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    Argentina, Brasil y los “seudointelectuales” uruguayos

    Sr. Director:

    Carlos Quijano, valioso puntal de la cultura uruguaya (muy débil a pesar de brillantes productos de la literatura, las artes visuales y musicales, tecnología productiva), definió un siglo atrás la debilidad extendida de los pueblos hispanoamericanos. Estábamos, estamos quizá hoy, sometidos culturalmente a los seudointelectuales. Agregó un calificativo muy duro: “Peste de América”.
    El recordado Peloduro se burlaba en su tiempo: acuñó la frase “distinguido intelectual compatriota”, oficio difundido en la capital uruguaya.
    El rasgo característico es el divorcio tajante entre las debilidades de un país diminuto en población, enfermo por aislamientos y soledades en el territorio, separado de la bullanguera e imperial ciudad capital, con su discurso altisonante que proclama dogmas sacrosantos. Suiza de América, justicia social, reforma agraria, antiimperialismo militante, solidaridad latinoamericana, lucha de clases, son eslóganes latentes durante todo el siglo XX.
    La dicotomía es funcional a intereses muy prácticos. La sonoridad esconde la mala salud, y además seduce a poblaciones olvidadas, descreídas profundamente, escépticas acerca del valor de conceptos manidos, República, democracia, socialismo, ofrecidos como mercadería en el mismo estilo antiguo: un reino celestial, un paraíso musulmán, bellas huríes disponibles para la eternidad.
    En estos días, afloran las fallas. Gentes cuya honestidad no se pone en juicio, participan del juego perverso: sentirnos jueces. Somos incapaces de afrontar profundos males propios, pero nos sentimos pontífices a la hora de juzgar a los dos países más poderosos de Sudamérica, que nos ciñen. No es nota exclusiva: sabemos de todo acerca de todo el continente sur. Somos capaces de pelearnos para “ayudar” a Venezuela.
    No nos entendemos entre nosotros, pero sabemos muchísimo sobre Argentina y Brasil. Ministros, legisladores, pueden dar sentencia acerca de los cambios políticos en los dos grandes vecinos. Un ministro uruguayo (no el canciller) puede sentenciar el fracaso de Macri o la perfidia del Senado brasileño. La militancia PIT-CNT tiene su propio departamento de Relaciones Exteriores, además de contar con planificadores de la economía en escala universal.
    Más que muchos compatriotas, he seguido con profundo afecto la acción política de Lula y de Dilma. Sentimientos que no tienen relación con realidades políticas, económicas y sociales.
    Un país que se derrumba, que tiene un millón de desocupados, padece recesión, acusa déficit fiscal abultado, no es posible que se someta a los buenos sentimientos orientales o de otros países del mundo. El valiente discurso de Dilma no resuelve el problema. El nuevo gobierno es una incógnita. El único detalle es que no somos jueces. Es un problema brasilero. Nuestros males, tremendos desequilibrios en la educación, en la Justicia, en la delincuencia, no lo resolverán otros, gobierne quien gobierne en Brasil y Argentina, ni tampoco en Asia. Ciertamente nos aguarda un futuro de estrecha cooperación con los dos vecinos, pero ninguno de los partícipes podrá esperar eternamente al otro de brazos cruzados.
    Uruguay disfruta de cierta respetabilidad, no por sus literatos, sino por méritos adquiridos por científicos, por artistas, por técnicos destacados. Desde luego, tenemos ventaja agregada: territorio desvalorizado por el vacío humano, es siempre abierto a inversiones extranjeras. Las militancias, incapaces de ingresar al territorio y remangarse a plantar zanahorias, solo hacen eco a las elites seudointelectuales, incluso a aquellas vestidas plebeyamente y sin corbata. La historia de Uruguay es la historia de la tierra en manos extranjeras.
    Argentina tiene un gobierno nuevo, flamante, carga con peso de problemas severos. No se oyó a actuales pronosticadores del fracaso, aludir a cataclismos cuando le rendían honores a los K, aun y a pesar de las bofetadas que nos dedicaron.
    Brasil afronta un cambio duro. Pero no prestamos atención, ni tampoco lo hizo quien escribe, a las desmedidas ambiciones de Lula formando un Bric (bloque nominal conformado con Rusia, China, India y Brasil) que falló totalmente. Nadie lo recuerda. Desmedidas también las inversiones en otros países del sur, a menudo bloqueadas por indígenas bolivianos, o por el desorden de los K. A Lula le atrajo el liderazgo continental, ahora se devela como imposible. En cambio, cerró los ojos cuando el arduo problema del corte de puentes internacionales golpeaba en la cabeza al Mercosur. El problema brasileño cae sobre Dilma, pero se incubó antes.
    En puridad, Brasil y Argentina han padecido zozobras frecuentes, y carecen ambas de elementos estructurales indispensables: 11 millones de kilómetros cuadrados esperan sistemas viales, industriales, comunicacionales, que requerirán ahorro e inversiones durante muchas décadas. Faltan obras gigantescas. En cambio, en los amplios espacios anidan fácilmente caciquismos y corrupción. Los países capitalistas esperan buenos negocios para ampliar sus propias economías, aplicando tecnología y capitales.
    Construir una comunidad nacional fraterna uruguaya debería ser más accesible para académicos y elites políticas, que dar normas de buen comportamiento a países más sólidos, más industrializados. En contrario, las contradicciones políticas uruguayas, tanto el vocerío de académicos despistados como de líderes corporativos, desacreditan el poco capital disponible. Valemos por responsabilidad, sensatez, y laboriosidad, valores disponibles pero opacados por el ruido.
    Don Carlos Quijano, crítico de los seudointelectuales sudamericanos, “peste de América”, que utilizaban banderas latinoamericanistas para esconder mediocridades, era joven en 1925, pero había acumulado estudios de abogacía, de economía política en la Sorbona, y de militancia juvenil en el Centro Ariel. Podríamos serenarnos hoy, atendiendo su sabiduría. Por lo menos, daríamos tregua a un gobierno nuevo todavía en nuestro país, combatido por la enorme mayoría de dirigencias políticas, gremiales y universitarias.
        Silos Piedracueva Azpiroz
        CI 2.027.875-2