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    Alta volatilidad de los precios de la soja sorprende a los operadores del mercado agrícola

    A comienzos de marzo, los precios de la soja para la posición más próxima cotizaban a U$S 312 por tonelada. Poco más de tres meses después, tenía un valor de U$S 442 por tonelada, acumulando una nada despreciable suba de U$S 128 por tonelada (41% más que el precio de marzo). A pesar de lo espectacular de la suba, se estima que solo un 15% de los agricultores uruguayos lograron captar los altos precios de la soja de mediados de junio.

    Si bien es frecuente que los precios agrícolas tengan una alta volatilidad (con relación a otros activos como, por ejemplo, los precios de los metales, los bonos o las acciones), la actividad de la soja se ha mostrado histórica con relación al cuadro de oferta y demanda. Las lluvias ocurridas entre marzo y abril lograron reducir la oferta de Argentina y causaron que parte importante de la demanda de soja se desplazara hacia Estados Unidos. El cuadro de oferta y demanda de soja a escala global no mostraba un deterioro tal que ameritara una suba tan importante y en tan corto plazo. Se trata de la suba de precios más violenta en una primavera del hemisferio norte en los últimos 30 años.

    La especulación financiera es en parte responsable por ese fortísimo aumento de precios. A partir de pronósticos climáticos que vaticinaban un ambiente poco propicio para los cultivos de verano, en el hemisferio norte compraron un problema que aún no se materializa. La especulación representa un 15% del total de contratos operados en la Bolsa de Chicago y, en general, exacerba los movimientos (tanto al alza como a la baja) del mercado. Luego de llegar a un pico de U$S 442 por tonelada y ante la ausencia de riesgos climáticos significativos, los precios corrigieron a la baja y actualmente se ubican en U$S 441 por tonelada.

    Lo llamativo es que si bien a la soja le tomó casi tres meses subir, el grueso de la baja se dio en un período mucho más corto de tiempo (entre el 1º de julio y el 11 de julio), con lo que se hace muy difícil reaccionar para diseñar estrategias adecuadas para un eficiente manejo del precio.

    Estados Unidos es el primer productor individual de soja del mundo y se espera que durante este año produzca algo más de 103 millones de toneladas. Sigue Brasil con una producción el año pasado de 95 millones de toneladas y Argentina con 56 millones. Paraguay produce unos 10 millones de toneladas y Uruguay está en el entorno de los 3 millones. Por lo tanto, la evolución del clima en Estados Unidos es un factor central para explicar el potencial de producción, en especial en el período crítico del cultivo, que es el mes de agosto.

    Si no median accidentes climáticos graves hasta la cosecha (prevista para octubre y noviembre), es probable que los precios de la soja tengan aún mayor potencial de baja hasta que se confirme la producción del Mercosur, que se siembra a partir de octubre. Si bien es cierto que los actuales precios a futuro de la soja (para la próxima cosecha) son mucho más atractivos que el año anterior, numerosos agricultores exhiben una conducta muy cauta al momento de concretar ventas anticipadas por las malas experiencias que tuvieron este año.

    Los costos de la producción de soja han corregido en forma importante a la baja, incluyendo los costos de las rentas agrícolas, los servicios y los insumos. En especial, los fertilizantes no han copiado la dinámica de precios, de otros momentos en la historia reciente, cuando las subas fuertes de precio impulsaban también al alza los valores de los fertilizantes, que representan un costo importante en la estructura de producción.

    La alta volatilidad de precios, de la mano de elementos que son de difícil predicción como lo es la conducta de los fondos especulativos, hacen que sea complejo definir una estrategia comercial o de cobertura de precios, ya que torna muy costoso el uso de ciertos instrumentos de cobertura para manejar los precios.

    Esto se agrava por la conducta de los agricultores uruguayos de querer cubrir el precio de su momento de cosecha (mayo del 2017) que encarece sensiblemente el costo del instrumento financiero.

    Todavía quedan muchas incertidumbres por sortear para el caso del cultivo de soja. Es claro que la especulación financiera, retirada de las materias primas agrícolas durante varios años, hizo un retorno estelar llevando los precios mucho más allá de lo razonable en un plazo muy corto.

    La conducta futura dependerá de qué tan complejo se presente el panorama climático en las semanas por venir. Si el clima se deteriora al punto de que exista el riesgo de que la producción de Estados Unidos caiga por debajo de los 100 millones de toneladas, entonces estará casi asegurado un nivel de precios sostenido para la producción uruguaya de soja.

    Pero si el clima no se deteriora o los cultivos en Estados Unidos logran sobrellevar un clima adverso sin pérdidas importantes de rendimiento, probablemente haya más volatilidad en el corto plazo y precios más sobre el eje de los U$S 350.

    El clima tiene, pues, la respuesta.