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En 2014, el artista visual y cineasta Martín Sastre dirigió un corto de 10 minutos titulado Protocolo celeste, que fue auspiciado por el Banco República (BROU), con el fin de promover a Uruguay como sede del Mundial de Fútbol de 2030. Protagonizado por Natalia Oreiro y Diego Forlán, contó también con una breve participación del campeón del 50 Alcides Ghiggia (1926-2015).
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Protocolo celeste es una historia de ciencia ficción que cuenta la desaparición de la medalla del Mundial de 1950 de la bóveda del Tesoro Nacional. Al desaparecer la medalla, también se pierden logros históricos del país, entonces se activa el “protocolo celeste” y aparecen dos agentes, Oreiro y Forlán, para rescatar la medalla y devolverla a su lugar.
En una secuencia, Oreiro cabalga al amanecer por la playa en un caballo blanco, llega a la sede central del BROU en la Ciudad Vieja, sube las escalinatas y entra con caballo y todo al edificio.
Hace 10 días, Sastre se enteró de que una secuencia similar a la de esa cabalgata aparece en una publicidad que la empresa Lancôme lanzó en París en 2019 para promover su perfume Idôle. La actriz estadounidense Zendaya cabalga al amanecer por las calles de París, sube las escalinatas de un edificio antiguo con su caballo blanco y con un vestido de igual color que el de Oreiro. Al final de su cabalgata, levanta el perfume en un gesto similar al que hace Oreiro al levantar la medalla de los campeones del 50.
Quien descubrió esta publicidad fue el director de arte de Protocolo celeste, Rafael Olarra, que trabaja en Miami para grandes marcas. Al ver las coincidencias, se comunicó con Sastre. “Al principio quedé en shock, después lo empecé a negar y a pensar que una chica cabalgando al amanecer es algo que ha aparecido en muchos lados. Pero hace 20 años que trabajo como artista y no es la primera vez que copian alguna de mis obras, y ahora fue una empresa como Lancôme. Entonces me puse a analizar las imágenes, diseccioné cuadro por cuadro e hice un video que decidí publicar en las redes sociales”, explicó Sastre a Búsqueda.
Al artista le llama la atención que varias decisiones que tomó para la creación de este audiovisual se le hayan ocurrido también a los creadores de la publicidad: el color del vestido, el peinado, los accesorios, los encuadres, la iluminación, los movimientos de cámara, la arquitectura. “Me llevó mucho tiempo llegar a esa especie de amazona medio charrúa, a esa mujer centauro. Hay toda una simbología que puedo explicar por qué está ahí. Al personaje de Natalia lo canibalizaron por completo”, agrega.
Al hacer público su video con la comparación de las imágenes, Sastre comenzó a recibir apoyo de otros artistas y de sus seguidores en las redes, que iban encontrando otras similitudes. Entonces se comunicó primero con su madre, que es abogada, y después con la galería de arte que representa su obra en París desde 2006. “Los abogados de la galería están analizando los videos y se van a encargar de la parte legal. Al parecer, como mi obra la promocionan en ferias y exposiciones en Francia, quienes hicieron la publicidad pudieron conocer Protocolo celeste. Ahora está abierta una investigación para ver quiénes están atrás de esto, porque además de la marca hay personas”.
Hacer Protocolo celeste tuvo un significado especial para Sastre porque su bisabuelo había sido secretario general del BROU, donde comenzó a trabajar a los 15 años. “Crecí escuchando cuentos sobre el banco y el tema me apasionaba. Recorrí depósitos buscando muebles antiguos y también hice una investigación del edificio central. Quería que el corto hablara de fútbol, pero de una forma diferente a la habitual, quería que el edificio, una obra maestra de Juan Veltroni, fuera protagonista con su bóveda. Nos llevó ocho meses de trabajo y tuve una gran colaboración de Natalia y Diego. A Natalia hasta la hice bucear”.
El artista mantiene una relación profesional y de amistad con Oreiro desde hace 20 años. Ella fue la protagonista de Miss Tacuarembó (2010), su debut como director de cine, y en 2020 la dirigió en el documental Nasha Natasha, sobre la exitosa gira de Oreiro por Rusia.
En estos momentos, Sastre está concentrado en un proyecto que comenzó tiempo atrás, y que se llama Lala, en homenaje a su abuela. El objetivo es que los artistas puedan contar con un ingreso mensual mientras están trabajando en una obra, como forma de paliar la precarización de su trabajo.
Lala funciona con un sistema de suscripciones. “Es como un Netflix de artistas”, dice Sastre. Por un lado, los creadores presentan sus proyectos y el monto que necesitan para financiarlo, y por otro se suscriben quienes estén interesados en aportar “lalas”, la moneda de esta propuesta. A cambio, los suscriptores podrán tener diálogo con los artistas, seguir su proceso creativo y recibir algún producto de ese proceso. Al final, cuantas más lalas aporten, tendrán mayores privilegios al participar en una subasta de las obras. Los interesados pueden entrar en el sitio lala.art/home.
Se plagian obras, no ideas
“El plagio es una violación del derecho de autor que se maneja en un plano de tolerancia, aunque siempre provisoria. No ha habido grandes juicios porque no es fácil probarlo, pero si se prueba, es penado. En cualquier país que proteja el derecho de autor existe la pena de plagio”, explica Luis Fernando Iglesias, abogado especializado en derechos de autor y docente universitario.
Sobre las imágenes del corto de Sastre y la publicidad de Lancôme encuentra similitudes, incluso en las secuencias, pero aclara que hay que tener en cuenta si hay filmaciones genéricas anteriores. “Reconozco que este caso me hizo dudar, pero tiene que probarse que claramente es una obra ajena atribuida como propia”.
Como antecedente recuerda el litigio en torno a la canción del Mundialito de 1980, Uruguay te queremos ver campeón. En 2007, sus autores, Roberto Da Silva y Alberto Triunfo, demandaron a la artista española Rosana por considerar que su canción Soñaré tenía importantes similitudes con la de ellos. “Después de varios peritajes, se llegó a la conclusión de que Uruguay te queremos ver campeón tampoco era original porque fue tomada de otro tema anterior. Por lo tanto, no se puede reclamar plagio por algo que no es original”.
También señala que hay una idea equivocada en torno al plagio. “Mis estudiantes dicen: ‘Le robó la idea’, pero el derecho de autor no protege ideas, sino obras. Si alguien le cuenta a otro la trama de un relato que va a escribir, y el otro lo escribe, no hay plagio porque el relato no existía antes. Por lo tanto, lo que se puede plagiar es la obra o fragmentos sustanciales de la obra”. Otro aspecto que se tiene en cuenta es si hubo o no intención de engaño. Todo esto hace complicado probar el plagio, que no siempre llega a la instancia judicial.
Sastre no sabe en qué terminará la investigación que se inició en Francia. Por ahora se pregunta: “¿Cuántos millones de perfumes vende Lancôme con esta publicidad?”.