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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáMuda. Como el silencio aturdidor de sus dibujos. La misma ausencia de palabras que hay en sus opiniones. Arotxa tiene tantos años publicando caricaturas en El País como yo de nacida. Más de cuatro décadas. Una vida.
La mesa de madera, los azulejos pintados de verde y marrón en el centro, el diario aún virgen, la taza de leche que nunca quiero tomar. Las páginas sábana que paso hasta llegar al dibujo que cuenta la historia. Minutos mañaneros de encuentro con un periodista gráfico demoledor, contundente, sin pelos en la lengua.
Sus caricaturas son tema de sobremesa, de conversa, risa y sorpresa. En una época donde no se puede hablar, él es un respiro, un chispazo, un ratito de coqueteo con la libertad.
El plebiscito con festejo a puro parabrisas. El golpe de gracia que muestra usando dos palabras que definen todo. El ministro del Interior de turno, Núñez, adentro de una urna repleta de papeletas del NO y una del SÍ. La negativa a la reforma constitucional propuesta por el gobierno militar une al pueblo silenciado, ese que canta el Himno en el Estadio Centenario con voz de democracia.
Muda. Porque lo que pasa hoy no se publica más “visto por Arotxa”, el periodismo y la sociedad entera pierden tanto que ni nos damos cuenta. Los poderosos no tienen su espejo irreverente que desnuda acciones e intenciones. Los deportistas se pierden el golazo de verse capturados en su esencia. Los artistas de cualquier corriente no tienen quién los lleve a una síntesis gráfica de un nivel superior. Los presidentes, ministros, senadores, diputados, intendentes, los “inquilinos de los cargos” quedan desprovistos de esa caricatura que los pesca con sagacidad y swing. Los personajes del mundo, los desagradables destructores de humanidad y los seres superlativos que transforman el planeta. Todos ellos. Todos nosotros. Todos sin ser vistos por Arotxa.
Muda por El País sin Arotxa. Muda por esa ausencia ensordecedora en el diario. Muda porque aunque se escriban miles de caracteres nada reemplaza la agudeza, inteligencia y genialidad de su silencio.
Muda pero segura de que el dibujante del país de las maravillas va a volver a contarnos la historia. No sé cómo, tampoco cuándo, pero estoy convencida de que el vasco laburante, tenaz y excepcionalmente creativo seguirá mirando todo y a todos con los ojos bien puestos, el grafo afilado y la mano dispuesta.
Pilar Perrier