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    Carta abierta a los desencantados del Frente Amplio

    Sr. Director:

    En mi opinión, nunca como en los últimos 15 años el Uruguay se enfrenta a una disyuntiva electoral tan dudosa en su resultado final: efectivamente, en el 2004, 2009 y 2014 la certeza de que iba a ganar el Frente Amplio (FA) era prácticamente unánime. Y esa seguridad en el triunfo del FA se debía a varios factores. En primer lugar (cronológicamente), veníamos de un crecimiento grande del FA (que fue inclusive la primera fuerza en 1999 pero perdió el balotaje) sumado a la crisis del 2002. Si a eso le agregamos la fuerza que tenía la personalidad de Tabaré Vázquez, el triunfo del FA era inevitable. Y se ganó en primera vuelta. Y, en esos cinco años de Vázquez, el país creció, se mejoraron todos los índices macro y microeconómicos, hubo avances en los derechos humanos (llevando a la Justicia y condenando a dictadores y torturadores) y tantas otras cosas que sería muy largo detallar.

    Subido a esa “inercia”, el triunfo de Mujica (con su innegable carisma), sumado a que como vice llevaba nada menos que a Astori (que daba certezas desde el punto de vista económico), volvía casi impensable que pudiesen perder con Lacalle Herrera. Y efectivamente se ganó, nuevamente con mayoría parlamentaria. Y en este período comenzó a haber errores. Graves. Intentando ser breve, voy a mencionar algunos. a) Aprovechando la bonanza económica, hizo una “fiesta” de su gobierno. Ancap y Alur son el paradigma. b) El pésimo manejo de la crisis de Pluna, que terminó con que rodaran las cabezas del exministro Lorenzo, y sobre todo la de Calloia. Cuadros de gobierno que obedecieron sus órdenes (las de Mujica) y terminaron pagando por seguir los lineamientos que recibieron. c) Una política patética (por ser suave en mi adjetivo) de derechos humanos. Mujica, siguiendo la lógica mentirosa de una supuesta guerra, llevó al Ministerio de Defensa a Fernández Huidobro, que hizo lo imposible para impedir investigar qué había pasado durante la dictadura, época en la que los Tupamaros estuvieron “ausentes por unanimidad”, hablando de perdón a los “viejitos”, olvidando (¿olvidando?) que la aplastante mayoría de desaparecidos, torturados, exiliados durante la dictadura fueron durante la dictadura, y afectaron fundamentalmente a fuerzas como el PCU, PVP y GAU... que nada tenían que ver con el MLN. d) Claro que, además, Mujica se subió al carro de las fuerzas sociales que peleaban por la legalización de la marihuana, por el aborto (lamentablemente vetado por Vázquez en su primer gobierno), por el matrimonio igualitario, por el derecho de los gays. Olímpicamente, se subió. Y quedó, en la cabeza de mucha gente, que esos eran “logros del Pepe”. e) Cultivó, además, lo del “presidente más pobre del mundo”, con lo que generó una imagen nacional e internacional positiva para su persona. f) Gestó, además, la candidatura de Raúl Sendic... que todos sabemos en qué terminó. Y, para no abusar de este espacio, dejo de lado al “segundo equipo económico”, a la entrada de Venezuela al Mercosur, a su fracaso en la enseñanza y tantos etcéteras más.

    Pero la economía andaba (gracias a Astori y su equipo), y cuando en el 2014 se llamó nuevamente a Vázquez, era obvio que en primera o segunda vuelta se iba a ganar un tercer gobierno del FA. Aciertos propios del FA (sobre todo entre el 2005 y el 2010), sumado a los buenos índices económicos, y a la pésima oposición de la alianza Lacalle Pou-Bordaberry, pasó lo que tenía que pasar: ganó el FA por tercera vez, nuevamente con mayoría parlamentaria.

    ¿Y qué pasó en este tercer gobierno frenteamplista? En lo positivo, esencialmente muy poquito. Rescato que no entramos en una crisis como Brasil y Argentina, mérito del equipo económico. Pero en lo negativo... las mentiras de Sendic y su falso título, su fiesta en Ancap, que lo llevaron a renunciar como vicepresidente; mantener hasta su fallecimiento como ministro de Defensa al “miliquero” y creador de mitos Fernández Huidobro; nada de avances en los derechos humanos; el jugarse solamente a que llegue UPM2; a descuidar el medio ambiente; la negación sistemática a la creación de comisiones investigadoras sobre todo en relación con los negocios con Venezuela; fracaso en la enseñanza (sobre todo en primaria y secundaria); “cosas oscuras” (por ser suave en el Mides y ASSE) y otras perlas por las que no quiero ocupar espacio, pero que resumo en un gobierno que solamente intentó mantenerse a flote. Lamentable.

    Tan lamentable, que muchos frenteamplistas de toda la vida, entre los que me cuento (voto al FA desde su creación), dudamos entre quedarnos o irnos. No a votar por fuera del FA (la oposición es tan lamentable que hasta da lugar a que “resucite” el Dr. Sanguinetti), sino a dudar si votamos FA o en blanco o anulado.

    Pero la vida es contradictoria, y de lo negativo empieza a surgir lo positivo. De lo viejo, anquilosado, surge una esperanza. Pequeña pero real. El FA, hoy, presenta para las internas cuatro candidatos: Andrade, Bergara, Cosse y Martínez. Dos de ellos representan, en mi opinión, la continuidad pura y dura de estos últimos años: Andrade y Cosse. Andrade (más allá de su verborragia) significa volver a la lógica de los 60, a apoyar a Maduro, a empujar hacia un “socialismo” que hoy por hoy nadie sabe qué es, al “o estás conmigo o estás en contra”, a alejar toda inversión posible tan necesaria en el país. Cosse, que más allá de su innegable inteligencia no tiene votos propios, y por lo tanto representa una vuelta al gobierno de Mujica, con todo lo negativo que eso nos trajo. Martínez, que hizo un buen trabajo en la Intendencia de Montevideo, pero que me permito dudar de que cuente con el apoyo de su propio partido, hoy dominado por Civila y Olesker, más cercanos a la ortodoxia que a la renovación que tanto necesitamos, como FA y sobre todo como país.

    Y está Mario Bergara. Cuadro político entre cuadros. Con experiencia de gobierno. Seregnista porque lo eligió Seregni. Bergara no tiene apoyos grandes. No le debe nada a ningún grupo y menos que menos al “aparato” del FA. No tiene recursos para una gran campaña. ¿Debilidad? Sí. Sin dudas. Pero fortaleza. Porque eso le da lo que muchos “desencantados del FA” pedíamos: independencia de criterio. Llegue donde llegue no le va a deber nada a nadie. No tiene compromisos de cargos con nadie. Es la esperanza de los que nos enojamos, pero que sabemos que el FA, con todos sus errores y horrores, sigue siendo la mejor opción. El Programa es único. Pero quién lo lleve adelante no es lo mismo. Por lo tanto apelo a los desencantados. Piensen. Mario es la opción seregnista. Es volver a nuestras raíces, a las que plantó el general. No es fácil. Pero se puede. Con Bergara el FA puede volver a ser el FA. Depende de nosotros volver a ser el FA histórico. Con Mario Bergara, que el desencanto se vuelva en un nuevo enamoramiento. Se lo debemos al país y a su gente, al FA, al general.

    Héctor Musto

    CI 1.164.548-9