• Cotizaciones
    jueves 09 de abril de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Algunas mujeres

    Columnista de Búsqueda

    N° 1904 - 02 al 08 de Febrero de 2017

    Mi interés por la creación musical de ciertas mujeres es un derivado comprensible de la lógica pasión que suscitó haberme encontrado con la obra y la figura de Hildegard von Bingen, aquella magnífica abadesa y científica de curiosidad infinita que en la lejanía del siglo XI compuso piezas en una dimensión de espiritualidad y con tal riqueza armónica que hasta el día de hoy son motivo de asombro. Si pienso en el arte de Wagner y en su creativo hallazgo de la indivisible unidad del verso con la frase musical, de la sílaba con la sucesión o ligazón de ciertas notas, me aproximo en algo a la zona de perfección de Hildegard, que en ciertos aspectos de sus Cantos de éxtasis fue más audaz y aun así menos llamativa en este punto.

    Como inevitable efecto del alegre vértigo que me produjo el descubrimiento, avancé en los siglos para seguirles la pista a las compositoras de las que los libros de historia de la música nada o muy poco referían. La búsqueda de grabaciones, referencias y noticias me llevó a descubrir una otra dimensión de la historia, una suerte de historia no escrita, historia no oficial o historia verdadera al fin, que daba cuenta de un vasto universo que había estado velado para el paseante distraído y que recién en las últimas décadas emergía como un conjunto inteligible. Me refiero al lugar central de las mujeres en la música.

    Allí fue que di con Francesca Caccini, hija de aquel Giulio Caccini, de la Camerata Fiorentina, protegido de los Médici, creadora de la primera ópera compuesta por una mujer y también la primera que salió de Italia para triunfar en el mundo, en este caso en Varsovia debido a la admiración del príncipe Segismundo, que luego de su visita a Toscana quedó impresionado por el famoso Teatro Olímpico de Andrea Palladio y por ese género insólito y fascinante para el que mandó construir especialmente el Teatro La Galatea. La presentación de La liberazione di Ruggiero dall’isola d’Alcina, inspirada en un clásico episodio de Orlando Furioso en la capital de Polonia, fue el estreno mundial de una exportación casi tradicional de la cultura italiana. Francesca brilló para el rey de Francia y sus obras y su arte interpretativo fueron demandados por las cortes más exigentes de la cristiandad. Del padre he guardado siempre el recuerdo de Eurídice, tal vez el primer esbozo de género operístico y algunas canciones memorables, como Amarilli (la version de Cecilia Bartoli casi supera en expresividad y matices a la Benaminio Gigli) y el Ave Maria, tal vez uno de los más perfectos que conozco. No podía menos que buscar a la hija para inevitablemente comparar; y debo decirlo: la mayoría de las piezas para arpa (instrumento del que era virtuosa) y para voz configuran uno de los momentos más elevados de los inicios del Barroco.

    Ya en este período, aunque en el ambiente veneciano, brilla también Barbara Strozzi, que compuso cantatas y lamentos, entre ellos L’Eraclito Amoroso, para voz soprano, cuya poesía comienza: “Udite amanti la cagione, oh Dio!/Ch’a lagrimar mi porta/ Nell’adorato e bello idolo mio/ Che si fido credei, la fede è morta”. La versión de Philippe Jaroussky, acompañado por Chistrine Pulnar al theorba, es sencillamente una obra maestra. La hermana Usulina Isabella Leonarda no desmerece por esos años el prestigio y la influencia de las mujeres en el arte del Barroco; lo mismo puede decirse de Elizabeth La Guerre, cuya influencia se hizo sentir fuertemente en la corte de Luis XIV debido a sus sonatas para cello y sus composiciones para clave, pero también, como sus congéneres anteriores, por su esplendoroso manejo de los recursos dramáticos y melódicos de la voz. No menos justicia merece la amiga de Mozart, Maria Theresia von Paradis, que tuvo tan decisiva influencia en la revisión del concierto decimoctavo para piano, y que ha legado una obra pobre de número (al menos lo que se ha salvado) pero inmensamente rica en audacias armónicas y en ciertas búsquedas que habrían de ser descubiertas y admiradas tardíamente por los impresionistas. La Siciliana, aislada de su pertenencia a la sonata de la que es parte y sobre la que tanto trabajó Faure en su sus clases, lleva su firma y es una de las piezas más frecuentadas en los recitales de piano y violín.

    La semana que viene encomendaré el encuentro con algunas mujeres de la música que, como corresponde a la distracción arbitraria, apenas figuran en la historia.

    // Leer el objeto desde localStorage