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    Dignidad, denuncia, fiaca: ¿qué dicen del trabajo sus representaciones artísticas?

    Hoy es Primero de Mayo y parece un buen día para recordar algunas obras que tienen como protagonistas a los trabajadores y preguntarnos qué nos decían de su época y de su sociedad, y qué nos siguen diciendo; de esto trata Algo que quiero contarte, newsletter de temas culturales

    Formalmente se lo llama empleo, oficio, cargo, puesto, profesión, pero en el habla coloquial los sinónimos para trabajo representan algo más que una actividad remunerada. Los rioplatenses le decimos changa a un trabajo efímero y casual por el que generalmente se paga poco, aunque también se puede “vivir de changas”, entonces la situación se vuelve casi permanente. Para los españoles, ir a trabajar es ir al “curro”, pero en ambas orillas del Río de la Plata “tener un curro” puede despertar sospechas. Y si alguien habla del “yugo“, la está pasando muy mal en su trabajo. Con la inmigración italiana del siglo XIX llegó el verbo lavorare, que el lunfardo convirtió en el hermoso verbo laburar. Entonces el laburo pasó a ser un sinónimo cotidiano de trabajo.

    El escritor minuano Juan José Morosoli hablaba de los “siete oficios” para referirse a los seres orilleros, los que habitan en los bordes de lo urbano y sus circunstancias los hicieron hábiles para las changas. Él los convirtió en personajes de sus cuentos y en “tipos sociales” en su libro Vivientes (1953): “Vivientes son los siete oficios, los agencia-vidas, los montaraces huraños, los cancros sin destino, los achureros, canteros, curanderos, lavanderas, la infinita serie de seres relegados a los estratos más bajos de la sociedad, esa gente que llena las orillas de los pueblos”.

    Hoy lo urbano está lleno de “vivientes” sin un lugar y sin oficios porque nunca los aprendieron o porque muchos de ellos han desaparecido o porque ya no tienen donde ejercerlos.

    Oficios del tiempo

    En 1998 se publicó Oficios del tiempo, un conjunto de crónicas del periodista Andrés Alsina sobre una serie de trabajos que en ese momento estaban en vías de extinción en Uruguay, tanto en el campo como en la ciudad. Hoy posiblemente muchos de ellos ya no existan. Acompañan las crónicas preciosas fotos en blanco y negro de Carlos Contrera en las que se destacan las manos, porque lo manual es protagonista del libro. Lustrabotas, alambrador, colchonero, planchadora, tropero, hilandera de rueca son algunos de estos oficios de saber silencioso y a veces único en su destreza física y artesanal.

    Jean-François_Millet_Las-espigadoras
    Las espigadoras, de Jean-François Millet.

    Las espigadoras, de Jean-François Millet.

    El artista Jean-François Millet (1814-1875) quiso decir algo de los trabajos rurales del siglo XIX de la campiña francesa. Concretamente en el pueblo de Barbizon, pintó muchos cuadros de campesinos y fue el artista de la dignidad y de la nobleza del trabajo de campo. Ese es el tema de Las espigadoras (1857), cuadro realista en el que representó el espigueo, un trabajo que realizaban mujeres y niños pobres a quienes se les permitía recoger, antes de la puesta de sol, los restos de trigo que habían quedado después de la cosecha. Millet pintó a tres mujeres con la espalda encorvada, la mirada en el suelo, las manos gruesas. Su obra está cargada de movimiento: agacharse, recoger, levantarse.

    La pintura fue presentada en el Salón de París en 1857 y recibió la antipatía de gran parte de la burguesía parisina. Se lo consideró un cuadro peligroso y hasta subversivo, y el artista fue acusado de socialista. Hoy Las espigadoras es admirado en el Museo d’Orsay y se lo considera uno de los mejores cuadros de Millet.

    Bruegel-Los-segadores
    Los cosechadores, pintura de Pieter Bruegel el Viejo.

