“Uruguay es un país con un Estado de estructura socialdemócrata”, y eso no logran cambiarlo ni los gobiernos blancos ni frentistas

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Nº 2104 - 30 de Diciembre de 2020 al 6 de Enero de 2021

Se enciende la cámara y aparece en la pantalla el expresidente colorado Julio Sanguinetti. De camisa, corbata roja y pantalón de vestir. Impecable, como siempre. Sentado en medio de una habitación con bibliotecas repletas de libros a cada uno de los lados y una pintura en la pared trasera, sobre una estufa a leña. Domina el espacio, juega de locatario. Ese es su lugar desde hace ya meses, su “nueva residencia”, como él mismo dice. “No la de Punta Carretas, sino la de Zoom”.

Pero no hay casi diferencias entre el Sanguinetti actual, en su burbuja anticoronavirus, y el que hace un poco más de dos años se refería al entonces candidato presidencial Luis Lacalle Pou como “prepresidente” en la redacción de Búsqueda, durante un encuentro entre ambos organizado por la Escuela de Periodismo del semanario. Esa tarde del 4 de diciembre de 2018 Lacalle Pou y Sanguinetti delinearon en dos horas de charla las bases de la futura coalición de gobierno, que luego sería encabezada por el primero y apadrinada por el segundo. Hoy, luego de una entrevista de más de una hora con Búsqueda, queda claro que los roles no han cambiado.

El dos veces presidente asegura que habla en forma frecuente con Lacalle Pou por teléfono, que el presidente lo atiende “cada vez que es necesario” y que por eso no precisa ir a visitarlo para sacarse “la foto en la puerta” de la Torre Ejecutiva.

Sostiene que “Uruguay es un país con un Estado de estructura socialdemócrata” y que eso no lo pudieron cambiar ni los gobiernos del Partido Nacional ni los del Frente Amplio, por más que anunciaron previamente que lo harían. Tampoco lo hizo la actual administración, a la que define como “de centro”, y sostiene que se basó en esa fuerte presencia estatal para luchar contra la pandemia de coronavirus.

Sobre la coalición a cargo del Poder Ejecutivo, Sanguinetti trata de mostrarse optimista, aunque advierte que Cabildo Abierto es un partido “poco previsible” y que es imposible vaticinar si la alianza gubernamental se mantendrá hasta el final del período. Acusa además a la colectividad liderada por el senador Guido Manini Ríos de favorecer “una herida muy fuerte a la credibilidad del país” con su proyecto de ley forestal votado en la Cámara de Diputados con el Frente Amplio y se manifiesta a favor de que Lacalle Pou lo vete si es aprobado por el Senado.

¿Qué balance hace del primer año de gobierno?

—Este ha sido un año en que lo imposible se ha hecho posible. Aquello que era impensable para esta sociedad científica y tecnológica ha ocurrido. El fantasma de una plaga, que parecía de los libros medievales, ha vuelto. En medio de esa crisis mundial, en Uruguay se estrenó un nuevo gobierno. El gran desafío es que ese gobierno tenía que cambiar su manual para enfrentar una situación para la que no estábamos preparados. La respuesta fue adecuada sobre una definición filosófica que pasaría a ser muy importante después de los meses, y que fue la de la libertad responsable. Eso singularizó al gobierno de Lacalle Pou frente al de Argentina y a otros del mundo, que hicieron un uso excesivo de la autoridad.

¿La “libertad responsable” no dejó en un segundo plano el accionar del Estado?

—Al contrario. Hubo una fuerte respuesta social que resultó para alguna gente inesperada frente a un gobierno que preside un político del sector históricamente conservador del Partido Nacional. Eso es muy importante. Uruguay dio una fuerte respuesta con sus instituciones históricas. Uruguay es un país con un Estado de estructura socialdemócrata. A veces desde afuera no se entiende y dicen que ganó un gobierno más conservador o más de izquierda. Pero uno y otro tienen que administrar una estructura socialdemocrática y en ese aspecto la respuesta fue fuerte y efectiva. Hoy el país está padeciendo la misma ola de coronavirus que se ha difundido en el mundo como un segundo tsunami, con un resultado todavía en curso. Pero el balance es el de un gobierno que estuvo a la altura del desafío.

