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    “No hay duda de que la currícula es como un corsé para la educación”

    Hay 225 millones de niños en el mundo que no están en el sistema formal de enseñanza, que no van a la escuela o asisten a clases de 80 alumnos. “¿Cómo hacen para aprender así? ¡Imposible!”, plantea Sidney Strauss, referente educativo que dedicó un cuarto de siglo a estudiar cómo el cerebro enseña desde la niñez

    A escala mundial abundan investigaciones sobre cómo aprende el cerebro, pero no existen demasiados estudios enfocados en cómo el cerebro enseña ni en cómo lo hace desde la infancia más temprana.

    A entender cómo funciona el cerebro en el proceso educativo, cómo ha sido su evolución histórica y cómo “los niños enseñan naturalmente” ha dedicado un cuarto de siglo el maestro Sidney Strauss, doctor en Educación por la Universidad de Berkeley, profesor emérito de la Universidad de Tel Aviv y ex jefe científico en el Ministerio de Educación de Israel.

    “A desintoxicar la mente de los paradigmas educativos generados en torno a la enseñanza formal” invita Strauss, uno de esos referentes en materia educativa internacional —pionero en incluir las neurociencias en el estudio de la enseñanza y el desarrollo infantil— que suelen hablar sencillo, sin jerga de experto.

    Strauss es cordial, locuaz, de fino humor, y así trata de explicar cada detalle de cada teoría, pero al fin dice que esto es tan fácil como comprender que todo ser humano tiene la capacidad natural de enseñar, y el niño como el que más.

    Así lo transmitió en una entrevista con Búsqueda y luego en una conferencia organizada el martes 16 por la Fundación Telefónica Movistar titulada Enseñar, naturalmente, y días después en el Congreso Uruguayo de Ciencias Cognitivas y el II Simposio de Educación, Cognición y Neurociencia, que reunió a 500 especialistas ocupados en cómo mejorar la educación.

    —En el contexto educativo los académicos han investigado mucho sobre cómo aprende el cerebro, pero usted se ha dedicado a estudiar cómo enseña. ¿Por qué optó por eso y a qué conclusiones llegó?

    —La mayoría en el mundo académico cuando piensa en educación piensa en aprendizaje, en cómo aprende el cerebro, cuando el propósito de la educación, por lo menos en la situación escolar occidental, es provocar el aprendizaje en los niños. Durante muchísimos años ha habido muy poca investigación científica acerca de la enseñanza, de cómo enseñar. Por ese y otros motivos he estado trabajando en esto los últimos 25 años y esta ha sido mi mayor contribución: centrar la investigación en cómo se enseña. Me interesa describir el ADN de la enseñanza, de qué está hecho el proceso de enseñar. No entraré en grandes detalles, pero resumiré mis ideas generales en una: todos los individuos enseñamos, porque enseñar es una habilidad humana cognitiva natural que se manifiesta desde la infancia, y esto lógicamente tiene implicancias en el terreno educativo.

    —Usted plantea la enseñanza como una habilidad humana cognitiva natural, que la docencia no se limita a educadores adultos formados. ¿Cuál es la naturaleza de la enseñanza y cómo se manifiesta en la niñez? 

    —Prácticamente todo el mundo enseña. Abundan los ejemplos de maestros no profesionales que enseñan: hombres que enseñaban a usar cabezas de flechas de piedra en una sociedad de cazadores hace 400.000 años; mujeres analfabetas de aldeas tribales indias que enseñan coser blusas. Si usted observa con atención un recreo de una escuela verá que los niños desde pequeños pasan enseñándose cosas entre pares. Los niños de tres años no aprenden en la escuela a cómo usar las tablets, pero igual aprenden mediante una interacción muy compleja. Los niños enseñan, aunque no les enseñaron a enseñar, hay algo natural que le permite enseñar a sus pares; por ejemplo, mediante la demostración. Entonces, los niños enseñan al igual que nuestros antiguos ancestros, sin escuelas ni maestros, por eso digo que enseñar es una habilidad humana cognitiva natural y que el maestro es también un aprendiz y el aprendiz un maestro.

    —Yendo al sistema de enseñanza formal, si el maestro o docente enseña al aprendiz y viceversa, ¿qué implicancias educativas tiene eso en el aula?