    Los cosechadores, pintura de Pieter Bruegel el Viejo.

    Posiblemente el camino para representar a los trabajadores rurales lo trazó tres siglos antes Pieter Bruegel el Viejo (Flandes, 1525-1569), como lo hizo en Los segadores (1567). Amante de las fiestas campesinas, las tomaba como inspiración para sus obras y por eso también lo llamaban Bruegel el Campesino. Así representó un nuevo humanismo en el arte que ya no tenía como centro lo religioso. A veces sus pinturas llegaron a rozar la crítica social y por ese motivo se ganó el rechazo de Felipe II de España (también de Flandes), quien quiso prohibir algunas de las celebraciones colectivas que él pintó.

    Los cambios en el trabajo y la situación de los trabajadores han sido protagonistas, sobre todo desde el siglo XIX, de la literatura, el cine, el teatro y las artes visuales. Hoy, que es Primero de Mayo, parece un buen día para recordar algunas de estas obras y preguntarnos qué nos decían de su época y de su sociedad, y qué nos siguen diciendo.

    Mi nombre es Silvana Tanzi y esta es otra entrega de Algo que quiero contarte, newsletter de temas culturales. Esta vez está dedicada a quienes tienen laburo y a quienes lo perdieron o sienten la amenaza del desempleo; también a quienes disfrutan, o padecen, de su jubilación. Y, por qué no, a quienes están hartos de ir a trabajar.

    Si querés escribirme con alguna sugerencia o comentario, podés hacerlo a [email protected]

    El Primero de Mayo me trae el sonido de actos y manifestaciones, el aroma a humo de asado y varias imágenes de películas, obras de arte y fotografías. Posiblemente por verla reiterada muchas veces, la que primero recuerdo es Almuerzo sobre un rascacielos (Lunch atop a Skyscraper), publicada por primera vez en octubre de 1932 en The New York Herald-Tribune. No sé si me impacta más la naturalidad con la que conversan los obreros, la desprotección total de su trabajo o las muertes que me imagino habrán ocurrido. Me pregunto también de dónde se colgó el fotógrafo cuyo nombre no se conoce. Entonces pienso que, a pesar de todo, hemos evolucionado.

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    Almuerzo sobre un rascacielos (1932) fotografía publicada en The New York Herald-Tribune.

    Almuerzo sobre un rascacielos (1932) fotografía publicada en The New York Herald-Tribune.

    En el arte de los años 30 los trabajadores tuvieron un importante protagonismo. Recuerdo ahora Manifestación (1934), del artista argentino Antonio Berni (1905-1981), quien capturó en forma realista y brutal el clima de época (depresión económica, confrontaciones ideológicas, amenazas de guerra) en los rostros en primer plano de hombres, mujeres y niños. La rebeldía está en la manifestación misma, pero también hay desconcierto y angustia en estos rostros. La obra se exhibe en el Malba de Buenos Aires.

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    Manifestación, de Antonio Berni.

    Manifestación, de Antonio Berni.

    También de los años 30 es una película que está cumpliendo 90 años y sigue tan joven: Tiempos modernos (1936). Escrita, dirigida y protagonizada por Carles Chaplin, cuenta la historia de Charlot, un obrero metalúrgico que trabaja en la cadena de montaje de una fábrica apretando tuercas. Cuando el jefe aumenta el ritmo de la maquinaria, Charlot pierde la razón y termina en un hospital. El absurdo lo lleva a la cárcel y como allí ayuda a calmar un motín, queda libre. Entonces vuelve a la calle. Vuelve a ser un vagabundo.

    Mezcla de cine mudo y sonoro, fue la primera vez que se escuchó la voz de Chaplin en una película. Es una comedia que hace reír con un humor tierno y a la vez amargo, como solía ser el de Chaplin. Pero sobre todo, Tiempos modernos es una fuerte crítica al trabajo mecanizado de la revolución industrial durante la depresión económica de Estados Unidos en 1929, cuando la desocupación y la desesperación por conseguir trabajo se plasmaba en largas filas en las puertas de las fábricas. Chaplin se enfoca en la deshumanización y alienación que produce el trabajo fabril. Una obra maestra que después de 90 años aún podemos asociarla con cualquier trabajo alienante.

