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La Ley de Urgente Consideración aprobada en julio a iniciativa del gobierno añadió al Código Penal la sanción con una pena de seis meses a tres años de cárcel a quien se “resista” de forma “física” a un arresto o intente impedir la detención de otra persona.
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Algunos especialistas plantearon la curiosidad de que se haga referencia específica a la resistencia “física”, ya que entienden que no hay otro modo de hacerlo. Por otra parte, advirtieron sobre los riesgos que puede implicar la sanción para quienes se quieran oponer a un arresto injusto o ilegítimo, tanto propio como de terceros.
“¿Qué es esto de resistencia física al arresto? Perdonen la vulgaridad, pero ¿hay una resistencia verbal al arresto? Hay que ser muy persuasivo para convencer a un oficial de que no lo detenga por la vía de la mera verbalidad. La resistencia al arresto es siempre física, incluso la huida”, planteó el abogado Julio Lens, coordinador académico de la maestría en Derecho Procesal Penal de la Universidad Católica.
Por otra parte, “¿cómo resolvemos el arresto injusto?”, planteó. “¿Esto es una toma de partido del legislador uruguayo de que usted no puede discutir el arresto? ¿Y si lo discute en todo caso va a incurrir en una figura de resistencia al arresto? ¿O simplemente es una punición concreta sin carga ideológica? Me costaría pensar que no la tenga”, opinó.
En ese sentido, mencionó como ejemplo la situación en Estados Unidos, donde la penalización de la resistencia al arresto se convirtió en “una herramienta formidable de persecución racial”.
“Ojo, porque aquí se puede estar colando una criminalización sectorial. (…) Ojo, porque en Estados Unidos el problema subyacente ha sido la raza, pero en nuestro país quizás no venga por ahí, pero el diablo meta la cola por otro lado, y la aplicación sectorizada de estas figuras ataque a otro colectivo vulnerable”, agregó.
“¿Es una herramienta a favor de reducir la violencia? ¿O es un escalamiento?”, planteó. E insistió: “Al lado de cada caso de brutalidad policial, de exceso en el uso de la fuerza, hay un pretexto de que la persona se resistía al arresto. Es el caso de George Floyd y tantos otros que han muerto bajo el pretexto de que se estaban resistiendo al arresto”.
“No hay duda de que pretende ser un instrumento en pos de la actuación policial, un espaldarazo y un acto de confianza a la actuación policial”, señaló, pero “ojo en cuanto a la consecuencia de la aplicación práctica de esto”, cerró.