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    Cabildo Abierto es “un partido de hombres libres”, con un enfoque “nacionalista” e ideas de “orden” y “moderación”

    A Wilson Ferreira le “gustarían muchas cosas que hace Manini”, dice su hijo Gonzalo Ferreira Sienra, y destaca que el excomandante en jefe es una “fuerza tranquila”

    “Soy charlatán y desordenado”, avisa Gonzalo Ferreira Sienra, al anticipar una de sus señas personales, igual que cierto humor irónico y un proclamado afecto por su padre, el caudillo nacionalista Wilson Ferreira Aldunate. El primer suplente de Guido Manini Ríos en el Senado también se declara “nacionalista” —“en el buen sentido de la palabra”, aclara— y “de Manini”, más allá de ideologías, porque esas fronteras están “diluidas” en Uruguay, dice. “¿Qué diferencia ideológica tiene un blanco razonable de un colorado razonable?”, plantea. “No me gusta que me encasillen, como quien va y clasifica ovejas, gallinas ponedoras, vacas lecheras o caballos de carrera”, agrega el también productor rural establecido en Salto desde hace casi tres décadas.

    Fue en Salto donde Manini Ríos le propuso a Ferreira Sienra ir en un lugar relevante de la lista al Senado por su partido. En una pausa durante una cena en la que también participaron Irene Moreira y Guillermo Domenech en un local alquilado en las afueras de Salto, el excomandante lo tomó del brazo y le dijo: “Mirá, estamos haciendo la lista al Senado, y yo quiero que seas senador… Me gustaría verte en el Senado, aunque capaz no serás titular... Mi lista es como un ajedrez y, según los votos que tenga, tú vas a ser senador”.

    “Y así fue”, evoca el hijo mayor de Ferreira Aldunate, cuyo nombre también fue barajado como eventual compañero de fórmula presidencial de Manini Ríos. Fue tercero en la lista, después de Rivera Elgue, hoy subsecretario de Defensa, y de Moreira, ministra de Vivienda, y ya ocupó la banca cuando el líder cabildante pidió licencia por el tema del desafuero.

    Pero su identificación con Manini Ríos viene de un tiempo antes de aquella cena, por un conocido en común, un militar retirado. A finales de 2018, el hoy senador lo citó en la oficina de plaza Libertad y tras una larga charla quedaron “muy amigos”. El 2 de abril de 2019, Ferreira Sienra aplaudió en primera fila de una atestada sala del Hotel Ibis el estreno del recién cesado comandante en jefe del Ejército como líder político.

    Sigue un resumen del diálogo con Búsqueda.

    —¿Qué vio en Manini Ríos, militar y político, para entrar en Cabildo Abierto?

    —Yo no lo sigo a Manini por las ideas, porque suena como que yo hubiera leído una monografía o un análisis psicológico suyo. No, no, no, no... Yo sintonizo con él por cómo es y porque deduzco que, ante eventualidades, va a reaccionar parecido a mí. A mí lo que me atrajo de Manini fue su manera de ser, ya como comandante en jefe. Tiene la mentalidad de los generales del Estado Mayor y planifica todo como si fuera una operación militar, en el sentido de cómo tiene organizada su vida, no deja piola suelta. Parece un ferrocarril alemán. Pero no es un cuadriculado y tiene una bruta formación intelectual, técnica, profesional y cultural. En Manini conviven el historiador con el militar que participó en misiones oficiales en Irán e Irak y después en Mozambique. Y cuando habla yo me siento identificado. No hace como el teru teru. Es un hombre firme, pero no es prepotente. Manini es la fuerza tranquila. Y yo sintonicé con eso, porque tocaba la música que me gusta oír.

    —Entonces, ¿entró a Cabildo por esa sintonía personal con Manini Ríos, no tanto por sus ideas?

    —No y sí. Yo entré por Manini, no por motivos ideológicos, porque él encarna lo que hace falta. Sus ideas son sensatas. Y me dije: “Este hombre dice lo que yo pienso y siento, me gustaría que estuviera barajando y dando”.

    —¿Y usted cómo se define ideológicamente?

    —Ahhh, yo no hago definiciones ideológicas. Por supuesto que tengo mis ideas. Pero están diluidas esas fronteras. ¿Qué diferencia ideológica tiene un blanco razonable de un colorado razonable? Y hasta te diría: ¿qué diferencia hay entre un batllista y un herrerista? Pero si el Uruguay se basara en ideologías... serían todos “uruguayo” o “radical”, esas cosas raras. Este no es un país de ondas diferencias ideológicas. Solo los muy radicales lo son. A mí no me gusta que me encasillen, como quien va y clasifica ovejas, gallinas ponedoras, vacas lecheras o caballos de carrera. No vamos a andar mirando el color de la punta del cuerno de la vaca lechera para ver si llena el balde o no. Y además los partidos ideológicos son espantosos... ¡horribles! Porque son una especie de monjes de una idea por más de 40 años...

    —¿Y Cabildo qué es?

