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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáConociendo a nuestro nuevo “socio”. Desde la Presidencia y la Cancillería de Uruguay se ha manifestado públicamente su intención de concretar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la República de Turquía. Tal es así que se anunció la apertura de una Embajada de Uruguay en Turquía y ya tiene nombrado su embajador, el diplomático Hugo Caryús Maurin, funcionario de carrera del Servicio Exterior uruguayo. (*) La eventual firma de un TLC con Turquía al igual que con China o cualquier otro país genera inconvenientes con los socios del Mercosur. Uruguay siente como un “lastre” al Mercosur y el canciller Bustillo aseguró que para los socios del Mercosur “no hubo sorpresas”, además para el caso de China encuentro dificultades dentro de la coalición de gobierno. Por otro lado provoca preocupaciones fuera de fronteras que obligó al canciller Bustillo a viajar a Estados Unidos donde con seguridad le fueron planteados sus reticencias al eventual TLC con la República China y tal vez con la propia Turquía, un socio de Estados Unidos que desde hace un tiempo se le presenta un tanto “rebelde” e impredecible. Si bien es cierto que Turquía integra el G20, lo hace más por su posición estratégica que por su nivel económico que dicho sea de paso enfrenta una crisis económica de primera magnitud, inflación, sanciones económicas de Estados Unidos por compras de armamento a Rusia, devolución de su moneda, la lira. Estados Unidos con solo variar los aranceles al acero y aluminio que importa desde ese país ha hecho que la moneda turca se depreciara un 20% y a partir de allí sigue en bajada. Ahora, para emular a Mustafa Kemal, fundador de la actual República Turca y continuador del Genocidio Armenio, el presidente Erdogan se pone a la cabeza de las políticas económicas y declara un nueva guerra de independencia, ahora dirigida a la “independencia económica” tratando de mostrar a los ciudadanos turcos que los actuales problemas económicos nos son por errores propios sino que son generados por los poderes extranjeros que quieren perjudicar a Turquía, los mismos que la hicieron fuerte mediante políticas de nación comercialmente favorecida, plan Marshal mediante, inversión extranjera, aperturas de fábricas americanas y europeas en su territorio y un sinfín de beneficios. Armas o Mantequilla. Desde su fundación en 1923 hasta 1938, año en que muere Mustafá Kemal, autoproclamado Ataturk (Ataturk = Padre de los Turcos), gobernó como un dictador en un sistema de partido único el CHP, Partido Republicano del Pueblo en turco: Cumhuriyet Halk Partisi. Dicho partido continuó en el poder de la mano de Mustafa Ismet Inönü hasta 1950. (Para antes de la Primera Guerra Mundial la sociedad turca otomana no utilizaba apellidos, tras decreto de Mustafa Kemal se aprobó las “Ley de Apellidos” (1934), donde cada turco debía elegir un apellido para registrarse en el Registro Civil, de allí que Mustafa Kemal pasa a denominarse Kemal Ataturk y su vicepresidente Mustafa Ismet pase a llamarse Ismet Inönü, donde el apellido proviene de la ciudad en la que este militar gana una batalla frente a los griegos). Luego de este periodo “Fundacional”, 1923-1950, se suceden cuatro Golpes de Estados, 1960, 1971, 1980 y 1997. Se podría sumar uno más en el año 2016 si se deja de lado que muchos lo consideran un autogolpe. En resumen, desde su nacimiento como “República Democrática” a la fecha Turquía vivió de dictadura en dictadura, con muy breves periodos de democracia. Las primeras dictaduras tenían por objeto mantener el sistema kemalista, continuar con el statu quo y asegurar de alguna forma el poder de la clase militar. Así fue hasta el año 2003 en que llega al poder el actual presidente Recep Tayyip Erdogan, primero como primer ministro y a partir de 2014 como presidente, con cartas de Islamita moderado que entre otras cosas prometía una política de “cero conflictos con los vecinos” y reactivación económica del país tras la profunda crisis económica de finales de los 90. En un primer periodo parece consolidar ambos principios, buena vecindad y repunte económico, teniendo así un periodo donde la “Mantequilla” llega al pueblo, pero rápidamente se apartará de ambos. Erdogan hace su elección y se queda con las “Armas” haciendo un gran gasto en lo militar, financiando grandes operaciones militares en Siria y en Irak contra los kurdos. Sumándole intervención en el conflicto de Libia, continuando con la asistencia a Azerbaiyán con armamentos y mandos militares para atacar a Artsaj (Nagorno Karabagh) y Armenia, estar en pie de guerra contra Grecia por el