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    2 + 2 = 4

    Por Lector

    Sr. Director:

    Y no hay más perro que el chocolate, como decían los viejos (nunca supe por qué).

    Si somos como somos, un país muy caro (tanto que sin guilles no atraemos inversiones y casi no podemos exportar valor agregado), si somos un país con cada vez más viejos y menos niños, si bancamos un Estado que nos cuesta una fortuna (y a cambio no nos ayuda ni a producir más y mejor ni a formarnos adecuadamente a las necesidades de la realidad), no hay forma de que la cuenta dé más que un triste 4.

    Y eso en los años buenos, cuando de afuera nos ayudan con buenos precios y grandes compras.

    De hecho, solemos patear porque el resultado de la cuenta nos parece escaso, muy por debajo de lo que pretendemos (más en estos tiempos, en que nuestras pretensiones se han transformado en derechos).

    Pues deberíamos sorprendernos agradecidamente de que todavía dé 4, porque los factores son flaquerones y apuntan a serlo cada vez más.

    La realidad de nuestra seguridad social, que el gobierno se esfuerza por poner en evidencia, debería abrirnos los ojos a este fenómeno, de que la nariz de nuestro avión apunta para abajo y esa es la dirección en que vamos.

    Recuerdo una reunión en el Ministerio de Economía, allá por 1993, con dirigentes de AEBU, en la cual el economista Alfie, en ese entonces asesor, les explicaba que la Caja Bancaria iba derecho al precipicio y que se debían tomar medidas. No hubo manera de moverlos (aun cuando sabían perfectamente de qué estábamos hablando). La respuesta fue “nadie recula si no lo empujan”.

    Es la historia de nuestro país: que se ajuste el otro.

    Pues bien, como dicen los gringos: “Something’s got to give”. Si no hacemos algo (mucho más que lo intentado por nuestro gobierno), 4 va a ser apenas un recuerdo.

    No es fácil. La teoría es fácil. Convencer a la gente es otra historia.

    Pero algo hay que hacer.

    El encare debe ser algo parecido al del pago de una deuda: si yo no puedo ganar más plata (es decir, pace el discurso simplista de la izquierda, en la práctica no se puede aumentar más la carga tributaria) y si tampoco puedo reducir los gastos (más allá de si se justifican o no), ¿qué variables me quedan para atajar al barbudo?

    Solo dos: eficiencia y tiempo. Juntos. El mundo no me dará quitas, pero es posible obtener esperas, que me permitan levantar la nariz del avión para que apunte hacia arriba.

    Pero solo si junto las dos cosas. No es posible rebajar jubilaciones, reducir aportes, echar funcionarios, eliminar subsidios y el resto de las agendas libertarias. Pero, si la sociedad acepta reformas que encaucen esos factores y, a la vez, eleven la productividad por la vía de desregular y flexibilizar, armando una sólida estructura legislativa, es posible apuntar a la meta correcta y sacar al país del espejismo en que vive.

    ¡Ah!, también requiere transformar la formación de nuestros jóvenes. Menudo desafío, cuando los formadores se dejan tropear por los sindicatos.

    Ignacio de Posadas