N° 1838 - 22 al 28 de Octubre de 2015
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAlgún día la Suprema Corte de Justicia les enviará un claro mensaje a los ciudadanos para darles seguridad en cuanto a que cuando un juez abusa de su poder —no solo en forma delictiva por actos de corrupción— no volverá a administrar justicia, y que los controles del máximo organismo judicial son celosos, enérgicos y severos.
Tal vez haya llegado ese momento.
En el último Reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial (2014-2015) los jueces uruguayos ocupan en América un lugar privilegiado por su independencia. No es suficiente. La mayoría de los ciudadanos desconocen ese ranking y otros creen que es lo normal y nada hay que destacar. Esos mismos ciudadanos padecen decisiones o acciones arbitrarias de algunos magistrados que, además de afectarlos, desacreditan al Poder Judicial. En varios casos el máximo organismo judicial ha barrido bajo la alfombra o ha sido tibio cuando debió desterrar a los malos para proteger al ciudadano y a los magistrados probos. Recuerdo al menos tres casos en el pasado reciente en los que ministros de la Corte enviaron mensajes a los jueces para que renunciaran y evitaran su destitución.
En otros, para forzar su renuncia, los rebajaron de categoría en lugar de hacer lo que correspondía: destituirlos y/o presentar una denuncia penal. Los degradados fueron trasladados a otra ciudad de inferior importancia, como si sus habitantes fueran de segunda y debieran padecer a ese juez. El mismo perro con diferente collar.
Dos departamentos se han convertido hoy en bancos de pruebas debido a los sumarios al juez penal de Paysandú, Gerardo Azarola, a la jueza penal de Treinta y Tres, Mariela Tejera, y a la jueza de paz del mismo departamento, María Virginia Bajac. Paralelamente, por hechos vinculados, la Fiscalía General investiga a la fiscal de Treinta y Tres, Sandra Freitas, según informó sobre los dos últimos casos “El Observador”.
El sumario de Azarola, que fue separado de su función, está a cargo del ministro Jorge Catenaccio; el de Tejera y Bajac —que insólitamente se mantienen ejerciendo su función— lo instruye el ministro Rolando Vomero.
¿Qué se investiga? Azarola fue denunciado por una mujer con la que tenía una relación sentimental. Cuando esta decidió romperla para retomar su vida conyugal, el juez la hostigó y acosó mediante reiterados mensajes de texto. “Quedó al borde de un delito; abusó en lo personal y también como juez penal”, me comentó una fuente del Poder Judicial. Añadió que, además, el magistrado tenía “un monumental atraso de expedientes”.
Tejera y Bajac fueron denunciadas por el Colegio de Abogados de Treinta y Tres. Tejera registra un sumario anterior por haber retenido durante años en forma ilegal —con el conocimiento de Freitas— la libreta de conductor de un procesado.
Un abogado me citó como “anécdota patética” que Tejera, quien tiene dos perros, le pidió a Bajac, como jueza de faltas, que investigara a un conductor que había circulado demasiado cerca de ella y de sus perros. Bajac lo procesó por una falta.
Otra denuncia circula en el terreno gastronómico. Dice que Tejera y Bajac concurrieron a un restaurante de la capital olimareña y, al pretender estacionar el auto, no tenían espacio. Exigieron que se les hiciera lugar y para ello destacaron su condición de juezas. Como en Macondo.
Algunos hechos parecen surgidos de un guión tragicómico, pero son dramas reales que afectan el prestigio del Poder Judicial y del Ministerio Público, medulares en una sociedad democrática.
Lo ocurrido también pone sobre el tapete los mecanismos de acceso a la magistratura y la calidad y método de la formación integral que ofrece el Centro de Estudios Judiciales (CEJU), el cual depende de la Corte. De este organismo surgen los futuros jueces.
Aunque la mayoría son designados entre sus egresados —condición que la Corte se empeña en destacar a texto expreso cuando dispone un ascenso— algunos llegan a ser jueces en forma directa. Bajac, que perdió el examen de ingreso al CEJU —no se sabe si el psicológico o el académico— fue luego designada a dedo.
Siempre hay amigos, conocidos y recomendados.
La formación académica, el estudio global del derecho, la doctrina y la jurisprudencia, son centrales para la formación de los futuros jueces. Igual importancia tiene que durante ese período de formación asuman cuál es el límite de su autoridad, que deben actuar con el máximo de ponderación y que es imprescindible el equilibrio, no solo para sentenciar sino también el personal ante la sociedad y los justiciables. Si esto se enseña, algo falla.
Hasta ahora, el CEJU ha sido acrítico. Su discurso oficial, como en otros órdenes de la vida nacional, se ha basado en el autoelogio: es el mejor centro de formación de jueces de América Latina.
En algunos casos la prepotencia, la arrogancia y la arbitrariedad —un comportamiento de los mediocres o de quienes se creen seres superiores— se impone al sentido común, la decencia y los buenos modales. Los directores del proceso se transforman en dictadores del proceso. En algún caso llegan a anunciar a través de una funcionaria que no saludan dándole la mano a las partes. Todos olvidan que están para garantizar el derecho de las personas y que deben hacerlo con transparencia y ecuanimidad.
A quienes no actúen de esa forma hay que erradicarlos.
Si no ocurre, a llorar al cuartito.