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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáFue en una reunión muy solemne, de la Cámara de Comercio, que Tabaré Vázquez (primera presidencia), flanqueado de un sonriente Astori (y un inexpresivo Bonomi, entonces Ministro de Trabajo), anunció que el gobierno americano nos invitaba a negociar un TLC.
Pocos días después, en un almuerzo de ADM, rebosante de empresarios y prensa, el presidente hizo pública la noticia, adornándola con aquella frase, que se tornó pegadiza: “Hay trenes que pasan una sola vez”. Probablemente, conocedor de que el tema levantaría resistencias, el presidente hizo una clara advertencia: a no desaprovecharlo.
Zafando al período de preguntas, salí medio apurado del hall de Punta Cala y me topé con Gargano, entonces canciller, que como yo, quería escabullirse. Lo atajó la prensa, en gran número y conociéndolo, lo toreó con la imagen del tren, para ver cómo reaccionaba. Con su clásica cara de pocos amigos (no los cultivaba, tampoco), empardó con otra imagen ferroviaria: “Hay trenes que te pasan por arriba”. Clarísimo: le iba a poner la proa con todo. Era, por otra parte, su especialidad: oponerse y trancar.
No fue solo gracias a Gargano, pero el hecho es que aquel TLC pasó a significar “Train Lost Course”. Pasó, siguió y está cada vez más lejos. En lugar de un TLC y para tratar de salvar la petiza, los americanos nos propusieron un TIFA (“Train Is Far Away”).
El tren del comercio se nos fue. Muy grave. Sin comercio internacional no tendremos crecimiento. Tampoco seremos muy atractivos para las inversiones en actividades productivas, ni un ambiente muy fermental para la innovación. Pero, hasta más importante que todo eso, sin apertura, un país tan conservador como el Uruguay difícilmente aceptará cambiar, adaptarse a la realidad.
Ese es el tren del comercio. Una vía da a un desvío ciego, llamado Mercosur, la otra está casi vacía.
Ahora se ve un humito en el horizonte y se oye un ruido a lo lejos. El presidente Lacalle Pou nos trae la esperanza de que el tren del comercio puede pasar otra vez. Veremos si no aparece un frente Gargano de obstrucción.
Pero hay todavía otro tren que nos afecta: el tren tributario.
Más o menos en la misma época en que recibía la noticia del posible TLC con los EE.UU., el gobierno se dormía ante el anuncio de la OCDE de que se lanzaba a perseguir a los países que dieran cobijo a quienes no querían seguir bancando las altas cargas tributarias de los países ricos, fundamentalmente los europeos (EE.UU. acompañó calladito, sabiendo que se beneficiaría, con la supresión de Mónaco, Luxemburgo, Panamá, Las Islas del Canal y otros, Uruguay entre ellos). Así, sacudiendo las banderas (fallutas) del combate al tráfico de drogas y de armas, la OCDE le fregó la vida a una cantidad de países periféricos. A nosotros (muy ayudados por los gobiernos frentistas, que se tragaron la pastilla y quisieron ser los primeros de la clase), nos eliminaron una parte importante de actividad en el área de los servicios.
Pues bien, hoy el tren tributario —ahora fogoneado por el gobierno americano— anuncia que se nos viene a fondo, para pegarnos otro golpe, todavía mayor al anterior. Los países ricos van a ponerles impuestos a las multinacionales que producen en países pobres.
¿Qué tiene que ver todo esto con nosotros? Pues mucho.
Hace ya bastante tiempo que, ante una realidad de país caro y sobrerregulado, nuestros gobiernos basan su política de atracción de inversiones sobre mecanismos supuestamente excepcionales: las zonas francas y los regímenes de exoneraciones tributarias (COMAP, etc.)
El punto es que no se puede pretender que esto continúe sine die. En el fondo, es una ficción: si los inversores en actividades productivas —que emplean mano de obra— no pagan impuestos, ¿quien banca el costo de este país caro, deficitario fiscalmente y endeudado?
O agarramos esta vez el tren del comercio y, paralelamente, encaramos la necesidad de salir del cepo de encarecimiento en que vivimos, o la vamos a pasar mal.
Es ahí que el país debe poner el foco.
No sobre cómo paralizar al gobierno impugnando 135 artículos de una ley que nadie conoce o discutiendo por dónde se escapó el preso: si por la puerta o por el tejido.
Ignacio De Posadas