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    Castillo no descarta revisar pautas pero “con los pies en la tierra”

    El director de Trabajo dice que el gobierno quiere “avanzar” en un giro a la izquierda

    La puerta del despacho se abre y entran tres mujeres. Trabajan en la salud y piden una prórroga del seguro de paro. Afuera se sienten los bombos de los trabajadores del Sunca, negociando sus puestos de trabajo. Así comenzó la jornada el director de Trabajo, Juan Castillo, quien tras años como coordinador del PIT-CNT ahora se encuentra al otro lado del mostrador. Por eso durante el paro general fue a trabajar.

    “Yo no pedí para estar acá, nunca. Pero nadie me pidió que viniera cambiando mi concepción y mi forma de vida. Sigo siendo lo mismo, con los mismos sueños y defendiendo los mismos derechos de siempre”, dijo en entrevista con Búsqueda.

    —¿Qué balance hace del paro?

    —Fue grande, sin dudas. Hubo un alto grado de acatamiento. Me parece que eso es objetivo. Y es igual de objetivo decir que hay muchos más medios privados de transporte. Hay más autos y motos y se vio mucho tránsito. Normalmente, el comercio abre. Acá había muchas cortinas bajas. No sé si hubo adhesión de los comerciantes o, si previendo que iba a haber poca movilización en las calles, bajaron las cortinas.

    —¿Fue el mayor que usted vio?

    —No mido la importancia de un paro en función de la cantidad de gente que se adhiere, sino en qué momento se realiza y los motivos. La habilidad del movimiento sindical fue medir que había un estado muy emotivo, por el simbolismo del impacto que puede tener el salario de aquí en adelante. No solo manifestó su postura contraria a los lineamientos del gobierno sino que había otras señales que generaban cierto recaudo: recortes de inversiones y detenimiento de obras importantes como el Antel Arena. Confluyeron un conjunto de cosas objetivas que le dieron un valor subjetivo al paro general. La otra medición es si en forma inmediata hay reacciones positivas a los postulados. En eso todavía estamos transitando. Uno lee declaraciones del presidente del PIT-CNT atribuyendo al paro general la devolución de una propuesta para los públicos. Son distintas lecturas, todas válidas.

    —¿Los lineamientos públicos, que difieren de las pautas para los privados, no fueron en respuesta al paro?

    —Para los privados trabajamos 60 días antes. Y ya entonces se anunciaba un posible paro por los lineamientos, el presupuesto, el 6% (del Producto Bruto Interno) para la educación y en contra del TISA. Estamos frente a un paro general que se le quería hacer al gobierno. Seguramente era una demostración de fuerza a diversas resoluciones del gobierno. Para los públicos, 10 días antes veníamos trabajando en los contenidos. Pero todo es posible. Es factible que los medios de comunicación y el movimiento sindical hagan esa lectura. Nosotros podemos hacer otra. No puede ser que solo el movimiento sindical tenga derecho a tener una lectura del paro general. Nosotros también tenemos derecho.

    —¿Cuál es la lectura del Ministerio?

    —Es muy particular porque hasta hace algún tiempo todos estábamos en la tarea sindical. No es que nos importe poco la suerte que corra el movimiento sindical. Al gobierno le preocupa que a los trabajadores y trabajadoras les vaya bien. Pero que les vaya bien de verdad y que se sigan contemplando otras demandas que legítimamente hacen otros sectores. Precisamos interlocutores fuertes. Y por lo tanto, independientemente de cuál hubiese sido la adhesión al paro, ya teníamos la propuesta que les dimos. Pero son las reglas del juego.

    La consigna fue: “Cuando a los trabajadores les va bien, al país también”. ¿Están dadas las condiciones para eso?

    —Al país en este momento no le está yendo mal. Quiere decir que a los trabajadores les está yendo bien. Que tengamos algunas situaciones particulares preocupantes no es la general. Miente el que afirma que el país está hecho pedazos. La oposición política, que parece que estuviera hablando de Sarajevo, está mintiendo deliberadamente. Pero es igual de mentiroso el que afirma que al país no le pasa nada. Seguimos en etapa de crecimiento, simplemente hay una coyuntura no muy favorable para nuestros vecinos, y el producto uruguayo se coloca mayoritariamente en la región. Cuando hay tanto ruido alrededor, ¿alguien puede suponer que las pautas podían ser iguales a las de una coyuntura con expansión brutal? No. Hay que pisar los pies sobre la tierra. A mí me hubiese gustado estar en un cargo ejecutivo en aquellos períodos. Pero en este no me escondo, doy la cara.

    —¿Cómo queda la relación con la central?

    —No la siento dañada. Me gustará más o menos el tenor de las declaraciones, pero son las reglas del juego. Nosotros tenemos que ser comprensivos con todos, empresarios y trabajadores. ¿Y nadie es comprensivo para dirigir un país donde no hay solo trabajadores o empresarios? La política tiene que alcanzar en igual crecimiento y protección a jubilados, pensionistas, estudiantes, amas de casa, personas que no tienen trabajo. Acá ahora me toca la responsabilidad de atender bien fuerte la suerte de quienes no tienen tan poderosas organizaciones que les defiendan.

    —¿Fue un ejercicio sindical?

    —No. Nunca se hizo un paro por ejercicio. De eso solo puede hablar quien no conoce la interna del movimiento, y yo la conozco bastante.

    —¿Se pueden renegociar las pautas de los privados?

    —Sé que han salido otros dirigentes del gobierno con una respuesta negativa. Pero mientras yo esté en un ámbito de negociación no voy a dar una pelea por perdida. Formé parte de un equipo que produjo estos lineamientos, pero ¿y si nos equivocamos? ¿Y si alguna cosa no tuvimos en cuenta? Creo que fue lo mejor para esta etapa y esperemos que funcione. Pero la vamos a estar monitoreando. Si se complica vamos a elaborar un informe y veremos.

    En un reciente Consejo de Ministros se discutió dar un giro a la izquierda o seguir “haciendo la plancha”. ¿Cómo ve el trabajo que se ha hecho?

    —Me reconforta que el presidente nos exija que trabajemos para continuar, avanzar y profundizar los cambios sociales. Se está trabajando en ese sentido. Sería infame si fracasáramos en ese intento. Si no cumpliéramos con el programa del gobierno. Si no dejáramos al país con una mejora del nivel de vida de los compatriotas. Hay que terminar este período con mejor atención en salud, mejor calidad de la educación, mayor protección social a la inseguridad pública, un mejor vínculo y protección a la niñez y adolescencia, mejorar la protección e inserción en el deporte, mejorar los niveles de vivienda, mejorar los puestos de trabajo o reducir el desempleo, mejorar el salario, mejorar la calidad de vida de jubilados y pensionistas. Ahí logramos el objetivo.

    Es una lista muy larga.

    —¿Y cuál de esas cosas dejaríamos de lado? Cuando llega la izquierda al gobierno no fue a gobernar un país pobre, sino a hacer justicia social a un país empobrecido, porque durante las otras políticas, aunque se creciera económicamente, solo las cuentas de algunos se engrosaban.

    —¿Y qué pasa si no se logra algo? ¿Es un fracaso?

    —No, sentimos que nos falta. Objetivamente, algunas cosas uno las puede sentir como un fracaso propio. A mí me duele que golpee la puerta una persona diciendo que necesita trabajar porque está desocupada. Me parte el alma. A veces te dejan un sentido de impotencia brutal. Y vos trabajás para que eso no ocurra, y te va bien o mal, como en todo en la vida. Tengo esta responsabilidad.