    Ahora pienso que Chaplin nos advirtió sobre el peligro de las máquinas, pero en realidad nos quiso decir: “cuidado con los seres humanos que las inventan”.

    Embed - Charlie Chaplin - Modern Times (Trailer)

    Una obra de teatro de 1974 escrita por el venezolano Rodolfo Santana también se ocupó del tema de la alienación en una fábrica. Se llamó La empresa perdona un momento de locura, y en Uruguay tuvo una versión en 1981 interpretada con garra por Julio Calcagno. El protagonista es un obrero ejemplar que hace más de 20 años trabaja en una fábrica metalúrgica. Un día, mientras enseña a trabajar a un joven aprendiz, ve cómo una troqueladora le agarra la mano y se la destroza. Entonces Orlando, que así se llama el obrero, empieza a golpear a los gritos las máquinas. De ese momento de locura nos enteramos al empezar la obra, que en realidad se centra en la entrevista de Orlando con la psicóloga de la empresa. Entonces se conocen los motivos de su “locura” y también los de la empresa para “perdonarlos”.

    Chaplin seguiría pensando que hay que cuidarse de las personas más que de las máquinas.

    Tiempos hipermodernos

    Descubrí hace poco en las redes sociales al artista italiano contemporáneo Mennato Tedesco, quien retrata a personas en diferentes actitudes y tareas. Me encantó una de sus obras que te dejo por acá. ¿Alguna vez te bañaste escuchando una reunión de trabajo? ¿Alguna vez trabajaste en el baño?

    Mennato-Tedesco
    Obra del artista italiano Mennato Tedesco.

    Obra del artista italiano Mennato Tedesco.

    El arte de Tedesco ha sido definido como de un neoexpresionismo figurativo, inspirado en su observación de diferentes actitudes humanas en la vida contemporánea y consumista. En sus obras se destacan los rasgos, gestos o posturas exageradas. En ese contexto ubica a su personaje mirando su celular mientras está en el inodoro. Sin embargo no parece tan extraña su pintura. Hoy podemos trabajar en cualquier lado, en forma solitaria o con otros a través de la pantalla. Pero ojo, que no vean, ni sientan, que estás en el baño.

    La tecnología es maravillosa, nos ayudó a trabajar en pandemia, nos comunica con familiares y amigos que están lejos y nos abre las puertas a muchas oportunidades laborales. Pero tiene su lado oscuro, sobre todo lo tiene la IA.

    Leí en un artículo sobre la existencia de los data workers, que traducido al criollo son los “esclavos de la IA”. Porque detrás de los algoritmos y de las grandes y millonarias empresas tecnológicas, hay personas que se encargan de depurar datos, leer y clasificar, escuchar audios y transcribirlos, corregir textos, etiquetar imágenes. Y en esa labor escuchan y leen de todo, incluido lo más bajo del ser humano. Esas personas se cuentan por millones: “Según estimaciones del Banco Mundial, entre el 4,4% y el 12,5% de la fuerza laboral mundial (es decir, entre 150 y 425 millones de personas, aproximadamente) ya participa de alguna forma en esta economía digital invisible”, dice el artículo.

    Las grandes empresas subcontratan empleados de empresas de países que pagan salarios mínimos y no brindan protección social. “El resultado es que los trabajadores que sostienen la IA viven en contextos de máxima vulnerabilidad. Refugiados ucranianos, madres solteras en Kenia, estudiantes en India o presos en cárceles finlandesas: todos forman parte de una cadena de producción global que opera bajo las condiciones perfectas para que las empresas que los contratan esquiven regulaciones laborales y obligaciones sociales”.

