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    “Ni la Mesa Política del Frente Amplio ni los sindicatos”; el que gobierna es Tabaré Vázquez y no está solo, advirtió Sendic

    El vicepresidente considera que la corrupción y la crisis económica en América Latina hacen que la situación actual sea más complicada que la registrada en la crisis de 2008

    Tiene confianza y un diálogo fluido con Tabaré Vázquez y José Mujica, el actual y el anterior presidente y los dos líderes políticos de Uruguay más importantes en este momento. Es vicepresidente de la República luego de haber encabezado el sector más votado en las elecciones internas del Frente Amplio. Su nombre se repite cada vez que surgen los posibles candidatos presidenciales para 2019. Desde ese lugar de privilegio es que hoy habla Raúl Sendic. Lo asume con calma y asegura que allí se originan muchas de las críticas que recibe.

    En su despacho del primer piso del viejo Palacio Legislativo, Sendic recibió a Búsqueda en la tarde de ayer miércoles con una intención clara: establecer con firmeza la posición del gobierno ante el conflicto con los gremios de la educación.

    Eso sí, no habló solo de eso. Le preocupan los problemas registrados los últimos días en la enseñanza, pero más todavía la situación económica por la que atraviesa Uruguay. Para el vicepresidente, el momento actual es peor a la crisis por la que atravesó el país en 2008 y se vienen tiempos muy difíciles.

    Por eso, lo importante es dejar muy claro que el que “gobierna es el gobierno” y no los sindicatos o la Mesa Política del Frente Amplio. Eso es lo que buscó lograr el Poder Ejecutivo en el reciente conflicto con los gremios de la educación.

    “¡Acá no puede haber dudas! El gobierno dialoga, el gobierno tiene en consideración todas las posiciones, se pueden instalar todos los ámbitos de negociación posibles, pero hay una decisión de no resignar la responsabilidad que tenemos de gobernar. ¡No le vamos a ceder a nadie la responsabilidad de tomar decisiones y de gobernar!”, enfatizó.

    Sendic considera además que Vázquez no está debilitado como consecuencia del conflicto con los sindicatos ni tampoco se encuentra solo. Es más, asegura que en los últimos días mantuvo una comunicación fluida con la dirección del Frente Amplio y también con varios legisladores, incluido Mujica, con los que habla frecuentemente.

    —¿El ejercicio del cargo de vicepresidente es como se lo esperaba?

    —Me ha costado adaptarme a esta nueva etapa. No es fácil dirigir la sesión parlamentaria sin poder intervenir. Me cuesta muchísimo, porque sobre la mayoría de los temas que se tratan tengo una posición. También en esta primera etapa falta un componente que pienso agregar, que es el de mayor salida a la calle y contacto con la gente. Estuve demasiado absorbido por los primeros trabajos de la nueva administración, los primeros proyectos de ley que generaron discusiones internas en la fuerza política, todo el tema de la gestión de Ancap, la elaboración del Presupuesto y aceitar la relación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Soy de los que siempre me he propuesto que la tarea de acá sea de mucho contacto con la gente. En situaciones difíciles entiendo que tiene que haber alguien en representación del gobierno y por eso ahora voy a salir más. Pongo como ejemplo lo que pasó con la manifestación de los maestros en el Palacio Legislativo. Ahí tengo que estar y por eso salí a dialogar y a escucharlos.

    —¿Se siente cómodo en la negociación política en el Parlamento?

    —Sí. Iniciamos una muy buena construcción del diálogo con la oposición. Hay un ida y vuelta sobre los proyectos. La relación del gobierno con la oposición pasa por el vicepresidente. Es una realidad y es parte del papel que estamos jugando. También como nexo entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. Con la bancada del Frente Amplio pasa lo mismo. Tenemos una bancada compleja y muy diversa a nivel de diputados, donde muchos están haciendo su primera experiencia. En los senadores hay una gran experiencia. Eso hace una bancada de liderazgos y le da calidad, pero también hace que uno tenga que estar todo el tiempo coordinando y negociando con compañeros.

    —No hay parlamentarios que respondan directamente al presidente Vázquez. En el primer gobierno del Frente Amplio el presidente estaba dentro del Partido Socialista y en el segundo Mujica tenía a los legisladores del MPP. ¿La situación actual no dificulta el trabajo parlamentario para el Poder Ejecutivo?

