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    “Gran vulnerabilidad”

    El 22 de abril Carlos Liscano dejó oficialmente de tener la confianza de la ministra de Educación y Cultura María Julia Muñoz. El día anterior, Liscano había hecho pública la orfandad en que había quedado el Consejo de Derechos de Autor, un organismo que toma decisiones que afecta el destino de varios millones de dólares.

    “El Consejo tiene cinco consejeros honorarios que dependen de la ministra de Educación y Cultura, tiene dos abogados letrados honorarios, que son amigos míos, pero tiene cero personal administrativo que pueda contestar el teléfono, abrir una carta o iniciar un expediente. Es una situación muy difícil para nosotros”, fueron sus declaraciones a El País.

    Liscano, designado por el ex presidente José Mujica como sustituto del escritor Tomás de Mattos, había sido confirmado el 1° de marzo y sería a su vez reemplazado recién en la primera quincena de mayo. El cargo pasó a Esther Pailos, primera mujer (sin contar con un interinato de Alba Larrinaga en 1971) y segunda bibliotecóloga de la historia designada al frente de este servicio (ver Búsqueda N° 1814).

    El director cesado dejó una Biblioteca mejor equipada. Hizo colocar equipos de aire acondicionado y así alivió las condiciones de trabajo y conservación de los materiales. También obtuvo en custodia nuevos archivos literarios, entre ellos los de Carlos Martínez Moreno, Felisberto Hernández, María Esther Gilio y Juan Carlos Legido.

    No pudo, sin embargo, tener un buen vínculo con los funcionarios ni cubrir las muchas vacantes. Un documento que Liscano produjo y colgó en la página oficial de la Biblioteca en 2014 llamó la atención acerca de este problema: “De los cinco componentes nombrados al principio (acervo, personal, edificio, dirección, catálogo) el que se encuentra en situación más crítica es el que tiene que ver con el personal. El alto promedio de edad de los funcionarios ha hecho que la baja por causal jubilatoria sea muy elevada, a lo que hay que agregar la falta de una política que haga que el llenado de vacantes sea automático. Los sueldos hacen que no sea atractivo para jóvenes técnicos trabajar en la BNU (...). La falta de bibliotecólogos, archivólogos, informáticos y administrativos deja a la BNU en una situación de gran vulnerabilidad técnica y amenaza su desarrollo”.

    Luego de chocar con la ministra, Liscano no renunció a su cargo a pedido de esta sino que debió ser cesado por un decreto de Vázquez y luego publicó su versión en Brecha.

    “Liscano encontró la horma de su zapato”, dijo a Búsqueda un dirigente sindical de la BNU en referencia al temperamento de Muñoz, que habría utilizado el caso para hacer saber quién manda en esa secretaría de Estado.