Varios dirigentes de la oposición han planteado que este es un gobierno de corte herrerista, lo que sería distinto a ese enfoque socialdemócrata que usted plantea. ¿Comparte esa caracterización?

—Es que el Estado es socialdemócrata y esa es la base sustantiva del país. La intentó cambiar el Partido Nacional cuando llegó en 1952 por primera vez en el siglo XX al poder diciendo que iba a terminar con el Estado batllista y también el Frente Amplio cuando ganó en 2004 diciendo que iba a sacudir hasta las raíces de los árboles. Pero no la cambiaron. Todos administraron el país dentro de esas estructuras básicas de un Estado socialdemocrático, liberal, de derecho, de separación de poderes, de respeto a la propiedad privada y de libertad comercial.

¿Y el gobierno blanco encabezado por Luis Alberto Lacalle Herrera tampoco realizó cambios significativos en ese sentido?

—No. Eso no ha sido posible. Por suerte, desde mi punto de vista. Hablar además de que el actual es un gobierno herrerista es una falsificación del lenguaje. Primero porque habría que hacer una caracterización del herrerismo como fenómeno histórico. Segundo porque no se puede ignorar que el presidente hizo toda su campaña sin invocar al herrerismo. Se instaló en Aparicio Saravia, en la figura del revolucionario romántico, muerto como todo héroe romántico en un combate perdido. No hubo ninguna invocación al herrerismo, ni formal ni sustancial. Este es un gobierno de centro, integrado por partidos con matices diversos, en el cual se administra un Estado de las características que hay.

¿Se siente conforme y contemplado con la forma en que el presidente está llevando adelante la coalición de gobierno?

—Hemos sido contemplados en nuestras propuestas más importantes, como por ejemplo acortar los términos para que la reforma de la seguridad social caiga en el año que comienza. La seguridad social es el gran tema del país, es el mayor porcentaje del producto bruto nacional. Estuvo en crisis, y en 1995 la salvamos con una reforma muy importante. Desgraciadamente, en 2008 se volvió a desbarajustar el sistema. Lo tenemos que recuperar y eso es primordial. Es algo imprescindible, pero no solo para este gobierno. También para el que viene y para el otro. Por eso todo el sistema político debería poner la inteligencia para llegar a soluciones prácticas, que no todas son populares o que son falsamente impopulares.

Volviendo al funcionamiento de la coalición, el Partido Colorado ha insistido en la necesidad de crear una mesa de diálogo político. La última fue mediante una carta que llevaba su firma en calidad de secretario general. ¿Por qué es necesario ese ámbito?

—En los grandes asuntos hemos funcionado bien, pero también hay un día a día en la vida política y de administración. Tenemos que evitar que en ese día a día aparezcan contradicciones que nos desvíen del objetivo fundamental. Una prueba es el proyecto de ley sobre el tema forestal que estos días se votó en la Cámara de Diputados por impulso de legisladores de Cabildo Abierto y del Frente Amplio. El asunto forestal es uno de los mayores éxitos económicos del país en el último siglo y ese proyecto introduce cambios negativos. Esos temas no deberían aparecer de este modo. Tendremos que tener un ámbito previo para discutirlos y no generar situaciones como esa.

¿Habla de forma frecuente con el presidente?

—No me gusta ir a la Casa de Gobierno y sacarme la foto en la puerta. Por suerte el presidente tiene la buena costumbre de atender el teléfono celular y lo tiene siempre disponible. Hablamos cada vez que es necesario. A veces con más y a veces con menos frecuencia. También con necesaria discreción porque hay enfermedades endémicas en la política en general, desde su origen. Los perfilismos personales excesivos es una de ellas y también la candidatitis. La gente a veces quiere ver primero al candidato y después lo que piensa y se ha acentuado en los últimos años. Eso introduce factores de riesgo. Después de todos mis años políticos, de haber vivido coaliciones de todo tipo —esta es nueva—, digo que nos tenemos que prevenir de esas enfermedades.

