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    Arim plantea ajustes a la negociación colectiva, que se asimila a los modelos más “rígidos y disfuncionales”

    La negociación colectiva, reinstalada en Uruguay en 2005, permitió contar con un marco “previsible de variaciones salariales, construyó un espacio institucional conocido para dilucidar conflictos y realizó un aporte significativo para reducir la desigualdad”. No obstante, se trata de un modelo similar a los “más rígidos y disfuncionales” que rigen en Europa, señala el economista Rodrigo Arim en una consultoría para la Oficina local de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) hecha en el marco de un convenio con el Ministerio de Economía.

    “Uruguay no atraviesa una situación crítica ni se encuentra obligado a realizar ajustes macroeconómicos costosos. Pero si se desea preservar la negociación colectiva como un ámbito institucional que favorezca el crecimiento y la equidad, deben asumirse algunas lecciones básicas” de la experiencia internacional, sostiene. Propone, entre otras cosas, exigir un “umbral de representatividad” a los actores intervinientes previo a la homologación de los convenios y establecer como regla la negociación a partir de pisos de sueldos absolutos (nominales) a nivel sectorial en lugar de variaciones, como un camino de desindexación que es práctica habitual en países nórdicos y Alemania. También sugiere recoger aspectos del modelo noruego, según el cual hay una discusión central un año y al siguiente rondas sectoriales que deben tomar como insumo los lineamientos generales firmados.

    Arim es decano de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración. Tiempo atrás comunicó la decisión de renunciar alegando dificultades para hacer cambios en la institución, pero postergó su salida hasta fines de este mes.

    Pautas e inflación.

    El jueves 21, se instalará el Consejo Superior Tripartito del sector privado. Habrá 109 grupos —involucrando a unos 500.000 trabajadores— que se convocarán gradualmente para discutir salarios, los principales en alimentación, transporte, comercio y servicios. “Es la tanda más grande de grupos de negociación colectiva y vamos a tener un intenso trabajo”, afirmó ayer miércoles 20 el ministro del ramo, Ernesto Murro, en un evento para promover la “cultura del trabajo”. Dijo que el porcentaje de acuerdos tripartitos bajó en las rondas de 2015 y el primer semestre de 2016, lo que a su juicio “marca una nueva realidad”.

    Según Arim, es posible que en algunos sectores aún exista margen para procesar ganancias distributivas sin costos de eficiencia relevantes. Pero luego de diez años de crecimiento económico y con un incremento relevante en la participación del trabajo en la distribución del valor agregado, estas pueden ser cada vez menores. Por ello, afirma, un aumento “sustentable” del poder adquisitivo salarial “requiere de mejoras sistemáticas en la productividad del trabajo”.

    Para el economista, la “coyuntura impone también ventajas: Uruguay no se encuentra en crisis, sino en transición hacia una senda de crecimiento más lento en los años venideros. No es necesario procesar ajustes macroeconómicos drásticos, que no permiten focalizar en el detalle de diseño y obligan a medidas extremas, como viven países de Europa del Sur en estos días. Uruguay debería aprovechar esta coyuntura para discutir la sintonía fina del andamiaje institucional y la estructura de incentivos, salvaguardando la negociación colectiva como un espacio medular de las relaciones sociales y laborales del país”.

    Un capítulo del estudio encara el “problema de la indexación” salarial. El consultor de Cepal afirma que esta “constituye uno de los principales riesgos macroeconómicos”. Opera, dice, un “problema cultural relevante, producto de la historia inflacionaria reciente del país. La erosión producida por la inflación ha sido tan persistente y de tal magnitud que los agentes, en particular los trabajadores, presentan una fuerte aprensión ante la ausencia de mecanismos que los protejan contra la pérdida sistemática de poder adquisitivo, desarrollando una profunda aversión al riesgo de asumir reglas de ajuste que puedan generar resultados análogos o mejores en términos tendenciales, pero que no aseguran la recuperación plena e inmediata del aumento de los precios”.

    Este asunto está instalado en la agenda pública. De hecho, el paro general efectuado el jueves 14 tuvo la preocupación por la inflación y su impacto en el poder adquisitivo salarial como uno de los ejes de la proclama. El PIT-CNT ha pedido rever las pautas dictadas para la actual ronda de los Consejos de Salarios, lo que es rechazado por el Poder Ejecutivo; ahora pretende reunirse con el presidente Tabaré Vázquez buscando hacerlo cambiar de opinión.

    Según el análisis, la mayoría de los acuerdos aprobados no determinan pisos salariales sino porcentajes de incremento. Los niveles inflacionarios actuales —cercanos a 11% en períodos anuales según el Instituto Nacional de Estadística y el Índice de Búsqueda— son “una restricción para cambiar la operativa, dado que el propio Poder Ejecutivo elabora sus pautas en términos de variaciones”.

    En este sentido, Arim propone establecer como regla la negociación a partir de pisos o umbrales absolutos (nominales) en vez de porcentajes de aumento. Ello “no asegura la desindexación, pero se comienza a transitar un camino donde el contenido directo no es la inflación, sino el valor del salario nominal”, explica. Esta es la práctica habitual de los países nórdicos y Alemania. Para los sueldos ubicados previamente sobre el umbral, plantea incorporar ajustes de preservación de su poder de compra. Un mecanismo de esta naturaleza evita que todos los salarios deban subir en la misma proporción independientemente de su situación de partida.

    El economista reconoce que es complejo diseñar cambios en la negociación que ataquen el problema central de la indexación. No obstante, dice que podrían habilitarse incrementos por encima de lo establecido en el nivel central bajo la condición de que se establezca un compromiso empresarial y cláusulas de no trasladar esa variación a los precios, para lo cual es necesario explicitar paramétricas de costos y el peso relativo de los salarios.

    Por otro lado, observa que Uruguay no ha tenido éxito en el intento de incorporar la productividad a la negociación salarial. Al respecto, propone crear una institucionalidad independiente que sustente un sistema de información para la toma de decisiones.

    Economía
    2016-07-21T00:00:00

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