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    Azerbaiyán

    Sr. Director:

    Cuando las cenizas del debate en torno a democracia, autoritarismo y libertad de expresión —a propósito de Venezuela— aún no se han enfriado, visita nuestro país una delegación parlamentaria proveniente de Azerbaiyán, una autocracia petrolera del Cáucaso, que desde hace algunos años se ha percatado de la existencia de un pequeño país en América del Sur, llamado Uruguay.

    Esta visita se da en un contexto muy particular, no porque el debate en torno a democracia y libertad de expresión en nuestra región le resulte de lo más incómodo a los diputados azeríes, sino porque la presión internacional condenando los excesos del gobierno de Azerbaiyán está alcanzando niveles nunca antes vistos.

    El régimen autoritario de su presidente, Ilham Aliyev, miembro de una dinastía que gobierna el país hace cuatro décadas casi sin interrupciones, ha sido cuestionado por asociaciones de derechos humanos (Amnistía Internacional, Human Rights Watch, el Parlamento Europeo e incluso por algunos de sus socios, incluido EEUU) por la persecución y encarcelamiento de periodistas y activistas opositores. El último bastión de la prensa independiente en el país, Radio Free Europe/Radio Liberty, fue clausurada días atrás y su personal encarcelado. En consecuencia, la búsqueda de legitimidad en el exterior, especialmente en países que gocen de un cierto status democrático, es un imperativo para el régimen de Ilham Aliyev por estos días.

    Ilham heredó de su padre, Heydar, el puño de hierro con el que el viejo oficial de la KGB gobernó su feudo desde la era soviética (1969) hasta su muerte en 2003, y el mismo afán para los negocios que llevó al clan familiar a concentrar toda la riqueza petrolera del país. Luego de acorralar y encarcelar a la oposición política y económica, a los Aliyev les ha resultado tan fácil hacerse con el control de toda la prensa, como ganar elecciones: en 2013 la comisión electoral anunció la reelección del presidente con el 84,6% de los votos, unas horas antes de que se abrieran los circuitos para que votaran los ciudadanos. No en vano los Aliyev han sido considerados los Corleone del Caspio por la revista Foreign Policy y el Departamento de Estado de los Estados Unidos. Haciendo los honores, el pater familias fue galardonado en 2012 como “el personaje más corrupto del año” por la organización Reporte del Crimen Organizado y la Corrupción.

    Diputados elegidos por ese mismo sistema electoral visitan esta semana nuestro país y mantendrán reuniones con los representantes legítimamente electos por el pueblo uruguayo, una contradicción que aunque rompe los ojos, parece no incomodar a las decenas de legisladores de varios países (incluido Uruguay) que han hecho de Bakú una visita obligada cada año, para saludar al tirano en su casa.

    La Iniciativa de Estabilidad Europea tituló su último informe sobre Azerbaiyán “La Diplomacia del Caviar”, en alusión a los carísimos regalos con los que el país intenta complacer a parlamentarios europeos y latinoamericanos, en un intento desesperado por mejorar su imagen exterior. El informe reseña que viajes, kilos de caviar y cuantiosos aportes para campañas políticas son algunos de los beneficios percibidos por los operadores políticos y lobbistas que se vinculan con los diplomáticos del país de los Corleone del Caspio.

    Contra todos los pronósticos, la diplomacia del caviar ha arrastrado al escándalo a cada uno de sus protegidos: legisladores en el parlamento británico observados por las sumas y regalos que percibían; parlamentarios españoles acusados de recibir sobornos para evitar una resolución del Consejo de Europa sobre la situación de los derechos humanos en Azerbaiyán; y hasta el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México, obligado a retirar una estatua del dictador Heydar Aliyev del Paseo de la Reforma, envuelto en un escándalo de corrupción por ofrecer la dignidad de su ciudad al mejor postor.

    Se trata de la misma historia que ya conocemos de memoria: luego de años de derroche navegando sobre una importante reserva petrolera, el viento comienza a soplar en la dirección contraria y el heredero de la Presidencia, sin las virtudes del Gran Líder, intenta afianzarse incrementando la represión y la violencia contra la oposición que aún resiste. Mientras tanto, busca desesperadamente en el exterior cualquier apoyo que le devuelva la legitimidad perdida que le cabe a todo presidente “electo democráticamente”.

    Habiendo escuchado tantas veces esa historia, resulta inverosímil que quienes apenas una semana atrás pedían una firme condena a Venezuela, sean quienes mañana abrirán las puertas del Palacio Legislativo, símbolo de nuestra democracia, para recibir a una delegación de Azerbaiyán.

    Federico Waneskahian

    CI 4.364.670-2