más utilizado, sobre todo para el sur de Brasil. Eso también podría ocurrir si aumenta el comercio con Argentina. Otro ejemplo de Uruguay como hub que ya existe: el parque de las Ciencias de Canelones, que es una inversión alemana, es una infraestructura muy moderna para la investigación y la producción del sector farmacéutico. Es muy factible que otras empresas sigan ese ejemplo ahora que ven que el ámbito es de un mercado más grande, porque es más fácil exportar desde Uruguay a Argentina y Brasil. Para aprovechar todo ese potencial, es importante que el mercado del Mercosur funcione de manera más eficaz.
—¿Qué podría hacer Uruguay para aprovechar plenamente el potencial del acuerdo?
—Creo que vale la pena dar a conocer más al país en Europa y las oportunidades que ofrece; quizás se podría pensar en un road-show, no esperar a los que lleguen, sino salir activamente a buscarlos.
—¿Qué efectos positivos tendrá el acuerdo para el Mercosur?
—El otro tema, que es para todos, es que más intercambio comercial va a bajar costos, el consumidor va a tener más oferta y calidad, lo que implica más dinero en su bolsillo; para las empresas, va a significar un gimnasio de fitness: hay que prepararse, hay que adaptarse a nuevos competidores que entrarán más fácil. Todo esto mejora la competitividad de los países y de las empresas que deben asumir ese reto.
—¿Es un problema que el Mercosur todavía no acordó cómo distribuirá las cuotas?
—Es normal que haya ese tipo de negociaciones complejas, que haya un poco de tensión. Mejorar el Mercosur en sí va a ser quizás un poco más complejo y va a tardar un poco más.
—Además de coordinar las cuotas, el Mercosur debe aceitar mecanismos internos para que los productos que llegan desde Europa no tengan trabas. ¿Para los exportadores europeos sigue siendo una incertidumbre cómo será ese proceso?
—Sí, hay que ver cómo progresa en el tiempo.
—¿Esa conversación no debió darse hace tiempo? ¿La implementación toma al Mercosur sin estar preparado pese a que se viene discutiendo hace décadas?
—Siempre es un proceso. Primero hubo negociaciones, ahora empieza el trabajo de verdad. Creo que Uruguay está bastante preparado y tiene la ventaja de que es el país del Mercosur que está más cerca de los estándares europeos. El Mercosur en su totalidad es un tema más complejo, más lento. Los que más se beneficiarán de un Mercosur más eficaz serán los países más pequeños, por lo que el empuje debe venir de países como Uruguay.
—En Europa tienen los mecanismos de implementación más aceitados porque no es el primer acuerdo.
—Sí, hay un mercado único. En Bruselas hay 30.000 funcionarios de la Comisión, mientras que de la Secretaría del Mercosur son 50, más o menos. Es más fácil para nosotros, claro. Tenemos mucha experiencia en otros acuerdos, experiencias de abrir otros mercados; estamos negociando con India y con otros que van a venir. La implementación creo que es más fácil, quizás, en la Unión Europea.
—¿Cuánto se juega el gobierno alemán con la puesta en marcha del acuerdo?
—No es un tema, diría yo, que preocupa al gobierno. El peso de los sectores que se oponen es muy limitado, en el sector agrícola en general están de acuerdo. Como dije, la prosperidad alemana tiene como base el libre comercio desde hace 70 años y todo el mundo lo entiende, creo que es casi unánime. El debate político está en otro terreno. Hay otros temas que son mucho más sensibles, como las reformas sociales o el presupuesto.
—Siendo Alemania tan importante en la implementación del acuerdo, ¿un cambio de signo político no aumentaría la incertidumbre?
—La decisión está tomada, el tema no está en manos de los gobiernos nacionales.
—Si Alternativa para Alemania lidera un gobierno con mayoría, ¿no corre riesgo?
—Espero que nunca llegue a ese punto y no lo veo factible porque no tienen socios para liderar un gobierno. Pero aun si sucediera, la decisión está tomada.