    —Y nosotros no somos así. Somos un partido de hombres libres, con disensos y con puntos de vista, con ideas de orden, moderación, no tirar la casa por la ventana, como tiene que ser, me parece a mí. Yo no hago definiciones ideológicas. Somos nacionalistas, pero en el buen sentido de la palabra. No nacionalista xenobóbico como los hipernacionalistas árabes o los nazis, esas cosas no. Nacionalista de anteponer lo nacional, en contra de los que nos quieren embromar desde afuera con una visión maniquea y mercantilista del país. Nacionalista con cierta concepción artiguista.

    —¿Qué es ser artiguista hoy?

    —¿Tenemos que ser milicianos a caballo como los blandengues? ¡No! Obviamente es nuestro héroe nacional, es el hombre menos discutido. Nadie es antiartiguista. Hay gente que no simpatiza con él, pero ni lo dice, porque su figura está por encima de todo y porque, en lo básico, el pensamiento artiguista es nuestra esencia.

    Mire, otra de las cosas que me gustan de Manini es que es nieto de un prominente amigo de Batlle y Ordóñez y de un revolucionario blanco, Aberlaro Márquez. Y yo soy bisnieto de un íntimo amigo de Batlle y Ordóñez y de un lancero de Timoteo Aparicio. ¡Hasta esas raíces afincadas en las patria nos unen!

    —¿Por eso aceptó ser suplente suyo en el Senado?

    —¡Y cómo no voy a aceptar! Cuando me lo dijo me emocionó y quedé muy agradecido. Porque si yo me adhiero a Manini, yo estoy a disposición de Manini. Entonces, me dice tal cosa y yo le digo: “¡Cómo no, vamo’ arriba!”. Me parece natural, un honor, fantástico. Me sentí alabado, fue algo muy importante. Y qué sensación más curiosa cuando juré... Pensaba en cuando papá era senador... antes del golpe de Estado. Y el día que entré al Senado y me senté ahí, cerca de donde se sentaba él, además, atrás de donde hoy está (Jorge) Gandini, esa sensación no la puedo definir, me resultó muy impresionante… Y me emocionó mucho cuando después de haber jurado, me puse de pie y vinieron algunos a saludarme, y uno que me abraza es (Julio María) Sanguinetti, ¿me entiende? Le juro que me movió el alma.

    (Silencio)

    —¿Cree que Manini Ríos representa las ideas de su padre?

    —¡Qué buena pregunta que me hacés! A papá le gustarían muchas cosas que hace Manini. Pero es un atrevimiento contestar a eso, porque implicaría que yo supiera lo que papá iba a decir en este momento. Por supuesto que a mí me gusta lo que hace Manini y por eso yo estoy con él. Y pienso que a papá le gustarían muchas cosas que hace Manini. Pero le gustarían muchas cosas que hacen los demás también. Si estuviera vivo… papá tendría 102 años, ¿iba a estar de campaña electoral? (Risas) Yo soy hijo de él y ya era un hombre grande cuando se murió. Yo te puedo decir que las movidas de papá siempre fueron sorprendentes. Pero no voy a hacer wilsonitismo. Ojalá todo el mundo hable bien de mi viejo…

    —¿Qué es ser wilsonista hoy?

    —¿Qué es Wilson? ¿Qué es Batlle? Hay 1.500 que se dicen así. Pero ¿qué quiere decir? Insisto, no voy a salir haciendo wilsonitismo porque estaría usando electoralmente a mi padre, y eso me parece una cosa abyecta. Y como además yo no soy comadreja de comité, desde el día que mi padre se murió, yo solo pensé: “Ojalá todo el mundo con el pasar del tiempo hable bien del viejo, porque eso a mí me va a dar la alegría y la felicidad de ver que es reconocido como una persona bienintencionada”. Muchos de quienes lo nombran no simpatizaron e inclusive no simpatizan con él, pero eso en lugar de fastidio me va a dar la sensación de “mirá qué bien, si habrá sido trascendente el viejo que hasta a los que no les gusta hablan bien de él”. Que haya un partido wilsonista me parece ridículo. Que les vaya bien si lo hacen, pero yo no entraría en eso jamás. ¿Quién es uno para decirse wilsonista? ¿Qué es, un intérprete, un exégeta bíblico que tiene la clave para descifrar los manuscritos del mar Muerto?

    —También es llamativo que cada hijo de Wilson Ferreira Aldunate hoy integre un partido diferente: Silvia está en el Partido Nacional, Juan Raúl en el Frente Amplio y usted en Cabildo. ¿Qué lectura hace de eso?

    —¡Pero eso es hasta lindo! Porque quiere decir que no tenemos un corsé cuadriculado en la cabeza. Ninguno de nosotros repudia al viejo, por el contrario. A todos nos gusta la persona, ni que hablar, porque era un tipo sensacional, muy agradable y muy de su familia. Papá era un caudillo urbano y en el campo era muy caudillo también, con una visión muy integradora del país. Pero dejando eso de lado, hoy a todos nos ilusionan cosas que a él lo ilusionaron, pero cada uno buscó un camino diferente. Porque no somos cuadriculados, porque no se puede traspolar todo, porque la política partidaria no es dogmática y porque no hay herencias. En política hay acuerdos circunstanciales, pero no existen las herencias.

    • Recuadros de la entrevista

    Los “dos Vázquez”

    Manini Ríos, el Hans Speidel uruguayo

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