La vida de las misiones diplomáticas en el Uruguay se ha visto fuertemente sacudida tras el ingreso del expresidente Alan García a la sede de la Embajada del Uruguay en Perú.
La vida de las misiones diplomáticas en el Uruguay se ha visto fuertemente sacudida tras el ingreso del expresidente Alan García a la sede de la Embajada del Uruguay en Perú.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá¿Cómo se explica esta curiosidad?
Para entender lo que está pasando, hay que revisar con cuidado los últimos acontecimientos sociopolíticos en nuestro medio.
En primer lugar, cabe decir que el ingreso del exmandatario aprista que hizo la “gran Haya de la Torre” el sábado pasado, presentándose en la representación uruguaya en la apacible urbanización limeña de San Isidro, causó revuelo en todo el mundo.
Bueno, los birmanos y los neozelandeses no le llevaron mucho el apunte a Alan el Gordinflón, acusado de aceptar sobornos de Odebrecht (una vulgaridad en los últimos tiempos). Pero por la región, el tema ha sido muy comentado y analizado por políticos de todos los gustos, medios de todas las orientaciones, abogados de todos los grandes estudios jurídicos, apostadores de todas las tendencias, y público en general.
Como corresponde a los tiempos que corren, en la puerta de la Embajada del Uruguay en Lima se apostaron los dos grupos enfrentados. Los que dicen que Alan García es un perseguido político, víctima de patrañas que pretenden ensuciar su respetable e inmaculada trayectoria, y los que afirman tener pruebas de que se trata de un gordo coimero de marca mayor, sobornado de manera vil por la gran empresa corruptora de políticos latinoamericanos perteneciente al Ing. Odebrecht y su familia. Ya no existen los términos medios.
Los dos grupos se enfrentan varias veces al día a pedradas (sobre todo cuando la CNN está filmando) y sacuden alternativamente a los visitantes. Cuando los que visitan al asilado son sus familiares, uno de los grupos los agrede y los vitupera groseramente, y cuando los visitantes son oficiales de la Policía o de la Justicia, el otro grupo se encarga de escracharlos por perseguir al angelito refugiado.
Pero volvamos al inicio: ¿por qué este alboroto en las Embajadas extranjeras en Uruguay?
De acuerdo con la más reciente información recabada por grupos de inteligencia de nuestra sagaz fuerza policial, se han registrado en los últimos días sorpresivas visitas nocturnas a varias Embajadas, por parte de un pequeño grupo de personas que ha solicitado correctamente una entrevista con anticipación. Lo sorpresivo es el horario.
Los visitantes llegan sobre la medianoche, y al cabo de dos o tres horas abandonan la sede diplomática sigilosamente y en silencio.
La primera visita tuvo lugar en la Embajada de Cuba, la segunda en la de Nicaragua y la tercera en la de Venezuela, pero ya se llevan registradas casi una veintena de visitas. La más reciente fue en la Embajada de Angola, y gracias a una filtración de una funcionaria que está saliendo hace años en las Llamadas, y que es amiga de un periodista con el que comparte el gusto por el mundo afro, pudimos enterarnos de algunos detalles de este extraño caso.
El pequeño grupo visitante está encabezado por el vicepresidente Raúl Sendic, quien viene solicitando asilo en todas y cada una de las Embajadas visitadas, hasta ahora sin haber recibido respuesta positiva. Sendic se agravia de ser un perseguido político acosado no solamente por la oposición sino por sus propios antiguos compañeros de militancia, y dice temer por su vida, en particular por la agresividad de las amenazas recibidas de sus correligionarios.
Pudimos saber por ejemplo que en la Embajada de Cuba le reprocharon duramente el haber involucrado a la Universidad de La Habana en el fiasco del título de licenciado, y le informaron que el presidente Díaz Canel había dado instrucciones de que si este pedido se registraba, que le aconsejaran al solicitante que buscara alguna opción alternativa. En la Embajada de Nicaragua le dijeron que estaban sin financiación para gastos extraordinarios, ya que todos los fondos estaban destinados a combatir a los terroristas que pretenden derrocar al valeroso presidente Ortega. “No le podríamos ni dar de comer”, dicen que le dijo el embajador. El embajador de Venezuela dicen que le manifestó textualmente que “siempre tenemos los brazos abiertos para ti, querido Raulito”, pero que el presidente Maduro, consultado al efecto, dijo que prefiere preservar una buena relación con el gobierno del Frente Amplio, y que, tras consultar a los 25 grupos que lo integran, todos coincidieron en que era mejor que Sendic no se asilara en la Embajada chavista.
En la Embajada de Francia le adujeron que al no conocer el idioma, era difícil alojarlo, y en la de Holanda le explicaron que estaban de reformas y obras, y que el cuarto de huéspedes estaba en pleno reciclaje, y ni muebles había. El embajador de Hungría le pidió disculpas en medio de la reunión porque lo estaban llamando desde Budapest, y, al no regresar al encuentro luego de dos horas, los visitantes optaron por retirarse.
El embajador argentino le sugirió al peticionante que en lugar de alojarlo, le facilitaría asistir en lugar de José Mujica a disertar en la contracumbre del G-20. “Si a su conferencia asisten más de 20 personas, prometemos estudiar cuidadosamente su solicitud”, dicen que le dijo el embajador. En la de Brasil, adujeron que Bolsonaro había mandado fumigar la Embajada, y que había residuos tóxicos que podrían afectar su salud. En la última, que fue la de Angola, le dijeron que a la cosa la veían bastante negra, pero que harían las consultas del caso.
También se ha sabido que los embajadores visitados se han reunido para analizar el tema, y estudiar alternativas de obtener un asilo que satisfaga al perseguido. Uno de ellos sugirió el asilo Piñeyro del Campo, pero otro colega le informó que se trataba de un asilo para personas ancianas.
Se consideró la posibilidad de seguirle dando largas al asunto, hasta que el solicitante tuviera la edad adecuada para encontrar refugio en dicho asilo. Pero tampoco estuvieron seguros de que lo fueran a aceptar.