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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHace pocos días se dio a conocer el Informe Latinobarómetro 2016, el que advierte sobre un “declive de la democracia”, según revela la opinión pública de los países de la región. En lo que al nuestro concierne, muestra indicadores que reflejan el sentir de los orientales respecto a la actitud del Estado y a la aptitud de los gobernantes, para afrontar los graves problemas sociales que atraviesa el país.
Nos indica que al 47% de la población “no le importa (tener) un gobierno no democrático, si (le) resuelve los problemas”, no siendo difícil de inferir a qué problemas se refieren los encuestados: educación, inseguridad, salud, desempleo, decadencia social, etc. Asimismo, indica que el 71% de la población pide “mano dura” para gobernar, dato que se respalda en otro, más que significativo, dato: un 58% de los encuestados prioriza el “orden”, frente a un 39 % que lo hace por “libertad”.
Ahora bien, ante la evidencia constatada por connotados cientistas políticos y sociales de la región, a su vez patrocinados por organismos internacionales como la OEA, el BID y el PNUD, entre otros (para nada vinculados a “la derecha”, a las “FFAA”, o a “Plan Cóndor” alguno), es preciso decodificar el mensaje.
Entonces, ¿qué entender por un “gobierno no democrático” que le solucione los problemas a la gente? Ciertamente, a pesar de su indignación e impotencia, los encuestados no se refieren a un gobierno autoritario. Menos aún a uno dictatorial. Indudablemente se refieren a un gobierno en que el Presidente (con mayúscula…) ejerza y haga ejercer la “autoridad” (a todos los niveles y en todos los ámbitos) que, en una democracia representativa como la nuestra, el voto popular le confiere. Seguramente, hablan de un gobierno que les asegure el derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad, así como que también exija el cumplimiento de los deberes a todos los ciudadanos, tal como lo establece la Constitución de la República. Indudablemente, quieren un presidente que, en el acierto o en el error, tome decisiones. Quieren un presidente que gobierne.
¿Cómo interpretar a ese 71 % que pide “mano dura”? sino como, más que una demanda, una súplica de buenos ciudadanos que aspiran a poder gozar del derecho a estudiar, trabajar, desarrollarse, divertirse y descansar en paz. Sucede que, históricamente, cuando los pueblos reclaman “mano dura”, no piden ni abuso ni exceso de autoridad. Le están pidiendo a su gobierno que actúe, que haga algo. Que gobierne, y que lo haga con “mano firme”, para evitar que la situación se le “vaya de las manos”. Estos indicadores expresan el sentir de la ciudadanía, respecto a la falta o equívoca reacción del gobierno ante a los problemas que vive el país. Problemas que están identificados, diagnosticados y exigen soluciones ya.
¡Gobierne usted, señor presidente! y ¡hágalo con la autoridad que le confirieron y le demandan sus votos! Eso, piden los números…
Luis Eduardo Maciel Baraibar