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    ‘La primera estrella’: un impactante relato de la primera conquista mundial de la Celeste

    El documental, dirigido por Guzmán García y producido por Sebastián Bednarik, sigue el legado de Maracaná, Mundialito y Sangre de campeones, pero evita entrar en la polémica aludida en su título

    Nunca se había hablado tanto de las cuatro estrellas que la selección uruguaya de fútbol estampa en su camiseta. Rara vez la controversia trascendía las fronteras del periodismo deportivo y del ambiente futbolístico, pero en estos días se viralizó a raíz de las recientes declaraciones de Sebastián Abreu y Diego Lugano, que avivaron la polémica. Buen timing el de los productores de este documental, estrenado el jueves 11 en el circuito cinematográfico.

    La primera estrella cuenta la historia de la primera consagración planetaria de la Celeste, en los Juegos Olímpicos de París, en 1924. Fue la primera vuelta olímpica, en el estadio situado en el suburbio de Colombes, nombre que lleva una de las tribunas del Centenario. Es el primer título mundial uruguayo, ya que el torneo olímpico de fútbol estaba en ese entonces organizado por la FIFA, y es la materia prima de la discusión que, un siglo después, conserva toda su intensidad. Pero, como vamos a ver, este filme prefiere evitarla.

    Guzmán García ha dirigido historias vinculadas a la sociedad y a la sensibilidad como Todavía el amor y El amor duerme en la calle. En 2018 fue el codirector, junto con Sebastián Bednarik, de Sangre de campeones, el documental que retrató a esta brillante generación de futbolistas amateur que redefinió el fútbol, al extremo de inventar la vuelta de honor, luego denominada vuelta olímpica, el tradicional festejo que se produce desde entonces cada vez que un equipo gana un campeonato.

    Embed - La Primera Estrella | Tráiler Oficial | Estreno 11 de junio en Cines

    Ahora es el director y guionista de La primera estrella, que cuenta con dirección de fotografía de Lucas Cilintano y con Bednarik en la producción. Es también la cuarta entrega de la gran saga de documentales sobre fútbol en Uruguay, detrás de Maracaná, Mundialito (ambas de Bednarik) y Sangre de campeones. El plan de este pujante grupo de cineastas es seguir con dos próximas piezas sobre el título celeste en los Juegos de Ámsterdam, en 1928, y sobre el Mundial de 1930 en Montevideo.

    La película se centra en la epopeya deportiva de un equipo que sorprendió al mundo con una nueva manera de jugar al fútbol, desconocida hasta ese momento. La revolución táctica del pase corto, de la técnica para controlar el balón, de la finta, la moña, la gambeta, el amague, herramienta fundamental para superar rivales en el mano a mano, engañarlos con el cuerpo y dejarlos sentados en el pasto. Las innovaciones de los uruguayos fueron múltiples, y en eso tuvo mucho que ver la política pública. La Ley de las Ocho Horas otorgó más tiempo libre a las clases trabajadoras y la política deportiva del batllismo dispuso plazas de deportes gratuitas a lo largo del territorio. Como resultado, el fútbol evolucionó y se desarrolló en gran forma, al igual que lo hizo en Argentina. Pero los primeros títulos mundiales fueron para la margen oriental del Plata.

    Gracias a un prodigioso cúmulo de registros fílmicos, y un guion eficiente, narrado por César Troncoso, caracterizado como un visitante de archivos que lee libros y documentos, La primera estrella es una valiosísima reconstrucción de una historia que va mucho más allá del fútbol. Esta gira de dos meses de la Celeste por Europa, desde Vigo, donde desembarcó la delegación proveniente de Montevideo, hasta París, significó una de las primeras apariciones masivas de la palabra Uruguay en medios de prensa europeos, y marcó el inicio de una tendencia que se mantiene un siglo más tarde: el fútbol ha sido, y sigue siendo, una de las principales plataformas —sino la principal— de la proyección internacional del país.