    —Es cierto que el presidente no tiene un sector político que le responda directamente dentro del Frente. Lo que sí hay es que él tiene un peso muy importante en el conjunto de la bancada por su propia experiencia política y su liderazgo. Cuando el presidente llama o interviene en alguna discusión, eso tiene mucho peso. Yo muchas veces transmito a la bancada determinadas cosas que hemos conversado o discutido con el presidente y sé que su opinión es tomada en cuenta y tiene mucho peso. Pero está claro que la bancada tiene una mayoría del MPP, que tiene su propio lineamiento. Está otro grupo que responde al FLS, y dentro del Partido Socialista hay distintas corrientes. Cada cosa requiere diálogo y acuerdo. No es un grupo de obsecuentes. La bancada tiene su vida propia y su propio posicionamiento. Hay que conversar permanentemente.

    —¿Mantiene un diálogo fluido con Vázquez?

    —Sí. Hablamos casi todos los días.

    —Diversos actores políticos aseguran que el presidente está quedando solo y que faltan puentes con el Frente Amplio y con la bancada parlamentaria. ¿Comparte esa visión?

    —No. Su posición es muy respetada. Él se relaciona también directamente con varios de los dirigentes del Frente. Con la coordinadora de la bancada de Diputados (Susana Pereyra) habla con cierta periodicidad. Habla con los ministros, con los senadores. En el actual gobierno hay una diferencia significativa y es que en el primer gobierno de Vázquez el gabinete era casi la Mesa Política. Este gabinete no es un grupo de ministros que tenga atrás cada uno su sector político. Fueron elegidos por su experiencia en determinadas áreas. El gabinete funciona muy bien. Ha ido aceitando su funcionamiento. Se dan discusiones de diversos temas de forma muy franca y sincera, donde se plantean todas las posturas. Se ha madurado el funcionamiento. Al principio creo que hubo como una especie de pelea de perfilismos entre algunos de los ministros. Eso se fue puliendo y todo el mundo se amoldó.

    —¿Le sorprendió la magnitud del actual conflicto en la educación?

    —Sí. Igual, pensé que el conflicto iba a durar mucho más. De la forma en la que se planteó originalmente, y teniendo en cuenta las primeras reacciones, pensé que íbamos a tener un conflicto de larga duración. Posiblemente si no hubiese sido (Ernesto) Murro el ministro de Trabajo, una persona que maneja muy bien el diálogo, las cosas no se hubiesen encaminado. Aunque aún no está todo resuelto. Mientras esté en discusión el Presupuesto, siempre hay posibilidades de conflicto. Fue muy importante la posición que tuvo el PIT-CNT. Pero no ayudó el posicionamiento o el perfilismo en la interna del Frente Amplio en un momento clave y de negociación del gobierno. Creo que hubo una primera posición del secretariado del Frente Amplio muy positiva. Pero después empezó a haber posiciones particulares de los sectores que no colaboraron cuando lo que está en juego es algo tan importante como la educación y que se restablezcan las clases. Queda como enseñanza para el futuro dejar que el gobierno actúe. El perfilismo o el hecho de que los sectores hayan planteado sus posiciones públicamente no facilita la búsqueda de solución en un momento de tensión.

    —¿El presidente y el Poder Ejecutivo quedaron dolidos con la actitud asumida por el Frente Amplio?

    —No, el presidente estuvo en contacto muy directo con el Frente. El viernes pasado, cuando el Frente Amplio empezó a analizar el tema, el presidente Vázquez se comunicó directamente con la Mesa Política y creo que eso fue positivo. Es un tema que tenemos que profundizar: cómo se relaciona la fuerza política con el gobierno. Hay que seguir madurándolo. Una cosa que queda clara en relación a este conflicto es que estamos hablando de la educación, que es uno de los desafíos más importantes que tiene el país. Segundo, estamos privilegiando el derecho de todos los niños y estudiantes a tener clases, cuidando siempre que haya instancias de diálogo entre el gobierno y los actores involucrados en cada caso. Estamos, a su vez, cuidando con responsabilidad la herramienta de la esencialidad, que el gobierno tiene que tener a mano para determinadas situaciones. Y el último punto es que el que gobierna es el gobierno. ¡Acá no puede haber dudas! El gobierno dialoga, el gobierno tiene en consideración todas las posiciones, se pueden instalar todos los ámbitos de negociación posibles, pero hay una decisión de no resignar la responsabilidad que tenemos de gobernar. ¡No le vamos a ceder a nadie la responsabilidad de tomar decisiones y de gobernar! Eso corresponde al gobierno. ¡No gobierna nadie más que el gobierno! No gobiernan los sindicatos, ni los gremios, ni la Mesa Política (del Frente Amplio). Gobierna el gobierno, que es el que fue elegido por la ciudadanía para gobernar y asume toda su responsabilidad.

