N° 1907 - 23 de Febrero al 01 de Marzo de 2017
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl gobierno paraguayo no anda viajando a países fríos y lejanos para mendigar inversiones, ofreciendo exoneraciones de impuestos, regímenes especiales de zona franca, inversiones en infraestructura y otras promesas imposibles de cumplir. A Paraguay los inversores vienen solos.
¿Y qué es lo que atrae a los inversores? Para empezar, vamos a desmitificar el perfil de un “inversor”, que el común de los mortales lo ve como un multimillonario despiadado y explotador, compartiendo con ustedes este mail de un uruguayo que quiere irse de Uruguay y venir a Paraguay:
“Vivo en la ciudad de Dolores (Uruguay) y tengo una pequeña panadería. Le vendo a los comercios: pan, malteadas, masas secas y otras cosas, pero mi idea es irme lo antes posible después de que pueda vender unos bienes que tengo y poner alguna empresa en Paraguay, porque la vida acá en Uruguay ya se hace insostenible y veo que Paraguay está en pleno desarrollo y el costo de vida es muchísimo más bajo que el nuestro”.
Este buen ciudadano, trabajador, emprendedor, que no vive del Estado sino de si mismo, casado y con hijos, no parece ser un “imperialista” ni un “explotador”. Sin embargo, busca para él y su familia lo mismo que buscan los inversores millonarios: seguridad, reglas claras, bajos impuestos, costos de energía accesibles y una mano de obra que trabaje con eficiencia y responsabilidad. Uruguay no ofrece, hoy, nada de esto.
En Paraguay “explotaron” en los últimos dos años, las inversiones bajo el régimen de “maquila”, que consiste en una empresa del exterior que se instala en Paraguay, para exportar a su casa matriz u otros destinos y solo paga de impuestos el 1% del valor agregado en la exportación.
Bajo el régimen de la ley 60/90, las empresas pueden traer todas las máquinas y equipos que necesiten para montar su producción, incluso pueden traer equipos usados, sin pagar impuestos.
Pero lo más interesante es el régimen general impositivo, el famoso “10-10-10”: 10% de IVA, 10% de impuesto a la renta empresarial y 10% a la renta personal. Pero con una gran diferencia: es un impuesto “real” a la renta, es decir, la diferencia entre ingresos y egresos. Todos los gastos que uno hace, desde la compra de un auto hasta un helado, se deducen. No como el IRPF uruguayo que es un impuesto a los ingresos.
Además, la mano de obra en Paraguay es abundante y bien dispuesta. El 70% de la población es menor de 35 años y la inmensa mayoría quiere salir adelante por sus propios méritos. Es saludable ver cómo la gente común y corriente, literalmente, se indigna cuando escucha de los “Planes Trabajar” de los Kirchner o los subsidios del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), donde tienen a miles de personas comiendo de la mano del Estado sin hacer nada a cambio.
Que los políticos uruguayos se dejen de pasear por el mundo tratando de “vender” Uruguay y se concentren en hacer lo que hay que hacer puertas adentro: eliminen los monopolios, terminen con las empresas públicas, liberen el mercado laboral, reduzcan la carga impositiva, despidan empleados públicos municipales que sobran en todas las intendencias, controlen a la patota sindical y eliminen burocracia, y verán cómo alemanes, rusos, finlandeses o chinos, harán fila en migraciones para venir, y no para irse como nuestro compatriota de Dolores.