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En mis remotos tiempos de alumno escolar, cuando se acercaba la hora del recreo, la maestra nos hacía poner de pie y formar una fila. No era la fila por orden alfabético ni por altura, era una fila ad hoc, en la que no había orden preseleccionado. Cada día era diferente.
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Era común entonces pedirle a la maestra para ser el primero de esa fila, y así tener como una décima de segundo más de recreo. Puro entusiasmo infantil, tan fresco como inexplicable. Al final, todos íbamos a salir al patio.
Lo materializábamos con un reclamo estentóreo, que salía de los cuatro rincones del salón de clase: “¡Yo primero, señorita!”.
Probablemente este reclamo ya no existe. Pero lo que no ha desaparecido es la solicitud de preferencia, que sigue tan arraigada en el alma humana como en aquellos tiempos escolares.
El gobierno ha esbozado un razonable plan de vacunación antiviral, y aunque todavía no están las fechas, los días y las horas de las inoculaciones, ya sabemos que va a arrancar con el personal de la salud, los ancianos internados en hogares de tercera edad, los docentes, y a continuación la plebe, comenzando por los mayores de 75 años.
Si bien nadie parece objetar esta idea inicial (fíjense que ni siquiera el senador Daniel Moléster se ha quejado, ni ha propuesto que junto con el pinchazo, a cada oriental vacunado le entreguen un cheque con la renta básica), el grito de “¡Yo primero, señorita!” vuelve a escucharse como antes, justo cuando iba a empezar el recreo, que ahora viene a ser en el ansiado momento de la inoculación.
El primero en romper filas fue el presidente de Cutcsa y de la Cámara Uruguaya de Transporte, don Juan Salgado, quien argumenta que los que manejan los ómnibus y los que cobran los boletos están peligrosamente expuestos al contagio, dada la cantidad y la variedad siempre cambiante de los pasajeros. Vamos llevando.
Los transportistas de escolares, que parece que no integran la CUT (o si la integran, no sea que se vayan a olvidar de ellos) dijeron que si se les daba preferencia a los docentes, en la misma fila deberían estar ellos, que tienen tanto contacto con los niños como sus maestros. Dale, anotalo por ahí.
Los voceros de la APPCU, la asociación de promotores de la construcción, ha solicitado también formalmente que el personal de las obras sea tenido en cuenta para una vacunación prioritaria, dado el contacto físico que hay entre los obreros en un tipo de trabajo que no permite guardar las distancias de seguridad.
¿Alguien más?
Claro. Faltaba más.
Ya se anuncia que los panaderos pedirán estar entre los primeros en ser vacunados, ya que tienen un contacto no solo con los consumidores del más popular de los alimentos, sino también con la harina y toda la materia prima tan delicada que pasa por sus manos. Cómo no.
Y luego vendrán los futbolistas (de todas las divisiones), ya que ellos se están respirando encima en cada trancada, y ni qué hablar cuando meten un gol y se arman esas pirámides humanas saludando al héroe que lo ha marcado, refregándose sus físicos de la manera más riesgosa posible. Muy razonable, cómo no.
Se rumorea que en fecha próxima también los feriantes solicitarán estar entre los grupos prioritarios, ya que, según expondrán, ellos son protagonistas de contactos masivos con los asistentes a las ferias, con los que tienen un intercambio riesgoso de mercaderías y de dinero.
Anótese como se debe.
A pesar del incremento notorio que ha tenido el sistema de telepeaje, todavía queda un 60% del público que pasa por los peajes de las rutas nacionales que requiere el pago personal en cabina. El personal a cargo del cobro en ventanilla solicitará ser incluido en la lista de prioridades, porque la proximidad de los usuarios con el vidrio bajo del automóvil aumenta el riesgo de contagio para este sacrificado grupo humano. No hay como dudarlo. Anótese.
Se anuncia asimismo que AEBU hará un planteo a las autoridades para que el personal bancario que atiende en mostrador y en las cajas, sea incluido en un grupo preferencial de la vacunación. La interacción de estas personas con los clientes que asisten a las sucursales bancarias los expone a un riesgo de contagio, que debería evitarse de cualquier modo. Un sensato requerimiento.
Después que el mandamás del PIT-CNT, Fernando Pereira, dijo públicamente que él será el primero en vacunarse cuando se pueda, el veloz Marcelo Abdala propuso formalmente que la central sindical sea tomada en cuenta para una vacunación prioritaria.
—Nosotros estamos entre los que visitan sindicatos diariamente y coordinamos movilizaciones y manifestaciones —dijo—, por lo tanto tenemos que estar entre los primeros en recibir el pinchazo.
Obviamente, señores.
No les digo nada de los muchachos (y las muchachas) que están recolectando firmas para el plebiscito derogatorio de la maldita LUC, ese engendro que nos ha sumido en un mar de violaciones a los derechos humanos y todas esas cosas horribles en las que nos han sumergido los oficialistas blanquicolorados, y sus esbirros aliados del militarismo de Manini y de Cabildo Abierto. Ellos sostienen que, dado su patriótico accionar ambulatorio por los barrios, deben estar entre los primeros en recibir la vacuna contra el coronavirus. Muy razonable.
Apróntense para los pedidos de los dentistas, los podólogos, los paseadores de mascotas, los tamberos y los personal trainers.
A este paso, los que deberíamos estar muy preocupados somos los del grupo de riesgo que venimos después en el plan vacunatorio.
Cuando nos toque la fecha del pinchazo, ya se van a haber agotado las ampollas…