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Un año atrás, al presentar un documento de perspectivas para la región, el economista jefe para América Latina y el Caribe del Banco Mundial (BM), el uruguayo Martín Rama, cayó en lo que hoy puede verse como un “cierto optimismo ingenuo”. La realidad es que sus economías tendrán que “aprender a funcionar con el virus”, dijo la semana pasada en una charla para periodistas que tuvo, otra vez, en formato virtual. “Seamos claros: el 2021 es todavía un año de Covid-19” porque, aún con la vacunación, es posible que “no estemos con inmunidad de grupo antes del final del año”, recalcó.
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El nuevo informe del BM comentado por Rama, titulado Retomando el crecimiento, incluyó nuevas estimaciones para Uruguay: su Producto Bruto Interno (PBI o PIB) aumentará 3,4% este año, y en los siguientes moderará el ritmo de expansión (3,1% en 2022 y 2,5% en 2023). Como el Fondo Monetario Internacional (ver recuadro), estima una gradual mejora de otras variables macroeconómicas. Y la proporción de la población pobre —calculada como aquella que vive con menos de US$ 5 al día a precios de paridad de compra— se irá reduciendo y en 2023 será 2,6% del total.
Esas proyecciones están acompañadas por un breve comentario referido al país: “A pesar de una contracción del PIB del 5,8% en 2020, Uruguay está preparado para un repunte de más del 3% en 2021 y 2022”. Agrega que la “red de seguridad social existente (…) protegió a los más vulnerables de la recesión económica, pero los riesgos son negativos, en particular desde el cierre de fronteras al turismo extranjero”. Y sobre la situación de las finanzas públicas, señala que, “si bien se pospusieron los planes inmediatos de consolidación fiscal, el compromiso del gobierno con la sostenibilidad fiscal se refleja en la reducción de gastos no relacionados con Covid-19 y la adopción de una regla” en esta materia. Sobre la cuestión fiscal insistió Rama en su charla refiriéndose en términos generales a la región: “En algún momento hay que ponerse en un camino de cierta consolidación. Cuál es el momento, es difícil (decirlo). Las tasas (de interés bajas en el mundo) nos ayudan, pero es algo que hay que pensar, efectivamente”. Es que, dijo, los gobernantes tendrán que hacer “equilibrio” entre seguir apoyando a la gente donde se necesita”, si se presentan “segundas olas” de contagios, y al mismo tiempo, encarar medidas que reduzcan los déficit y el “sobreendeudamiento”.
Según el informe, el resultado negativo en las cuentas públicas en América Latina y el Caribe fue equivalente a 8% del PBI en 2020, con Granada (1,9%) y Brasil (13,7%) como extremos. El dato anual más reciente para Uruguay, informado el 26 de marzo por el Ministerio de Economía, es de 4,7% del PBI a febrero de 2021.
Energía y tarifas
Rama dijo que al mismo tiempo que hay “varias razones para ser pesimista” sobre el futuro inmediato de la región en el contexto de la pandemia también hay otras para pensar lo contrario, como la expansión que están teniendo sectores como la informática. Eso lleva a un “cambio de composición” en las economías que, en algunos países, puede subir la productividad media. Otro motivo para el optimismo es la oportunidad de desarrollo del sector energético, aseguró. Observó que América Latina tiene la matriz de generación “más limpia del mundo. Deberíamos tener la energía más barata del mundo, y sin embargo tenemos la más cara del mundo, para las empresas y las familias. Una explicación pueden ser los impuestos” y otra las ineficiencias en los sistemas eléctricos, analizó el economista.
Todo un capítulo del estudio del BM refiere a ese aspecto. Allí señala que las “medidas fiscales y cuasifiscales pueden explicar parte de la brecha entre los costos de generación eficiente y los precios reales de la electricidad en América Latina, y quizás incluso la mayor parte en unos pocos países, pero ciertamente no en todos. En muchos casos, también está en juego la pura ineficacia”.
Rama se cuidó ante los periodistas cuando le pidieron que hablara sobre países en concreto y optó por la generalización, aunque ciertos conceptos podrían ser asimilables a Uruguay. Dijo que en la región hay “mucha complejidad en el sistema de precios. En algunos casos hay una fiscalidad implícita, escondida, donde el gobierno es dueño de las empresas que generan energía eléctrica y es quien regula la tarifa, y se puede utilizar para generar ingresos. Eso habría que corregirlo”.