control de los hidrocarburos del mar Mediterráneo. Sin nombrar la ocupación de Chipre que antecede a este gobierno pero que este profundiza. Por otro lado, comenzó un giro en las relaciones con Estados Unidos, su principal socio, acercándose a Rusia compra el sistema S-300, misiles de defensa antiaérea similar al que pretendía comprar a Estados Unidos. Argumentando que este sistema ruso es incompatible con el armamento de la OTAN, Turquía es nuevamente sancionada siendo apartada del desarrollo de los cazas F-35 del cual ya había realizado una fuerte inversión. En paralelo a estos se procesó cambios significativos en lo religioso volcándose decididamente por un islamismo cuasi radical, construyendo un islam político, quebrando de esta forma uno los paradigmas kemalistas que hacen a muchos ver a Erdogan como un Neo Sultán. A modo de ejemplo la transformación de Santa Sofía de Museo como en la era kemalista a Mezquita por parte de Erdogan y presentándose el presidente de Diaynet (máxima autoridad religiosa), Ali Erbas con la espada en la mano, símbolo de conquista, dentro de la Basílica. Para ilustrar la calidad de la “Democracia” turca debemos señalar que constitucionalmente un partido político en Turquía debe supera el umbral del 10 % de los votos válidos para poder tener representación parlamentaria. Esto proviene de la Constitución de los años 80 redactada por la Junta Militar con el claro objetivo de hacer imposible la representación política de las organizaciones Kurdas y además hacía que prácticamente el 45% de los votos terminaran en la papelera por no alcanzar el mínimo establecido. Más allá de todos los defectos de la democracia de Turquía, para la Colectividad Armenia del Uruguay las preocupaciones van por el lado de la agresiva política de intimidación de Turquía hacia los armenios de todo el mundo y la persistente política de Negación del Genocidio Armenio. Señalamos nuestro repudio a la visita de este continuador del Genocidio y su provocación al venir en fechas próximas a su conmemoración de la cual también es parte el gobierno uruguayo. Esta política agresiva llevó a desmanes de los equipos de seguridad de los representantes turcos en distintas partes del mundo contra los manifestantes pacíficos armenios y no armenios que acompañan la defensa de la Causa. A esto se suma que tras el reconocimiento formal del Gobierno de Estados Unidos de Norte América del Genocidio Armenio por parte del presidente Biden, el gobierno turco creó a través del Consejo Asesor Supremo de Turquía, una Agencia para la Negación del Genocidio Armenio con orden expresa de que los diplomáticos turcos trabajen activamente en la negación del mismo en todo el mundo, declaró expresamente a la Diáspora Armenia como principal enemigo de Turquía y solicitó a sus diplomáticos realizar informes sobre las características de las organizaciones armenias en sus respectivos países. Para los ciudadanos uruguayos de origen armenio las preocupaciones van por el lado de que estos eventuales negocios con Turquía no rebajen la tradicional solidaridad de todos los Gobiernos Uruguayos para con la Causa Armenia. Desde 1965, Uruguay fue el primer país del mundo en dar un fuerte golpe contra el muro de silencio e impunidad, reconociendo los hechos de 1915 en el Imperio otomano y continuado por Turquía como un genocidio y es a partir de aquí que llegamos al último reconocimiento, Uruguay posee un gran capital político democrático en el concierto mundial, respetado y valorado que no debería ser “vendido al bajo precio de la necesidad” con un país que prácticamente está aislado del “mundo civilizado”. Como simples ciudadanos nos preocupa lo que es común a todos, que estos acuerdos terminen perjudicando a la industria uruguaya en general por la invasión de productos turcos que ya son muchos y que llegan a bajo precio debido básicamente a la explotación de los trabajadores propios y de los miles de refugiados sirios y afganos en su gran mayoría y el trabajo infantil. Además de los eventuales perjuicios en las relaciones con nuestros socios del Mercosur que por otra parte son nuestros principales socios comerciales fuera de China, Estados Unidos y la Unión Europea. (*) El embajador Hugo Caryús Es Doctor en Derecho y Ciencias Sociales (Facultad de Derecho, Universidad de la República, Montevideo, Uruguay) y funcionario diplomático de carrera del Servicio Exterior Uruguayo. Actualmente es Director del Instituto Artigas del Servicio Exterior (Academia Diplomática) en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay. Desempeñó funciones como Director de Relaciones Institucionales (en el período marzo a julio de 2020). Daniel Bedouny
Mekhjian Keosseian