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    Acercamiento al PCU, al que aún acusan de infiltrarlos, provoca crisis en los socialistas

    “Civila coordinó con el diputado comunista Gerardo Nuñez mejor que con ningún otro”, cuestiona un dirigente

    En la campaña que lo llevó a ocupar la Secretaría General del Partido Socialista (PS), Gonzalo Civila prometía darle un vuelco a la colectividad política más antigua de la izquierda uruguaya. Para el profesor de Filosofía de 35 años el partido estaba “desdibujado” y sus apoyos sociales y sindicales, descuidados. La estrategia que llevó adelante para revertir el problema no está exenta de polémica en un partido acostumbrado a las divisiones internas.

    Pese a que el candidato presidencial por el Frente Amplio Daniel Martínez era socialista, el resultado de las elecciones de octubre fue el peor para el PS desde la restauración de la democracia. En la nueva legislatura que comienza el 15 de febrero los socialistas tendrán un solo senador —Daniel Olesker— y tres diputados: Gonzalo Civila y Gabriela Barreiro por Montevideo y Enzo Malán por Soriano.

    Los cuatro legisladores pertenecen a la corriente encabezada por Civila, que fue designado al comienzo del año electoral y que se mostró abierto a una alianza con el Partido Comunista (PCU), el otro partido histórico de la izquierda.

    Achacar al “ortodoxo” Civila el mal resultado de octubre no sería del todo justo, sobre todo por su designación relativamente reciente. La secretaria general anterior, Mónica Xavier, reconoció a Búsqueda  que se trata de un proceso más complejo del cual se siente también responsable y acerca del cual “hay que profundizar en el análisis”.

    Sin embargo, sobre una eventual alianza con los comunistas, cuya expresión reciente más notoria es el posible respaldo de ambos partidos a la candidatura de la exministra Carolina Cosse a la Intendencia de Montevideo, Xavier fue tajante: “No hay ningún acercamiento; que yo conozca no lo hay”.

    Sin embargo, otros socialistas, entre ellos el también exsecretario general Yerú Pardiñas, tienen una visión diferente.

    Xavier y Pardinas estuvieron en la línea de los socialistas denominados “moderados” que apoyaron a Santiago Soto, el candidato que perdió con Civila.

    Pardiñas dijo a Búsqueda  que con Civila al frente ha ganado fuerza una concepción que privilegia a la clase obrera y a los más pobres, y no al conjunto de la sociedad. Eso se expresó en la legislatura que finaliza: “Civila coordinó con el diputado comunista Gerardo Nuñez mejor que con ningún otro”. Tanto Pardiñas como otros dirigentes confirmaron que las reuniones entre representantes de ambos partidos han sido frecuentes en la propia sede socialista de la calle Soriano.   

    El fantasma de la infiltración. 

    A pesar de lo que podría pensarse hoy, el vínculo entre socialistas y comunistas no ha sido sencillo en estos casi 100 años de convivencia, durante los cuales compitieron como partidos de la clase obrera primero y de todos los trabajadores después.  

    Uno de los momentos más críticos de ese vínculo se produjo en mayo de 1973, cuando fueron expulsados nueve afiliados del PS por integrar una fracción procomunista.

    Fernando Britos, que había redactado los estatutos vigentes, Francisco Laurenzo, Marcos Carámbula, Ángel Mandácen, Raúl Legnani, Carlos Bosch y Walter Alfaro, que integraban el Comité Central, fueron expulsados luego de que un seguimiento permitiera saber de la existencia de una fracción que se reunía a escondidas en una vivienda ubicada en Rondeau y La Paz para promover la creación de un partido socialista unificado, es decir una fusión con los comunistas.

    Además de estos siete integrantes de la dirección, unos días después también fueron expulsados el entonces dirigente estudiantil universitario Álvaro Rico y la secretaria de actas Bertha Sanseverino.

    Rico militó en la Unión de la Juventud Comunista (UJC), estuvo exiliado en la Unión Soviética y luego fue decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República.

    Sanseverino también militó en el PCU, estuvo exiliada en Francia y cuando falleció en 2018 era diputada de Asamblea Uruguay.

    La cercanía con el golpe de estado del 27 de junio de 1973 y la ausencia de una investigación histórica exhaustiva acerca de este asunto no han permitido hasta ahora contar con una versión definitiva de esta “infiltración”.

    El libro Guillermo Chifflet El combate de la pluma, de Jorge Chagas y Gustavo Trullen, es uno de los pocos documentos donde quedó registrada la opinión de que el PCU había infiltrado al partido de donde había nacido en 1920.

    “La gente de la facción tenía mucho peso intelectual y había llegado a ser determinante en la estructura”, contó en ese libro Artigas Melgarejo, que estuvo a cargo de la investigación interna y detectó las reuniones conspirativas en el apartamento del barrio La Aguada.

    “La reunión clave se hizo en la Casa del Pueblo bajo medidas de seguridad. Hicimos un piquete y sacamos a los que estaban vinculados a la facción.(…) Se preparó la moción, se votó y se les expulsó. (Vivián) Trías jugó un papel fundamental para evitar la extinción del Partido Socialista, ya que quedamos muy reducidos”, contó el propio Melgarejo.

    En 2010, cuando se publicó el libro, aún faltaba bastante para que aparecieran los documentos que probaban que, en ese entonces, Trías trabajaba para la agencia de inteligencia checoslovaca StB.

    En el libro se cita también la opinión de Chifflet sobre el punto: “Se trató de una infiltración típica del Partido Comunista, que buscaba crear un solo partido obrero. La reacción de las bases provocó la expulsión de esta fracción”.