    —La enseñanza es una forma de comunicar y un proceso complejísimo que implica transmitir información, pero a la vez un emparejamiento del conocimiento. Los académicos suelen hablar de que enseñar es transmisión de información de uno a otro, como una suerte de recipiente donde se vuelcan los conocimientos. Pero la enseñanza es mucho más; se parece a espejos en que se reflejan unos con otros. No somos computadoras que se pasan información; al enseñar hay habilidades, destrezas, actitudes que comparten docentes y alumnos. Enseñar también implica un emparejamiento de emociones y motivaciones del docente y de los alumnos.

    —Usted invita a “desescolarizar las mentes” en el sistema educativo. ¿Qué quiere decir con eso? 

    —En la academia todos tenemos la idea de que el maestro debe ser un adulto formado para enseñar y que el que aprende es el alumno. Ese es el cliché. Pero hay 225 millones de niños en el mundo que no están en el sistema formal de enseñanza, que no van a la escuela y otros que van a escuelas donde hay un solo maestro para 80 alumnos en un mismo salón. ¿Cómo hacen para aprender así? ¡Es imposible! En los países más ricos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) el promedio es de 21 alumnos por maestro; mientras que en la República Centroafricana el promedio es de 80, en Malawi, de 74, en Chad, de 61, en Ruanda, de 59… En Uruguay son 25 o 28, y se quejan y con razón. Pero si vemos lo que sucede en otras partes del mundo… Después de dos años de escolarización en esos países un alto porcentaje de alumnos no pueden leer ni una sola palabra: 84% en Malí, 58% en Gambia, 29% en Honduras… Esto es un desastre. Por eso planteo: ¿qué pasa si juntamos a los niños escolarizados con los que no están escolarizados en vez de pensar en un maestro para 80 alumnos por clase? Por eso hablo de desescolarizar la mente. Demos vuelta el esquema. Pensemos en una escuela que dedique tiempo y espacio, dos o tres horas semanales, a que unos niños enseñen a otros niños como parte de la currícula.

    —¿Existe evidencia empírica de esto que plantea en otros países?

    —Hay experiencias en Estados Unidos, Alemania, Inglaterra y Australia, y los resultados han sido exitosos hasta cierto punto.

    —Precisamente, Uruguay está discutiendo cambios en su currícula. ¿Cómo encajaría esta idea de enseñanza en las aulas uruguayas?

    —Si prestamos atención a las expresiones que suceden en milisegundos en una clase podemos estimular la enseñanza entre pares. Esto lo pueden hacer maestros y niños en Uruguay o en Israel. Hay cosas que los maestros podemos hacer para mantener la atención si leemos los estados emocionales de los alumnos y potenciamos su habilidad de enseñar. En la enseñanza humana occidental hay un contexto de enseñanza, una transferencia de información y una evaluación. Pero no son fases aisladas, suelen superponerse, y uno como maestro debe estar atento a lo que comunican los niños: mirar a los ojos, atender los gestos, el lenguaje corporal y ver si están interesados, y estimular la enseñanza entre pares.

    —¿Pero la dificultad está en la currícula o en los programas educativos donde se suele sobrevalorar el contenido a enseñar en vez de desarrollar otras habilidades en las que el docente pueda sentirse más libre de observar y estimular esta enseñanza-aprendizaje entre pares?

    —No hay duda de que la currícula es como un corsé para la educación. Pero esto ya es materia de los expertos en las distintas disciplinas. Mi aporte es en el área de la pedagogía y de la didáctica. Lo que digo es que cuando la cosa va bien en clase hay una suerte de conexión o de comunión entre docente y alumno, y cuando esto sucede es una sensación increíble.

    —Pero otra implicación es la formación docente, y usted es un referente. ¿Cómo debería enseñar el maestro?

    —No lo sé. El maestro tiene el poder sobre sus alumnos y éticamente no debería abusar de ese poder, que es parte fundamental del desarrollo intelectual y emocional de sus alumnos. Uno espera que el maestro no se aproveche de ese poder, sino que haya una voluntad de su parte de compartir su conocimiento y también por parte de quien aprende. Los docentes deberían recibir una capacitación en sensibilidad para escuchar a sus alumnos. Hoy en las aulas hay un desequilibrio en el poder conferido al maestro. Si yo creo que el alumno aprende a través de la repetición, la forma en que voy a enseñar es a enseñar mediante la repetición. Creo que hay que buscar la conexión con el alumno. La enseñanza puede ser espiritual si las cosas funcionan bien. Y esos son momentos increíbles que suceden entre quien enseña y quien aprende, sea un adulto o un niño.

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