—Usted tuvo una coalición muy distinta con Lacalle Herrera, el padre del actual presidente, la cual el Partido Colorado abandonó. En esa coyuntura, promovió el referéndum por la ley de empresas públicas…

—Y también con el Partido Nacional tuvimos una coalición muy sólida durante mi segunda presidencia, cuando el directorio del Partido Nacional lo presidía Alberto Volonté. Esa coalición duró los cinco años y fue fundamental para poder reformar la seguridad social y la educación, con el Codicen histórico de Germán Rama. En el gobierno del doctor Lacalle fue distinto porque ahí tuvimos diferencias, efectivamente.

—La pregunta, justamente, iba a eso: ¿ve a la actual coalición más parecida a la que tuvo con Volonté o a la del Partido Colorado con Lacalle Herrera?

—Es una coalición novedosa en la medida en que hoy estamos hablando más allá del bipartidismo tradicional. El bipartidismo tradicional ha sido superado por una demografía electoral que muestra dos grandes espacios. Uno es el espacio frentista, que incluye varios partidos, pero que se ha consolidado como un espacio estructural; ha sufrido pérdidas, se ha reacomodado y se ha mantenido estable. Desde este lado, el bipartidismo histórico del Partido Colorado y Partido Nacional, que hoy tiene otros actores, caso de Cabildo Abierto, caso del Partido Independiente, y caso de otros intentos, que los hubo y que es probable vuelvan a aparecer. Hoy en día no hay elección en el mundo donde no aparezca un candidato nuevo, una formulación nueva, outsider o insider. Ahora, cada uno preserva su identidad y el tema es amalgamarla viendo las coincidencias.

—Ahora que pasó el primer año, ¿cree que esta coalición puede llegar hasta el final del período?

—Mire, el cultivo de la futurología es una de las ciencias más conocidas y más fracasadas en el pensamiento político. Lo que sí puedo anticipar es que va a haber un esfuerzo honesto, de todas las partes, para tratar de llegar unidos y de dar las respuestas que el país necesita, que el país espera.

—Sobre el final de una columna en la que criticaba que el Frente Amplio y Cabildo Abierto aprobaran juntos una ley que limita la explotación forestal, usted escribió: “Los extremos suelen juntarse”. ¿Cabildo está en la extrema derecha y el Frente Amplio en la extrema izquierda?

—Diría que, si hablamos de un espectro democrático, evidentemente puede haber izquierda y derecha, en la medida que uno privilegia la justicia y el otro la seguridad, por decirlo a la manera de Bobbio. El tema de la forestación es un tema de profunda reforma estructural y, como consecuencia, puede generar —como generó y genera— algunas reacciones de sectores conservadores que no lo absorben fácilmente. Le pasó al Frente, que luego felizmente se sumó a esta política, pero al principio tuvo grandes reservas, que después el doctor Tabaré Vázquez reconoció y cambió. Entonces, digo que a veces los extremos se tocan porque gente reacia y muy adversaria de los sectores tradicionales del medio rural y, a la inversa, algunos sectores un poco conservadores del medio rural suelen coincidir. En este caso lo sentimos así. Confiamos en que esto se pueda zanjar.

—Dados los últimos acontecimientos, ¿Cabildo es el socio más frágil de la coalición? ¿Es posible que Cabildo Abierto y el Frente Amplio puedan terminar juntos en la oposición?

—Eso lo dicen ustedes y yo no lo voy a calificar. Lo que sí digo es que, naturalmente, el Partido Colorado es previsible. Ustedes no precisan llamarme a mí para saber, más o menos, lo que el Partido Colorado va a opinar de cada tema. Cabildo Abierto es un partido nuevo, en consecuencia, no tiene la previsibilidad nuestra. Cabildo Abierto recién se está definiendo en algunas cosas, en algunas concordamos y en otras discrepamos, ya lo sabíamos.

—Eso lo hace, entonces, un socio más frágil, más impredecible.