    “Polo socialista”.  Carlos Pérez, uno de los socialistas que se pasaron entonces al PCU, y el periodista Jaime Secco, que tomó el mismo camino, no coinciden con Chifflet.

    Pérez cedió al historiador Fernando López D’Alesandro un trabajo inédito que tituló Crónica de años difíciles que este cita en su libro Vivián Trías. El hombre que fue Ríos. Según Pérez, el planteo de crear “un polo socialista dentro del FA” fue algo que “caló de inmediato en la militancia joven pero levantó resistencias (al principio apenas visibles) en los viejos dirigentes”.

    Pérez admitió que “las aprensiones eran atendibles” porque “el PCU era poderoso en términos relativos, por lo que una inclinación hacia ese partido podía provocarnos problemas en lo interno y en el exterior”.

    En el trabajo inédito se recoge a su vez el testimonio de Britos, uno de los expulsados: “Teníamos autoridad legítima.(…) Habíamos ganado por destrozo (el congreso del PSU) (…) Las ideas que triunfaron no eran las de Reinaldo Gargano, de José Díaz, de Carlos Machado. Y ni siquiera las de Vivian Trías, que habían logrado imponerse sobre las de Frugoni antes”, pero en cambio fue tomado como “un impulso de muchachos descarriados”.

    Secco, por su parte, se decidió a publicar su propia versión de la llamada “infiltración” luego de que el historiador socialista Gabriel Quirici publicara un artículo en diciembre de 2015 en la revista Lento, donde se menciona el episodio.

    Luego de consultar con su colega Legnani, otro de los expulsados que también se fue al PCU, Secco publicó tres artículos en la revista La Onda digital en las que sostiene, entre otras cosas, que la versión de que se trataba de infiltrados comunistas “fue una leyenda bastante posterior”.

    Según Secco, esta interpretación es “cómoda pero no cierta” y argumentó que “ni siquiera es verosímil que se haya infiltrado a un grupo tan brillante que en lugar de debilitar al PS lo multiplicó varias veces, ganó el congreso y recién entonces comenzó a reunirse, pero no con vínculos del PCU”.

    “Socialistas de mayo” e “imberbes”.  “Muchachos, no se les ocurra fundar el Partido de los Socialistas de Mayo”, contó Secco que les mandó decir entonces un dirigente del departamento de Artigas en alusión al mes en el que los habían echado.

    “Los expulsados no invitaron a nadie a seguirlos. Es más, a los que nos acercamos a ellos nos pedían que no repitiéramos para evitarnos problemas”, pero “pasados unos días fueron a entrevistarse con (el primer secretario del PCU, Rodney) Arismendi para ingresar a su partido”.

    Según Secco, Arismendi fue cortante: “Nuestra alianza es con el Partido Socialista y no con un grupo de imberbes”.

    De todas formas, luego de golpe de Estado, poco a poco se fueron integrando. A raíz de eso “hubo una tensa reunión entre (el dirigente comunista) Jaime Pérez y Ramón Martínez, secretario general del PS, pero la sangre no llegó al río”, relató Secco en uno de los artículos en el que consigna que “la mitad o casi dos tercios de los militantes” se pasó al PCU.

    Las secuelas de la facción llegaron a 2020. Durante una reciente entrevista en galería, la senadora socialista Daisy Tourné, que comenzó a militar en el PS durante la dictadura, habló de “la infiltración que hicieron los camaradas, los comunistas, en 1971”.

    En la misma entrevista, la senadora Xavier, entonces estudiante, dijo: “pasamos la situación traumática de perder a mis amigos, que se fueron al Partido Comunista”. Pero Tourné fue más allá y dijo que el actual presidente de Administración de los Servicios de Salud del Estado, Marcos Carámbula, “fue un cuadro muy importante en la infiltración”.

    Semillero. 

    Para algunos socialistas como Pardiñas, la actual dirección del PS, además de montevideana es “dominante” y no permite que se expresen las otras corrientes. El caso más notorio en estos días es cómo se manejó una eventual nueva candidatura de Daniel Martínez a la Intendencia de Montevideo.

    En el ala “moderada” del partido consideran que Civila operó para desactivar la intención de Martínez y otros socialistas de postularlo otra vez a la intendencia capitalina. El Centro Universitarios Socialistas acusó a Civila de “errores graves” y actuar “en forma irresponsable, poco transparente y antidemocrática”.

    Para los académicos Jaime Yaffé y Aldo Marchesi, el PS siempre se manejó con una disciplina que se entendía en un sentido más liviana que el PCU, pero cuando hubo diferencias en las discusiones estratégicas “en general terminaron en ruptura”.

    En un artículo de Lento en diciembre de 2015, los autores recuerdan rupturas como la propia fundación del PCU, la creación del MLN-Tupamaros luego de la derrota electoral de 1962 y el alejamiento de Emilio Frugoni poco después, entre otras.

    Una versión más edulcorada ve al partido fundado por Frugoni como “un semillero” que permite que se expresen diferentes tendencias y que luego algunas de ellas dejan el partido, aunque algunos, como el luego presidente del PIT-CNT José D’Elía, fueran expulsados a mediados de la década de 1950.

    Ese carácter de semillero explicaría que el ex vicecanciller Roberto Conde y el exministro de Industria Roberto Kreimerman hayan abandonado el partido por izquierda, (el primero permaneció en el Frente Amplio y el segundo en la Unidad Popular), mientras que otros se hayan ido porque no sentían representada su sensibilidad socialdemócrata. En esa línea estarían dirigentes como el director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, Álvaro García.

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