    Releo lo que escribí hasta ahora y me doy cuenta de lo pesimista de esta newsletter. Es que el contexto no ayuda, tampoco tener amigas y amigos desocupados o conocer los despidos en varias empresas. La amenaza del desempleo está siempre ahí.

    Esto me recuerda una caricatura de Quino, otro capo del humor triste:

    Quino, trabajo-pesimista

    Otra palabra

    Vuelvo a las palabras y su valor simbólico. Con la inmigración italiana llegó otra, también hermosa: fiacca. Esa palabra se quedó en el lunfardo rioplatense como fiaca, para transmitir esa sensación de pereza, desgano o flojera para emprender una actividad. A veces da fiaca ir a trabajar, y habría que desconfiar de quien nunca la sintió.

    Ese estado anímico, que también es una especie de rebelión interior contra la rutina, es el tema de La fiaca (1969), filme dirigido por Fernando Ayala, con las actuaciones de unos jóvenes Norman Briski y Norma Aleandro y música de Astor Piazzolla. La película es una adaptación de la obra de teatro de Ricardo Talesnik.

    Un día Néstor, un empleado de oficina, decide que no quiere ir a trabajar porque tiene fiaca. Su esposa no entiende qué le pasa y le insiste en que se levante con una frase lapidaria: “Vos naciste para ser oficinista”. Néstor persiste en su rebeldía frente a la rutina, pero empiezan a llegar familiares, amigos y compañeros que intentan convencerlo de que se levante. Al principio no tienen éxito, pero de a poco Néstor se da cuenta de que estar en su casa se ha vuelto peor que estar en la oficina, y adiós rebeldía. Una verdadera tragicomedia.

    Mientras escribo voy recordando películas, series y obras de arte que tienen como tema algún trabajo. Voy a hacer una lista y si querés podés escribirme con lo que vayas recordando:

    • Un libro: Poemas de la oficina, de Mario Benedetti. Tal vez lo mejor de su poesía.
    • Una película: Norma Rae (1979), dirigida por Martin Ritt. Inolvidable Sally Field subida a una mesa de la fábrica con el cartel que dice “Union”; su actuación le valió un Oscar.
    • Otra película: Todos los hombres del presidente (1979), dirigida por Alan J. Pakula, sobre el trabajo periodístico y su relación con el poder. Excelentes Dustin Hoffman y Robert Redford como Carl Bernstein y Bob Woodward, los periodistas del Washington Post que investigaron el caso Watergate y desencadenaron la caída del presidente Richard Nixon.
    • Otra película más: La única opción(2025) del cineasta coreano Park Chan-wook sobre un desempleado que decide eliminar a sus competidores. Es, claro está, una comedia negra. Una de las buenas.
    • Una serie: The Office. La versión británica es para mí la mejor, fue creada por Ricky Gervais y Stephen Merchant. Es un falso documental, sin risas grabadas, sobre la patética relación de los empleados de una empresa inventada.
    • Otra serie: The Pitt, sobre el trabajo del personal médico de una emergencia, en tiempo real, sin música y con un vértigo que marea; tiene, además, la gran actuación de Noah Wyle.
    • El realismo socialista y los límites a la creatividad: optimismo propagandístico, exaltación del obrero y una estética oficial monótona y predecible. Todo lo que no debería tener el arte.

    Hoy es Primero de Mayo y habrá acto, proclama y cánticos, aroma a asado y una gran fiaca de fin de semana largo. Sea cual sea tu situación, te deseo un feliz Día del Trabajador.

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    Te dejo algunas recomendaciones de este número de Búsqueda: Emmanuel Carrère tiene nuevo libro, se llama Koljós y trata sobre su familia, lo cuenta en su nota Sergio Israel, y se estrenó Michael, película biográfica sobre Michael Jackson (con el beneplácito de la familia), y aquí podés leer la crítica de Pablo Staricco.