• Cotizaciones
    martes 23 de junio de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    “La Patria Chueca”

    Disfruto semanalmente de las columnas del Dr. Marcos Cantera Carlomagno, cuya gran mayoría comparto. Sus opiniones son controversiales y como tales sacuden, ejercicio más que saludable en esta sociedad semiadormecida.

    Me sentí absolutamente hermanado con su artículo “La Patria Chueca” en torno a la persona de Nelson Julio Maciel Rodríguez, alias “el chueco Maciel”. Hace más de cuarenta años yo dije lo mismo que él sostiene, para ser exactos, en julio de 1971. Para ser más exactos aún, no dije lo mismo, porque Cantera se ocupa de los ditirambos que sobre el personaje hicieron luego Viglietti y la murga La Soberana y yo, en 1971, me ocupé de los similares elogios que, en junio de ese año, escribió el Sr. Hugo Alfaro bajo el título “La otra cara del Chueco Maciel” (“Marcha”, N° 1.549 de 25/06/1971).

    El artículo de “Marcha” ocupaba dos páginas enteras centrales del semanario. El “Chueco Maciel”, un pobre muchacho del cantegril Plácido Ellauri, había sido muerto pocos días antes en un enfrentamiento con la Policía. Pero para “Marcha”, como se anunciaba desde el título, el “Chueco” tenía “otra cara” diferente a la que era de dominio público. Déjeme citarle algunas frases de esa nota: el caso de Maciel es “un caso límite, una injusticia en estado de pureza”; “cuando el individuo por fin sucumbe y roba... sobre todo cumple con una necesidad histórica del sistema: confirmarse como ladrón, como inadaptado social, como malviviente...”; “La vuelta a Plácido Ellauri (se refiere al cantegril con ese nombre) es su hora más gloriosa” (dicho esto después de la última de sus siete fugas de las comisarías, de los juzgados y del Consejo del Niño); “...el Chueco se limita a sentir la ebriedad de andar suelto al frente de una banda de compañeros con la que levanta barricadas y tiene en jaque a la Policía. Carencia de una base ideológica, espontaneísmo puro”; “Quizás ahora sepan (se refiere a los ‘compañeros’ del Chueco y a la gente del Plácido Ellauri) y deben agradecérselo al Chueco Maciel, que no se trata de ganarle a los botones una pequeña escaramuza y caer mañana, sino de ganarle la partida al régimen, lo que no será fácil pero sí inevitable”; “La gente está tratando de convertir la astucia y el coraje del Chueco Maciel en un instrumento consciente para el cambio y —ellos insisten— para la creación del hombre nuevo”.

    Como por razones de trabajo conocí personalmente al “Chueco”, mandé entonces una carta a “Marcha” puntualizando cosas: por ejemplo, el hecho de que este muchacho tenía en su haber seis hurtos consumados y varias tentativas, tres rapiñas consumadas y varias tentativas, siete fugas de los juzgados, Consejo del Niño y Hospital Pasteur y, por supuesto, andaba armado, lo que hoy es “normal” pero en 1971 no lo era. Dije también que los informes psiquiátricos señalaban “su absoluta incapacidad para solucionar sus conflictos” y finalmente lo calificaban como “débil mental” y “personalidad con rasgos psicopáticos”. Le preguntaba entonces al articulista cómo una persona de esas características podía ser considerado como un instrumento para la creación de un hombre nuevo y le advertía que calificarlo de “astuto”, de “Robin Hood” y convertirlo en una suerte de líder de los oprimidos, me parecía una distorsión imperdonable. Finalizaba diciéndole: “Los muertos y la miseria merecen un poco más de respeto”.

    Entregué la carta en la redacción de “Marcha” en manos propias al autor de la nota. La publicó en el número siguiente con una nota de redacción al pie donde, en medio de las legítimas discrepancias, afirmaba que yo escribía “desde la altura”, que era un “bienviviente” molesto por la aparición de estos malvivientes que se transforman en hombres nuevos y, finalmente, que era un soberbio. Cerraba Alfaro su respuesta diciendo: “Curiosa reacción la del lector. Ojalá no se trate de un joven”. Yo en aquel entonces era un joven, tenía 26 años, aunque para los bienpensantes políticamente correctos pensaba, según ellos, como un viejo.

    El mismo irrespeto, la misma mentira, el mismo uso indecoroso de la miseria ajena la hicieron después el cantor y la murga que Cantera cita en su nota. Pero antes que ellos, es bueno saber que desde las páginas de ese semanario histórico en varios sentidos que fue “Marcha” —cuya calidad y nivel están fuera de discusión y son hasta hoy objeto de legítimo culto—, desde esas páginas, digo, se bajó la “línea” política de la cuestión, luego recogida en las manifestaciones artísticas a las que Cantera alude. Nadie es perfecto.

    Cordialmente,

    Rodolfo Ponce de León

    CI 682.735-7