—Bueno, más poco previsible, porque es novedoso, porque no lo conocemos, porque es una trayectoria que recién se empieza a definir. Lo que más me preocupa del país, lo digo claramente, es que los fenómenos anecdóticos no nos lastren. Estamos en un mundo de una gran velocidad de cambio, hemos pegado un salto cualitativo impresionante. Entonces, tenemos que entender que el mundo del trabajo ha cambiado, que el mundo laboral ha cambiado, que incluso hoy, claramente, el tema es tratar de preservar el empleo. Eso supone tratar de salvar empresas, lograr un clima de estabilidad que habilite la inversión, que dé seguridad a esa inversión nueva que ha aparecido. Mire lo que ha significado para el Uruguay la inversión extranjera y lo que sigue significando. Por eso me preocupa cuando veo esos arrebatos antiextranjeros de nacionalismo. Miremos la industria frigorífica: salvo unos héroes en Las Piedras y en Pando, el 80% es brasileño. El segundo producto de exportación es la celulosa: finlandeses o finlandeses chilenos. ¿Cómo vive hoy en Uruguay un Grobocopatel o un Burgheroni? Galperín vive en Uruguay y tiene mil muchachos trabajando en el país con Mercado Libre. Esto es el país abierto y que, felizmente, el Frente no cerró, que eso se lo reconozco. ¡Al revés! ¡Lo recontra abrió! Me parece fundamental mantener el clima de inversión.

¿Está viendo a alguien en el elenco político que no se está dando cuenta de la importancia de mantener ese clima de inversiones?

—Creo que sí. Por ejemplo, el planteo forestal soslaya ese tema y sería una herida muy fuerte a la credibilidad del país. Esto no quiere decir que UPM esté bien negociado, ni que el plan forestal tal cual se está llevando sea inmutable, pero es evidente que un cambio brusco, que el Estado diga por ley que alguien tiene prohibido plantar un árbol, es muy fuerte. Que el Estado diga que el 10% del territorio nacional es esto tiene una reminiscencia de plan quinquenal que rechina. Y eso es gente de buena intención, no lo dudo, pero que no mira el panorama en conjunto. ¿Qué sería la economía uruguaya hoy si le sacamos todos esos sostenes del exterior que ha recibido?

—Según informó El País, el presidente Lacalle Pou tiene previsto vetar la ley, a la que usted se refiere, si es aprobada. ¿Está de acuerdo?

—Sí, estoy de acuerdo.

—¿El Frente Amplio está actuando en este tema con oportunismo político?

—Es claramente una actitud oportunista, sin ninguna duda. Le diría más, hoy uno ve en el panorama general, incluso frente al fenómeno de la pandemia, actitudes distintas. Por un lado, uno ve en los intendentes principales del Frente —Montevideo y Canelones— una actitud propia de quienes están en responsabilidades administrativas enormes, tratando de obtener una sintonía nacional. Y, por otro lado, dirigentes políticos, voceros, parlamentarios que actúan de modo descoordinado, contradictorio y que el ministro Pablo Mieres definió gráficamente como un niño vendado tirando palos para un lado y para el otro sin acertar a la piñata.

—Usted decía que Cabildo Abierto es un partido todavía no muy previsible. El otro día, el senador Guido Manini Ríos compartió en las redes una nota en la que elogiaba la política del primer ministro húngaro, Viktor Orban, vinculado a la familia y a la prohibición de la adopción de parejas del mismo sexo.

—No lo vi. Por suerte, en este caso (ríe). Evidentemente hay puntos de discrepancia. Con Manini comandante en jefe discrepamos sobre el tema laicidad, por ejemplo. Él tiene claramente una concepción muy identificada con la Iglesia católica y las posiciones de la Iglesia católica, a la que nosotros respetamos en su rol, pero con la cual discutimos en muchos de los aspectos de su concepción de la ética individual y de la ética familiar, desde nuestra visión laica y humanista. El general Manini representa, sin ninguna duda, él en lo personal, ese modo de pensar y ese modo de sentir. Ahora, después viene la traducción pública; él también me tendrá que soportar a mí en mi laicidad militante. Y, por eso mismo, el día que fue como comandante en jefe a una misa en uniforme, lo impugné públicamente y vino aquí a mi casa y lo discutimos. Sí, esas diferencias existen y van a seguir existiendo. El tema es, luego, la traducción política o la llevada a la práctica de esas situaciones. Puede el general Manini estar en contra del matrimonio igualitario, pero no se me ocurre pensar que va a plantear derogar la ley que lo permite.

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2020-12-29T21:21:00