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    Cada cosa en su lugar

    Por Lector

    Sr. Director:

    Es un cantito que usan con mis nietos cuando hay que acomodar el desparramo que dejan: “A guardar, a guardar, cada cosa en su lugar”.

    No está mal la fórmula. Como que vendría muy bien aplicarla en nuestro país, por ejemplo, en el lío que se ha armado en el IAVA (¡pobre Alfredo Vázquez Acevedo!).

    Veámoslo objetivamente, despojado de la catarata de desgarradores pronunciamientos, tan melodramáticos como… fuera de lugar.

    Empecemos por la previa del escándalo: un espacio, dentro de un edificio de enseñanza pública, que le ha sido otorgado a los estudiantes como local “gremial”. Como se sabe, quiere decir “sindical”.

    A eso, le han dado el carácter de un lugar sagrado. Es inviolable. Algo emergente de un derecho, de tipo sindical, que sería inherente a la calidad de estudiante (y que algunos constitucionalistas, como el Sr. Mandacen, han leído en nuestro texto constitucional).

    Pues, contrario a todo el folklore nacional, el sindicalismo estudiantil no tiene lugar en la enseñanza. No forma parte, ni de las materias, ni de los valores ni de los objetivos de la enseñanza y no integra los derechos del educando: ni acá, ni en China.

    Que no se pueda, ni se deba, coartar las inquietudes que un muchacho pueda tener en materia ideológica o política, todo bien, pero recordemos que, de acuerdo a la teología dogmática de la laicidad, estrictamente defendida por los mismos que fueron al IAVA a dar manija, todas esas cosas, solo en casa.

    De donde se sigue que la existencia de un local gremial en un liceo será una costumbre, pero jamás un derecho. Y en cuanto costumbre, ya que estamos poniendo las cosas en su lugar, bastante absurda. El sindicato tiene sentido en el ámbito de relaciones jurídicas de trabajo, en las cuales ocurren situaciones de poder. La relación del educando con la institución de enseñanza es, conceptualmente, distinta. El empleador tiene el derecho de ordenar el trabajo, el organismo público de enseñanza tiene el deber de ordenar la enseñanza. No es una potestad absoluta, pero es una potestad pública. Debe ejercerse respetando todos los derechos aplicables, pero también excluyendo todos los que no lo son. Supuestos derechos sindicales estudiantiles, por más típicos al Uruguay, (y si habré pataleado por ellos), no tienen lugar en la enseñanza. Y, ya q’tamos: la enseñanza no se encuadra democráticamente, como se repite, papagallamente.

    ¿Choca? Piénsenlo: no estoy diciendo (como endilgarán) que debe ser autoritaria, despótica, etc., digo que sus carriles naturales, en las relaciones educadores-estudiantes, no discurren por los mismos carriles que la democracia: elecciones populares, mayorías, etc. Como tantas actividades en la vida, empezando por la familia.

    Entonces, la premisa de que los estudiantes tienen derechos sindicales, entre los cuales una sede, en un edificio público, que pueden manejar a su arbitrio, como si fuera propio, es algo totalmente fuera de lugar.

    Aclarado este punto, queda en evidencia que las intervenciones (pesadas y ruidosas) de dirigentes sindicales y (mucho peor aún) políticos, con obvias intenciones carancheras, están todavía más fuera de lugar.

    Vinculado a lo anterior, hay otra creencia que integra el dogma progre y que también está fuera de lugar: la de que los sindicatos llamados “de la enseñanza” (docentes y no docentes), tienen competencia (y, por ende el derecho a meterse), en la gestión de la educación. De ninguna manera. Su objetivo se limita a los aspectos laborales o funcionales que hacen al personal, pero sobre la materia educativa carecen totalmente de atribuciones. No quiere eso decir que los docentes no deban ser consultados en esa materia, sino que tal actividad no discurre por canales sindicales. Para eso están las asambleas técnico-docentes y las demás prácticas de buen manejo, todas ajenas al campo y a la dinámica sindical.

    Fuera de lugar ha estado también la cobertura de los hechos y los comentarios de parte de algunos medios y gurús, coreografiando la cosa (con mal disimulada fruición), como si se nos viniera Mayo del 68.

    Por último, capaz que también les faltó un poco de ubicación (y de cintura) a las autoridades de la educación. Más allá de lo que parece ser un caso de culpa in eligendo, referido a la designación del director, el asunto era más para un manejo personal que por expediente.

    Para el futuro: “A guardar a guardar, cada cosa en su lugar”.

    Ignacio De Posadas

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