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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEl ministro del Interior, voceros del gobierno y los legisladores oficialistas afirman que gracias a sus acciones la situación de inseguridad está mejorando y la criminalidad controlada. Claramente, se han desconectado de la realidad y están atrapados en su relato. Todos sabemos que la inseguridad sigue creciendo y que los robos, que según el ministro Bonomi han disminuido, no lo han hecho sino que se han dejado de denunciar.
Uno de los delitos que ha crecido enormemente y lo sigue haciendo, aunque sin que los medios de comunicación lo recojan, es el abigeato y muy particularmente el robo de ovinos; parece que como se comete en el campo carece de interés. El abigeato ha existido siempre y si bien ha habido incluso importantes robos, lo habitual era que se robaran un ovino que usaban para consumo. Hoy los robos son de varios ovinos, diez, doce, quince, que caben en la caja de una camioneta y que se llevan a un centro poblado donde se faenan y su carne se vende para consumo así como se roban decenas o centenas que se transportan en camiones y venden para cría. Los robos destinados al consumo los realizan bandas locales con tres o cuatro integrantes que tienen conocimientos y contactos con los matarifes clandestinos que faenan y comercializan la carne. Los robos de majadas enteras se realizan por bandas con más integrantes, organizadas y con contactos que les permiten venderlos a personas que los crían y posteriormente los venden como propios, lo que cuando se trata de corderos robados antes de ser señalados, es bastante fácil.
El daño que el abigeato les produce a los productores es evidente y en algunos casos tan importante que los lleva al borde de la quiebra. Es más: cada día hay más productores que abandonan la cría de ovinos al extremo que hoy el stock ovino es el menor que ha tenido el país en el último siglo.
A pesar de las declaraciones y discursos de los ministros, el abigeato crece mientras el gobierno sigue sin tomar las medidas mínimas para combatirlo con alguna posibilidad de éxito. Es más, la BEPRA (Brigada Especial para la Prevención y Represión del Abigeato) no sólo no es más efectiva sino que, por lo menos en algunos departamentos, el ministro del Interior la ha reducido y cuenta con menos o muchos menos integrantes que los que solía tener.
En la realidad, la prevención y la represión parecen fallar en casi todo lo elemental:
* La BEPRA no parece tener un protocolo de acción orientado a resolver el robo; se limita a contar el ganado en el establecimiento robado. Ni siquiera lo hace en los establecimientos linderos y por donde debieron salir los animales robados.
* La BEPRA no parece tomar medidas para controlar los sitios en los que se han producido robos, ni siquiera cuando estos son grandes y reiterados.
* La BEPRA parece desconocer totalmente quiénes compran a los animales robados para consumo, dónde y quiénes realizan faenas clandestinas y dónde se vende esa carne.
* La BEPRA parece que no investiga a los productores que compran ganado robado, particularmente ovino, productores cuyas majadas se incrementan sin justificación o que venden más animales de los que podrían según lo que tenían en su campo.
* La Policía sella las guías como un tedioso trámite burocrático sin verificarlas y sin siquiera salir del escritorio para comprobar si los animales que llevan se corresponden con lo declarado en la guía.
* La Policía no para ni controla a los vehículos que transportan animales en las entradas a los centros poblados o dentro de ellos para verificar si cuentan con la documentación pertinente.
* La Policía no ubica a las personas que compran los animales robados, los faenan y comercializan en los centros poblados.
* La Caminera no para a los camiones, camionetas u otros vehículos que transportan animales para controlar que cuenten con la documentación en regla y que las guías correspondan a lo transportado.
* La Caminera no hace procedimientos para impedir el movimiento de animales robados ni siquiera en sitios en los que ha habido robos importantes y reiterados.
El Ministerio del Interior parece que no coordina con el de Ganadería para identificar a los productores que presenten crecimientos dudosos en sus majadas, ni parece que este lo haga por iniciativa propia como debería. Tampoco parece que coordine con las intendencias para localizar mataderos clandestinos o carnicerías o comercios que vendan la carne robada.
¿No será hora de que el gobierno se ocupe también del abigeato?
Arq. Juan Andrés Sienra
CI 998.166-3
Punta del Este (Maldonado)