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En 2013 Pedro Ravela, entonces director ejecutivo delInstituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed), se comunicó consu colega argentino Mariano Palamidessi para que elaborara un trabajo sobre la evolución de los currículums de educación básica en Uruguay.
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El trabajo de Palamidessi gustó mucho, pues tiempo después la presidenta del Instituto, Alex Mazzei, lo contactó para avisarle que Ravela había renunciado y estaba abierto el concurso para suplantarlo.Doctor en Educación y licenciado en Ciencias de la Educación, Palamidessise presentó y desde octubre es el nuevo director ejecutivo del organismo.
Como“no es algo que se pueda hacer viajando” desde Buenos Aires, decidió instalarse en Montevideo. Mientras lidia “con la Aduana, la cédula de identidad y migraciones”, dialogó conBúsquedasobre sus objetivos y el estado de la educación uruguaya.
—¿Qué análisis hizo del Ineed en estos meses?
—Me encontré con cosas que hay que realinear y mejorar. Queremos tener un rol más fuerte, más presencia en la opinión pública, en la prensa, en los debates. Vamos a tener más presentaciones públicas de informes, sabiendo que este es un rol un poco incómodo.
—¿Cómo se logra eso?
—El Ineed tiene como mandato hacer estudios para influir. Queremos direccionar con más fuerza nuestros estudios a temas de la agenda política. Es cierto que los informes siguieron hasta ahora una dinámica académica propia, pero tienen que estar tensionados por la política. El otro tema es que tenemos que tratar de generar comunicaciones que hagan sentido en la discusión pública: no podemos darnos el lujo de sacar informes que solo entienden los especialistas. Tienen que tener el rigor de los especialistas, pero expresados en un lenguaje para un lector medio formado: un decisor de política o un director de una escuela.
—Autoridades de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) se han quejado de que trabajos del Instituto generan sobreevaluación ¿Qué piensa?
—¿A qué llamamos sobreevaluación? Estoy de acuerdo en que no hay que pasarse de loco haciendo evaluaciones. Ahora, uno tiene exceso de evaluación no tanto cuando toma muchas cosas, sino cuando hay muchas cosas sobre la mesa y no damos abasto para procesarlas. Y creo que en Uruguay hay datos, pero falta diálogo y procesamiento técnico continuo sobre los datos. Hace poco la ANEP nos dio el informe con los resultados de la evaluación 2013. Queremos que se discuta. Acá hay muchos informes dando vueltas que enuncian y no llegan a ser diálogo. Los datos están sobre la mesa, hagamos un espacio de trabajo y saquemos consecuencias en términos de políticas. Tenemos déficit de procesamiento técnico político de los datos, no sobreevaluación.
—Uno de los informes más promocionados del Ineed es la Encuesta Nacional Docente que presentará en 2016 ¿Qué conclusiones han sacado?
—Es la primera vez que se hace una encuesta con validez nacional a docentes, y nos va a dar mucha información sobre algo que es relevante. Más allá de que los docentes en parte se expresan por la voz de los sindicatos o de las Asambleas Técnico-Docentes, acá es la opinión de los individuos y no tanto de las organizaciones. Y nos parece un insumo importante porque esa figura del llamado “malestar docente” es interesante para investigar, en el sentido de que hay cuestiones de la cultura y estructura del sistema que están ahogando lo que llamo energías educadoras.
—¿A qué se refiere?
—Hay cosas que hay que empezar a escuchar de otro modo para pensar cambios. Efectivamente, creo, podemos llamarlo malestar. Hay mucha energía y preocupación de los docentes que no encuentran un canal en las estructuras o en las propuestas existentes hoy. En parte lo que se expresó en las elecciones para consejeros de la ANEP, con un altísimo número de votos en blanco, es un dato que no se puede obviar.
—En Uruguay el 6% del PBI para la educación es indiscutible para autoridades y sindicatos. ¿Sucede lo mismo en Argentina y otros países de la región?
—Ese es un número que tiró la Unesco hace unos años. Es un estandarte, porque en cada país puede decir cosas distintas. Yo no sé si el problema es el número mágico del 6%, sí creo que hay necesidades del desarrollo educativo uruguayo que necesitarían más recursos. Uruguay tiene una tasa de terminación de Secundaria baja en comparación al resto de la región. Cuando yo proyecto esta tasa hacia el año 2050 y Uruguay tenga, por lo menos, un 50% de su población adulta que no termine la secundaria, va a ser un obstáculo serio al desarrollo social, económico y político del país. No hay nada que hacer. Hay una estrategia que el país tiene que desarrollar, todavía va muy despacio, para lo cual se van a necesitar más recursos. Y con menos del 6% se puede llegar.
—¿Por dónde pasa esa estrategia?
—En Primaria y en Secundaria se intenta formar en una cantidad de cosas en cuatro horas, el mismo tiempo que hace un siglo. No sé si la solución automática es tiempo completo para todo, pero sí vamos a tener que expandir el tiempo. También hay que ir a un porcentaje de docentes que puedan ir al sistema de cargos.
—¿E incentivar a los docentes que enseñan en contextos socioculturales complejos, como planteó en su momento el ex subsecretario de Educación Fernando Filgueira?
—El incentivo por contexto sociocultural es un mecanismo que en muchos países existe. Enseñar en ciertos lugares requiere de mayor energía. Siempre se habla sobre “igual salario igual trabajo”, pero no es igual trabajo. Estar ahí es otro trabajo, por lo tanto estoy a favor de que se piensen mecanismos de asignación de recursos que premien.
—Un reciente estudio del Ineed critica duramente los actuales currículos de Primaria y Secundaria. ¿Hay que cambiarlos?
—Es necesario un cambio de los dos planes, porque nunca hubo una discusión en Uruguay sobre qué tienen que aprender los estudiantes. Pareciera que lo que hay que enseñar en la escuela es evidente, y no lo es. Hay mucha herencia del pasado: hay que seguir enseñando lo que se enseñaba antes. Y la verdad es que el mundo ha cambiado bastante. Queremos tener un auto más o menos razonable, una computadora actualizada o una ropa a la moda. Ahora, lo que enseñamos no hace falta actualizarlo.
—El gobierno pretende que en2020 el 100 % de los jóvenes de hasta 17 años esté en el sistema educativo y el 75 % termine enseñanza media. ¿Podrá alcanzarse esa meta?
—Estamos avanzando a un ritmo lento, lento. Y diría que hay que entrar en una situación de aceleración, pero todavía no veo todas las cosas en la dirección correcta para que eso se dé. Las metas que se están proponiendo para este quinquenio son ambiciosas. Lo que digo es: no las dejemos en el olvido. El Ineed va a hacer un monitoreo de esas metas y vamos a estar como el tero, gritando. No nos vamos a dormir con esto.