N° 1664 - 31 de Mayo al 06 de Junio de 2012
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPerogrullo, el personaje del siglo XV de asertos indiscutibles, lo repetiría hoy: las libertades, el desarrollo económico, las garantías individuales, la seguridad, la propiedad, la libertad de expresión y la vida dependen de la calidad del sistema institucional. De cómo y cuándo los gobiernos tomen las medidas adecuadas para garantizar esos derechos.
Seis siglos después expresaría otra verdad irrebatible: la seguridad humana —el conjunto de garantías que en un Estado de derecho hacen posible el desarrollo en un ambiente de libertad— impulsa, tutela y fortalece los derechos humanos; en Uruguay se destruyen sin soluciones.
Desde que en los últimos años el hampa comenzó a ganarle casi todas las batallas a la Policía, al gobierno y a la ley, se exigen soluciones. Sin embargo, algunos insisten en hacerse trampas al solitario mientras que diariamente les estallan bombas en las manos.
¿Soluciones? No, excusas baladíes. Que una docente y académica pretenda atemorizar con una dictadura si se combate la inseguridad con dureza para proteger a los ciudadanos es una estupidez y, además, patética.
Es que la politóloga y senadora del Movimiento de Participación Popular (MPP), Constanza Moreira, irrumpe con un nuevo dislate. El año pasado había pergeñado otro: “El Poder Judicial es un poder político y tenemos que aprender a entenderlo como un poder político del Estado, y no una suerte de poder autónomo. Tenemos una Justicia relativamente subordinada (…); la famosa autonomía de poderes no coloca a los tres poderes en situación de igualdad”. El Poder Ejecutivo “es el que manda”.
Eso es parte de un discurso totalitario que se va desenmascarando de a apoco: la primera senadora Lucía Topolansky acaba de exhortar a las Fuerzas Armadas a que sean “fieles” al proyecto del Frente Amplio.
En un contexto evasivo se ubican también la casi segura presidenta del Frente Amplio, la senadora socialista Mónica Xavier, y el ex presidente Tabaré Vázquez. Xavier le atribuye a la TV una “guerra sucia” contra el gobierno por difundir las imágenes del brutal asesinato en “La Pasiva”. Por lo mismo, Vázquez le pide a los medios “no fomentar el terror”. ¿Por qué no se lo explican a la multitud que protestó en Las Piedras por el homicidio de Camila Mondragón, a los centenares de uruguayos y uruguayas que manifestaron frente a la Torre Ejecutiva y a las viudas y a los hijos de los asesinados de cada día?
Barren debajo de la alfombra. Utilizan a los medios cuando les conviene, y cuando no, los descalifican mientras alientan indirectamente a la justicia por mano propia. Hasta que les toque.
Ahora Moreira apela falazmente al miedo. Advierte que si se tomaran medidas más severas para combatir la inseguridad los uruguayos corremos el riesgo de una dictadura.
Leo en “El Observador” sus declaraciones al diario “Crónica” de Mercedes: “Se está haciendo todo lo que se puede; es poco pero igualmente se seguirá trabajando”. Perogrullo, ¡un aprendiz!
Para angustiarnos, agrega: “Seguramente lo que se haga, siempre va a ser escaso para satisfacer la necesidad de seguridad de las personas a menos que pasemos a tener un estado dictatorial”. ¿Admite que no se podrá combatir a la delincuencia? ¿Que si se hace corremos el riesgo de que el Estado se convierta en una dictadura? ¿Que la única forma de proteger la vida y los bienes de los uruguayos es mediante un quiebre institucional? ¿Que es preferible continuar con las rapiñas y los asesinatos en lugar de combatir con energía a los delincuentes?
Estoy seguro de que no es eso lo que piensan el presidente José Mujica ni el ministro del Interior, Eduardo Bonomi.
En los años 30, Sigmund Freud sostuvo que algunas personas, ante hechos traumáticos de origen social, luego del estupor inicial, padecen un embotamiento, el abandono de toda expectativa o formas de narcotización de la sensibilidad frente a los estímulos desagradables. Parece ser el caso: embotada, narcotizada y sin sensibilidad, Moreira apela a la demagogia y a la verdad única.
Debido a que tanto en éste como en otros temas carece de argumentos, la senadora busca atemorizar o responde con vaguedades. O no responde: “Frente Amplio no contesta. Senadora y diputado.2012” http://www.youtube.com/watch?v=fBrOZlpbwV0
En este video, un vecino aclara que votó al Frente Amplio y con energía pero buenos modos le plantea a Moreira y al diputado Ruben Martínez Huelmo (Espacio 609) varias preguntas. La indiferencia de Martínez Huelmo es sorprendente.
Moreira mira al vacío, come algo, se chupa los dedos y luego, displicente, se quita restos de entre los dientes con una uña. Pero no responde. Cuando uno de los organizadores advierte la incomodidad de los legisladores expulsa al “intruso”. Aduce que era una reunión para vecinos frenteamplistas. Y el hombre se va. Ni Martínez Huelmo ni Moreira intervienen para evitarlo. ¿Dictadura, dijo?
¿Qué certeza profesional puede ofrecer Moreira como politóloga? ¿Qué partido, empresa u organización social confiaría en sus diagnósticos si perdiera su banca en 2014? Simple futurología, porque en política también hay una verdad de Perogrullo: de la corteza del alcornoque se obtiene el corcho y siempre flota.