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    En la película ‘El drama’, Zendaya y Robert Pattinson se deleitan en el dulce espanto de la burguesía

    La comedia negra del cineasta noruego Kristoffer Borgli se pregunta si el amor puede sobrevivir a la honestidad más brutal

    En la primera escena de El drama, Charlie miente. Le dice a Emma que leyó un libro que no leyó. Justo, justo, el que ella estaba leyendo cuando la vio en un café y al que le sacó una foto para después poder buscarlo en Google. Emma, que no se dio cuenta de la jugarreta, se muestra interesada en Charlie. Así arranca un amor como tantos otros de la ficción, con dos personas muy atractivas encontrándose en el lugar indicado y en el momento justo.

    La película del cineasta noruego Kristoffer Borgli empieza ahí, en un terreno familiar pero que da también señales rápidas de su extrañeza. ¿O acaso la ciudad de Boston siempre se vio así, amueblada de pies a cabeza por Ikea? Los espacios en esta comedia negra y romántica son de catálogo, con una prolijidad artificial que deslumbra y asusta por igual. Esta vida burguesa que parece trasladar Oslo a Massachusetts aparenta ser diseñada para ser vista más que vivida, y la fotografía refuerza esa idea con una luz limpia, casi publicitaria, que aplana todo en su camino.

    Borgli lleva tres películas explorando con acidez cómo se comporta la gente en sociedades donde las necesidades básicas están cubiertas. En Enferma de mí (2022) el narcisismo era una divisa de validación social. En El hombre de los sueños (2023) hizo de la cancelación una pesadilla literal. Ahora se adentra en la honestidad radical como un arma de destrucción íntima. Las tres comparten un interés por la incomodidad sostenida, pero El drama es su película más redonda a la fecha: la provocación deja de ser un gesto y se vuelve una arquitectura emocional completa.

    También es donde ese mundo burgués aparece más trabajado. Apartamentos y oficinas de lujo, museos, galerías, restaurantes, todo funciona como extensión de una identidad que necesita ordenarse, exhibirse y volverse reconocible en el otro primero. Y en ese mundo de apariencias se mueven Charlie y Emma, interpretados por Robert Pattinson y Zendaya.

    Robert Pattinson y Zendaya
    Robert Pattinson y Zendaya en la película El drama.

    Robert Pattinson y Zendaya en la película El drama.

    El disparador que pondrá en peligro su relación es un deleite para quien goce de la incomodidad. En las vísperas de su casamiento, un juego de confesiones entre amigos desata una revelación que transforma lo que parecía una comedia romántica en algo más difícil de clasificar. ¿Una persona es lo peor que alguna vez imaginó hacer, o es lo que hizo con ese pensamiento?, parece preguntarse el director y guionista. La confesión remite a una violencia que el público estadounidense reconoce al instante con horror, pero que el resto también sabe identificar.

    Los ojos más reposados notarán en la película un montaje excesivo, sí. Pero es un exceso con intención. Hay un ritmo que pasa de lo onírico a lo farsesco, de una imagen que dura lo justo para incomodar a un corte que funciona como latigazo cómico. Hay una secuencia donde la palabra shot (“disparo”, en inglés) funciona simultáneamente como disparo y como toma fotográfica, y ese tipo de juegos visuales y lingüísticos atraviesan toda la película con una energía que recuerda a predecesores como Thomas Vinterberg o Ruben Östlund, directores que también usan la reunión social burguesa como campo minado. Borgli sabe que el golpe viene, pero el espectador no sabe desde qué ángulo.

    Lo que destaca a El drama es la elección de sus protagonistas. Que ambos actores hayan elegido esta película en el mismo año en que se estrenarán Duna: parte 3 y La Odisea de Christopher Nolan dice algo sobre dónde buscan los riesgos que los tanques con efectos especiales no les ofrecen.

    Pattinson interpreta a Charlie, un británico curador de arte cuya identidad entera se sostiene sobre la ilusión de ser una buena persona. El actor demuestra nuevamente su facilidad para encarnar a príncipes encantadores obligados a volver a su forma original de sapos. Su Charlie no se desmorona de golpe, se va escurriendo por los bordes de lo que creía era una vida exitosa. Hay silencios que duran un segundo más de lo cómodo, una manera de sostener el cuerpo que sugiere que el personaje ya no sabe dónde poner las manos. Lo que Charlie no soporta no es la revelación en sí, sino descubrir que la persona sobre la cual construyó su propia estabilidad emocional es más compleja y más oscura de lo que él puede administrar.

    Zendaya, por su lado, hace algo que pocas actrices de su estatura comercial se permitirían. Su Emma es magnética, inteligente, divertida cuando necesita serlo, pero siempre deja una zona opaca que la cámara registra sin explicar. Hay una manera de sostener el cuerpo que comunica cuando Zendaya llena esos vacíos con una presencia física que convierte la pasividad en tensión.

    El tercer acto es, previsiblemente, si se consideran las películas anteriores de Borgli, lo más flojo. No tanto por la falta de una resolución moral limpia, sino porque la película no termina de desarrollar del todo la potencia de su propia premisa. Según cómo se lo lea, puede ser un gesto deliberado, pero también deja la sensación de que Borgli evita empujar su idea hasta sus últimas consecuencias.

    El drama, entonces, no es perfecta. Por momentos resulta demasiado consciente de su propia audacia y no deja respirar sus ideas, pero incluso ahí hay algo consistente con lo que muestra, que se hace con riesgo e ironía, y se sostiene por una propuesta atípica dentro de estas películas de escala mediana. En una clase social obsesionada por el orden y volver presentable lo incómodo, Borgli toma esas convenciones, las llena de una tensión tragicómica y las deja resquebrajarse desde adentro con dos de las estrellas más intrigantes del momento. Basta con confirmar asistencia para verlo.

    Embed - EL DRAMA | TRAILER OFICIAL



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