    —El haber decidido la esencialidad de la educación y luego levantarla sin que los gremios hubieran finalizado la huelga fue interpretado como una debilidad del gobierno. ¿Comparte esa apreciación?

    —Primero: esto no fue pensado nunca como una pulseada entre los gobiernos y los sindicatos. Sería mezquino y menor que se planteara de esa manera. No es un partido de fútbol para ver quién gana. La herramienta de la esencialidad es planteada como una señal muy fuerte de que estamos priorizando la educación y el derecho de los estudiantes a recibir clases. Por otro lado, cuando se resuelve levantar la esencialidad se hace sobre la base de un avance importante en las negociaciones que garantizaba que en los próximos días se instalaban las clases. Hubo un acuerdo firmado. Partimos de la base de que eso se cumplía. Así como el gobierno lo cumple —y queda como un precedente que el gobierno va a cumplir cada uno de los acuerdos— del otro lado esperamos que lo cumplan. Estoy seguro que en estos días se normalizarán las clases en todo el país. Eso abre la instancia de diálogo profundo que se necesita sobre la educación. No creo ni que fue una debilidad de los sindicatos ni del gobierno. Fue un pacto al que se llegó después de intensas negociaciones, donde las puertas siempre estuvieron abiertas.

    —Con el diario del lunes, ¿no le parece que establecer la esencialidad fue apresurado?

    —Sí fue apresurado, fue apresurado por unas pocas horas. Si no era el lunes al mediodía era el lunes de noche.

    —Ante la posibilidad cada vez más inevitable de un recambio generacional en el Frente Amplio, usted aparece como uno de los principales candidatos presidenciales para 2019. ¿Cree que eso incidió en que se haya instalado una comisión investigadora de Ancap en el Senado?

    —(Piensa unos segundos) Sí, creo que sí. Igual en el Frente hay varios compañeros que pueden ser candidatos en el futuro. Porque no va a ser fácil para el Frente adaptarse a la sustitución de algunos liderazgos. Vamos a necesitar mucha unidad, mucha fraternidad entre los distintos posibles candidatos para poder administrar ese recambio sin mayores dificultades. Si dijera que la investigadora de Ancap no tiene nada que ver con un tema electoral, sería una hipocresía. Estoy convencido que falta mucho de aquí a las próximas elecciones, y el objetivo es que tengamos un buen gobierno, porque si no, no ganamos las elecciones. Ya tuvimos una crisis en el año 2008 que golpeó al Uruguay, pero quizá la situación actual sea uno de los desafíos más grandes que tiene el Frente. Ahora hay que administrar una crisis instalada en el mundo y que va a afectar mucho a Uruguay.

    —¿La situación es peor que la del 2008? 

    —Sí. En aquel momento la región quedó más pareja en un enlentecimiento, pero no hubo una caída tan importante de las economías. Ahora estamos en una situación un poco más complicada. Además tiene un elemento nuevo, la corrupción, que es uno de los enemigos más importantes que tienen los procesos democráticos en América Latina, y eso genera un descreimiento muy importante en la población. Prefiero no hablar de casos concretos, pero eso existe y afecta.

    —¿Incluye a Uruguay en la lista?

    —En Uruguay, los partidos todos damos una batalla contra la corrupción. Puede haber habido personas, pero no hay partidos corruptos. Y tenemos que ser cuidadosos de que ese flagelo no entre en la sociedad, porque eso mina cualquier proceso. Si no tengo para comer y sé que los dirigentes o los cuadros de gobierno tienen los depósitos en Suiza, estamos en el horno, no hay quién crea en nada. Esa situación genera un desgaste que se está viviendo en América Latina y que se suma a las dificultades económicas que el continente tiene.