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    Caro diario

    El mundo de Carolina, documental de Mariana Viñoles
    Colaborador en la sección de Cultura

    En el verano de 2010, Mariana Viñoles fue convocada por los Tinkers para realizar un audiovisual de las clases de tango que esta asociación musical orientada a la inclusión de personas con discapacidad realizaba dentro del festival Tango en Punta. La autora de los documentales Crónica de un sueño y Exiliados, entre otros, acompañó al grupo ese febrero y el siguiente. Viñoles se involucró rápidamente, el trabajo empezó a tomar forma y título: El tango y el abrazo. “Estuve dándole vueltas al proyecto un par de años. Tenía muchas imágenes de las clases de tango, de los chicos en escena bailando, haciendo coreografías, hasta que decidí que no quería hacer esa película”, cuenta Viñoles a Búsqueda. “No quería tener ese acercamiento de las personas ‘normales’ hacia los ‘diferentes’, no iba por ese lado”.

    Carolina Falciani fue una de las tantas personas que Viñoles conoció durante los registros de El tango y el abrazo. Con ella fue generando un vínculo estrecho a lo largo de las grabaciones. La propia historia de la directora también la conectó. Carolina vivía con su mamá, su abuela y su tía. Entonces tenía 19 y estaba de novia con Pablo. “Por intuición entendía que Carolina era la protagonista de la película. Pero no había puesto frente a ella una cámara ni había intentado dar un paso adelante para ir más lejos e intentar saber qué había atrás de todas esas imágenes bonitas”, continúa la realizadora. “Entonces fui hasta su casa y les expliqué que quería hacer algo, tener una conversación con Carolina alrededor de la mesa del comedor, donde siempre me habían recibido ella, su mamá y su tía. Coloqué la cámara, me puse delante de ella, y ese primer plano que aparece en la película, que ella está superincómoda, mientras yo no sé cómo filmarla, mientras le busco la mirada y le sigo sus manos, es el del día que me fui de la casa pensando en que esa era la película que quería hacer. Me fui convencida de que quería estar frente a Caro durante un período largo, metiéndome en su mundo y dejando registro de esos encuentros”.

    No hay rastro de las imágenes de tango, pero el registro de estos encuentros es emocionante. Eso es, en parte, El mundo de Carolina, que se estrena hoy jueves 31 en Life Cinemas 21. Viñoles optó por algo que quizás se considere pedestre, y en realidad es mucho más arriesgado: 70 minutos de diálogos con Carolina. Aunque hay bastante más. “El desafío fue integrar desde el fuera de cuadro los elementos que componen su mundo. No necesariamente están frente a cámara pero sabés que están ahí”, comenta la realizadora. Secuencia a secuencia comienzan a sumarse piezas. Entra en cuadro la tía, que habla sobre la salud de su abuela; luego se escucha a su madre, que llega y la saluda con un beso. La misma documentalista también entra en cuadro y de un modo fluido, que ilustra la naturaleza del vínculo entre ambas mujeres. De este modo, también, se construye el diálogo con el espectador. “Creo que acá llegué a un punto final en una búsqueda que venía haciendo con mis trabajos”, razona Viñoles: “Dejar la cámara correr y que el espectador vea eso que supuestamente tenemos que cortar en el montaje”.

    Carolina es ocurrente, chispeante, curiosa. Tiene una sonrisa radiante. Cuando se pone triste sus ojos envejecen. Viñoles, que pregunta y responde y también se confiesa, es cuidadosa y respetuosa. La sexualidad es un gran tema. La virginidad. El matrimonio. Los besos. Los picos. Los besos largos. Los abrazos. “Como mujer, no podía dejar eso de lado”. También las cosas que más le hacen gracia. Y algunos momentos oscuros. La forma en que Carolina organiza las palabras genera nuevas imágenes fuera de cuadro. Y puede sorprender a quienes no hayan tenido trato con el mundo Down. “A lo largo de mi vida no había tenido un contacto real con personas con síndrome de Down”, dice Viñoles. “Nunca antes había tratado de romper esa barrera imaginaria que existe con no saber cómo manejarte frente a lo desconocido. Y ellos de alguna manera son víctimas de ese miedo que muchos tenemos. Hacer esta película fue una forma de enfrentarme a ese miedo sabiendo que también le iba a estar dando camino al espectador para entrar a su mundo. Y Carolina, en cuanto a sus propias características, además de tener síndrome de Down, es muy especial: explica algunas cosas simples y esenciales de la vida que si una persona de un nivel intelectual más alto te las dice así, de ese modo, no sé si las creés. Cuando Caro te dice: ‘Yo lo que quiero es un novio que me trate bien y que me ame, del resto me ocupo yo’, así, supersimple, universal, es imposible no identificarse”.

    El mundo de Carolina. Uruguay, 2016. Dirección y guión: Mariana Viñoles. Duración: 72 minutos.

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