    La película se concentra en la proeza deportiva y en su génesis, cuando el dirigente de Nacional Atilio Narancio hipotecó su casa para financiar la travesía de los deportistas. Con base en testimonios de historiadores como Gerardo Caetano y Carlos Demasi, de periodistas deportivos como Silvia Pérez y Gerardo Bassorelli y de investigadores como Aldo Mazzucchelli y Jorge Chagas, se reconstruye cómo se conformó el plantel liderado por figuras históricas como José Nasazzi (el primer gran capitán), José Leandro Andrade (apodado Maravilla Negra), Héctor Scarone, definido como el mejor jugador del mundo en esos años, y Pedro Petrone.

    El filme describe muy bien el contexto social y cultural de la época a través de la peripecia de un grupo de individuos que en el momento del viaje no eran las estrellas ni los personajes históricos que fueron luego, sino simples trabajadores que en sus ratos libres jugaban al fútbol y que debieron pedir licencia laboral sin goce de sueldo para viajar a Europa.

    Una parte considerable del metraje está dedicado a la gran crisis que atravesó el fútbol uruguayo en 1923, episodio conocido como el cisma de la AUF (Asociación Uruguaya de Fútbol), y el cañón central está ocupado por la gira previa en España y por cada uno de los partidos que el equipo disputó en París (todos triunfos), una campaña que asombró a todos: rivales, público, periodismo y dirigentes. Uruguay ganó los cinco partidos (a Yugoslavia, Estados Unidos, Francia, Holanda y Suiza), casi todos por goleada; convirtió la insólita cifra de 20 goles y solo recibió dos. Junto con el oro que los celestes volvieron a conquistar en París, así se conformó la base argumental para conseguir el respaldo necesario para que Uruguay fuese, seis años después, el organizador de la primera Copa del Mundo.

    La producción logró la proeza de conseguir, en archivos fílmicos franceses, un cuantioso volumen documental que incluye no solo los partidos, sino imágenes de la concentración del plantel en un castillo de las afueras de París, propiedad de una aristócrata muy acaudalada a la que se le alquiló la mansión completa.

    También se pueden ver imágenes increíbles del viaje en barco, con los jugadores entrenando en la cubierta ante la mirada atónita de los viajeros, y los ranchos de madera precarios construidos para alojar a los deportistas de los juegos parisinos, una villa olímpica con piso de barro que fue abandonada rápidamente.

    Otro componente anecdótico de importancia es el entretenimiento. Los cánones de disciplina deportiva eran muy distintos a los que prevalecieron luego y fue muy complejo lograr que los jugadores no se fueran a disfrutar de la noche parisina al inicio del torneo. Solo fue posible a través de un pacto muy singular: si Uruguay ganaba el oro, se quedaban en París hasta el final de los juegos. Así ocurrió. Y, de hecho, el filme muestra imágenes de Andrade en los burdeles parisinos, convertido en una celebridad exótica.

    En una decisión virtuosa, García optó por no usar herramientas de inteligencia artificial para recrear lo que no está registrado: solo fue usada para mejorar algunas imágenes de mala calidad y animar ciertas fotografías, las indispensables.

    Sin embargo, otra decisión conceptual de La primera estrella resulta contradictoria con la elección de su nombre. Pese a contar con un prestigioso y muy capacitado plantel de comentaristas, el documental no ingresa en el terreno de la controversia histórica sobre el valor de título mundial de la FIFA que tuvo este campeonato, que le confiere, justamente, ser la primera de las cuatro estrellas que Uruguay luce en su casaca. Resulta extraño que, precisamente, contando con argumentos documentales tan sólidos, el filme se estrene con ese talón de Aquiles tan expuesto. Esta carencia no desluce las grandes virtudes de La primera estrella, pero es, al mismo tiempo, la razón por la que buena parte del público al que apunta esta producción se quede con la sensación agridulce de una ausencia demasiado notoria. Quizá, el documental sobre Ámsterdam 1928 (hay registros fílmicos de asombrosa calidad) venga a remendar tamaña omisión.